El eterno debate: designatura versus vicepresidencia en Colombia
En un momento crucial de la campaña política colombiana, la figura del segundo al mando vuelve a estar bajo escrutinio. El abogado, periodista e historiador Óscar Alarcón Núñez, autor del libro 'Los segundos de a bordo', ofrece un análisis profundo sobre la evolución y efectividad de esta posición en el país.
Una historia de conspiraciones y conveniencias
"Ambas modalidades han producido conspiradores", afirma Alarcón al comparar designados y vicepresidentes en la historia colombiana. Mientras en Estados Unidos el sistema funciona adecuadamente, en Colombia la tradición conspirativa ha marcado ambas figuras desde sus inicios.
El experto cuestiona seriamente la razón detrás del cambio constitucional de 1991 que restableció la vicepresidencia: "No creo que esa razón exista. Inclusive, hace unos 20 años, yo era de la idea de que debía re-establecerse la figura de la vicepresidencia. Pero, por la experiencia después de la Constitución del 91, me doy cuenta de que no funciona tan bien".
El problema del sistema actual
Según Alarcón, la desaparición del bipartidismo creó una fragmentación política que dificulta el funcionamiento adecuado de la vicepresidencia. "Se crearon una serie de grupitos, que no son partidos, ni nada; son ahí, grupitos, de tal líder regional, o de tal espontáneo, y entonces con eso así no puede funcionar la vicepresidencia".
El autor señala una contradicción fundamental: los vicepresidentes deben estar preparados para suceder al presidente, pero generalmente se eligen por razones electorales más que por méritos de excelencia. "Los vicepresidentes no se eligen necesariamente en función de un concepto de excelencia, sino para chulear unas casillas: de género, geográficas, étnicas".
Casos emblemáticos que ilustran el problema
Alarcón analiza varios ejemplos históricos:
- Francia Márquez con Gustavo Petro: "No fue que le gustaba a Gustavo Petro, sino que le endosaba los 700.000 votos que había obtenido en la consulta".
- Humberto de la Calle con Ernesto Samper: A pesar de oponerse públicamente a la figura vicepresidencial, aceptó el cargo tras quedar segundo en la consulta liberal.
- Marta Lucía Ramírez con Iván Duque: Tuvo desencuentros públicos con el presidente, incluyendo una famosa desobediencia a una orden presidencial.
Vicepresidentes que marcaron diferencia
No todos los casos han sido negativos. Alarcón destaca:
- Francisco Santos con Álvaro Uribe: No mostró aspiraciones conspirativas y mantuvo una relación funcional.
- Óscar Naranjo con Juan Manuel Santos: Contribuyó activamente en los acuerdos de paz de La Habana.
- Germán Vargas Lleras: Aunque con poder significativo, no conspiró contra Santos a pesar de tener oportunidades.
Las fórmulas actuales bajo la lupa
El análisis se extiende a las candidaturas actuales:
- Paloma Valencia con Juan Daniel Oviedo: "Era lo que Juan Daniel Oviedo quería, pero las circunstancias se dieron y le tocó aceptar este reto".
- Abelardo de la Espriella con Carlos Restrepo: "Ahí ganó Abelardo y perdió Restrepo, porque no hay punto de comparación".
- Armando Benedetti con Claudia López: Una elección por compromiso más que por convicción.
- Aída Quicué con Armando Cepeda: Un caso simbólico que busca consolidar electorado más que ganar votos.
¿Retorno a la designatura?
Alarcón concluye con una reflexión provocadora: "Creo que lo mejor sería retornar a la designatura". Recuerda que el debate en la Constituyente de 1991 no fue abrumadoramente favorable a la vicepresidencia, sino un resultado ajustado.
"Aquí estábamos acostumbrados a la designatura, y a los primeros, segundos, terceros designados. Entonces, ese planteamiento se hizo en la Constituyente y mucha gente importante no votó por restablecer la vicepresidencia", explica el autor, dejando abierta la posibilidad de que su libro necesite un nuevo capítulo sobre este eterno debate institucional.



