La insistencia de Cepeda en la Paz Total: un análisis del modelo que no debilitó a los grupos armados
En las últimas semanas, Colombia se estremeció con una noticia escalofriante: la Segunda Marquetalia habría ordenado el asesinato de Miguel Uribe Turbay, una de las figuras más visibles de la oposición política. Este magnicidio, que conmocionó al país, debería impulsar a todos los candidatos presidenciales a reevaluar urgentemente qué modelo de seguridad necesita realmente la nación.
La defensa inquebrantable de Cepeda frente a una política cuestionada
Mientras el país enfrenta esta cruda realidad, el candidato presidencial Iván Cepeda mantiene una posición profundamente preocupante. En entrevista con Daniel Coronell, Cepeda afirmó categóricamente que, de llegar a la Presidencia, continuaría con la política de Paz Total impulsada por el gobierno de Gustavo Petro, aunque con algunos ajustes menores.
Al examinar detenidamente su programa de gobierno, lo que emerge no es un cambio sustancial de modelo, sino la continuidad de la misma lógica central: negociar con múltiples grupos armados como eje fundamental de la política de seguridad nacional. Esta postura genera interrogantes fundamentales sobre la comprensión real que tiene el candidato de la situación actual del país.
Las cifras que desmienten el discurso oficial
La Paz Total recibió una oportunidad histórica, pero los resultados han sido diametralmente opuestos a lo prometido. Las estadísticas de seguridad del actual gobierno son contundentes y alarmantes:
- El número de combatientes en grupos armados ilegales aumentó significativamente desde el inicio del gobierno, superando los 25.000 integrantes
- Durante el primer año de treguas bilaterales, la Defensoría del Pueblo registró 236 violaciones al derecho internacional humanitario, principalmente cometidas contra población civil
- Lejos de debilitarse, grupos como el ELN se han reorganizado, expandido y consolidado su control territorial en diversas regiones
Las consecuencias humanitarias: un balance desolador
El impacto real de esta política se refleja en el sufrimiento concreto de comunidades enteras:
- En el Catatumbo, más de 50.000 personas fueron desplazadas durante ofensivas armadas del ELN
- En departamentos como el Cauca y regiones de la Sierra Nevada, numerosas comunidades siguen viviendo bajo extorsión, confinamiento y control territorial de estructuras ilegales
- La promesa de que el ELN estaría prácticamente acabado en tres meses demostró ser una ilusión distante de la realidad
La desconexión entre intenciones y resultados
Cepeda habla de la Paz Total como si las cifras no existieran, llegando incluso a expresar orgullo por esta política. Sin embargo, una política pública no se mide por sus intenciones, sino por sus resultados concretos. La paz sigue siendo un objetivo legítimo e irrenunciable para Colombia, pero el camino para alcanzarla requiere de estrategias efectivas, no de repetir fórmulas que han demostrado su fracaso.
Los resultados de la Paz Total hablan por sí solos: no cumplió sus objetivos centrales, produjo el efecto contrario al prometido y, lejos de debilitar a los grupos armados, contribuyó a su fortalecimiento y reorganización.
Un llamado a la reflexión nacional
Todos los colombianos, independientemente de sus preferencias políticas, deberíamos exigir una revisión seria y profunda del modelo de seguridad y paz que se propone para el país. La política de Paz Total no solo fracasó en sus objetivos; insistir en continuarla representa un peligro real para la estabilidad y seguridad nacional.
El magnicidio de Miguel Uribe Turbay debería servir como una llamada de atención urgente para que los candidatos presidenciales, especialmente aquellos que defienden la continuidad de políticas cuestionadas, reconsideren sus posturas frente a la compleja realidad de seguridad que vive Colombia.



