Crisis en educación inicial: Cierran hasta 90 jardines infantiles al año en Colombia
Cierran 90 jardines infantiles al año por baja natalidad y costos

Crisis estructural en educación inicial: Hasta 90 jardines infantiles cierran anualmente

Un fenómeno preocupante se extiende por las ciudades colombianas: cada año, entre 80 y 90 jardines infantiles cierran sus puertas definitivamente, en medio de presiones económicas, demográficas y regulatorias que amenazan la sostenibilidad del sector de educación inicial.

El impacto de la caída demográfica

La disminución constante en los nacimientos representa el factor más determinante en esta crisis. Las cifras oficiales muestran una tendencia alarmante: desde los 629.402 nacimientos registrados en 2020, la cifra cayó a 616.914 en 2021, luego a 573.625 en 2022, y continuó descendiendo drásticamente a 515.549 en 2023 y 453.901 en 2024. Entre enero y julio de 2025 se contabilizaron apenas 243.870 nacimientos, confirmando que el mercado potencial para la primera infancia se reduce aceleradamente.

Martha Valencia de la Roche, presidente de la Asociación Nacional de Preescolar (Andep), reveló datos preocupantes: "Solo en enero se registraron aproximadamente 59 cierres de jardines infantiles en Colombia, una cifra que se acerca rápidamente al promedio anual de 90 clausuras". Esta situación enciende alertas sobre la viabilidad futura del sector educativo para niños menores de seis años.

Bogotá: epicentro de la crisis

La capital del país concentra el impacto más severo de esta tendencia. Entre 2018 y 2024, 428 jardines infantiles cerraron sus puertas en Bogotá, en medio de un entorno marcado por la caída de la natalidad y una reducción progresiva en la demanda. Ruth Domínguez, presidente de la Asociación de Jardines Infantiles (Jardinco), explicó que la ciudad enfrenta desafíos adicionales por tener dos esquemas de regulación paralelos.

"Existen dos esquemas de regulación para la educación inicial, uno bajo la Secretaría de Educación y otro bajo la Secretaría de Integración Social", señaló Domínguez, destacando que esta duplicidad normativa genera mayores exigencias y complejidades para los operadores privados.

Factores que presionan al sector

Los representantes del sector identifican múltiples factores que convergen en esta crisis:

  • Caída demográfica sostenida: Menos nacimientos significan menos niños potenciales para matricular
  • Aumento en costos operativos: Estructuras financieras cada vez más rígidas y difíciles de sostener
  • Mayores exigencias regulatorias: Requisitos crecientes en infraestructura, currículo y atención inclusiva
  • Competencia estatal: Programas públicos que compiten en algunos segmentos del mercado
  • Cambios en preferencias familiares: Más hogares optan por educación en casa o alternativas de menor costo

Domínguez advirtió que "todos estos factores están presionando el equilibrio financiero de los jardines infantiles y limitando su sostenibilidad en el mediano plazo".

Estrategias para la supervivencia

Frente a este panorama desafiante, las asociaciones del sector coinciden en que se requieren acciones estratégicas más allá de la simple resistencia. Valencia de Andep enfatiza que el foco debe estar en elevar la calidad educativa y demostrar con resultados concretos el impacto positivo de la educación inicial en el desarrollo infantil.

Desde Jardinco, Domínguez señala que el sector está explorando diversas alternativas:

  1. Esquemas de articulación entre instituciones para compartir recursos y conocimientos
  2. Alianzas estratégicas que permitan optimizar procesos y reducir costos
  3. Ajustes en estructuras operativas para ganar eficiencia sin sacrificar estándares educativos
  4. Modelos de gestión más transparentes y eficientes

Ambas dirigentes coinciden en que el debate nacional no debe centrarse únicamente en los cierres, sino en cómo todo el sistema educativo -tanto público como privado- puede trabajar de manera coordinada para garantizar el acceso a educación inicial de calidad, especialmente en un contexto demográfico cambiante.

La meta, según los expertos, es permanecer en el sistema educativo adaptándose a una demanda cada vez más exigente y selectiva, mientras se mantienen los estándares pedagógicos que garantizan el desarrollo integral de la primera infancia colombiana.