Andrade advierte sobre polarización y judicialización en debates ambientales colombianos
Polarización y judicialización amenazan debates ambientales en Colombia

La polarización y judicialización amenazan los debates ambientales en Colombia

El experto ambiental Germán I. Andrade ha observado durante años cómo se desarrollan los debates ambientales en Colombia, muchos de ellos cercanos a la realidad nacional. Temas como el ordenamiento ambiental de la sabana de Bogotá, la transición energética lejos de los combustibles fósiles y la expansión agroindustrial en la Orinoquia son solo algunos ejemplos representativos.

Dos salidas previsibles que perjudican a la sociedad

Cada vez con mayor frecuencia, estos debates cruciales tienden a derivar hacia dos caminos que hoy resultan previsibles: la polarización política y la judicialización. En ambos escenarios, la sociedad resulta perjudicada, precisamente cuando más urgentes son los acuerdos territoriales frente al colapso de la biodiversidad y la creciente vulnerabilidad climática.

La polarización, que Andrade describe como más electoral que política en el sentido del bien común, simplifica lo complejo. Reduce problemas con contenidos técnicos y decisiones de alto impacto a posiciones binarias que llevan a tomar partido automáticamente, antes de comprender realmente los matices.

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En cuanto a la judicialización, el resultado queda sujeto a la interpretación de los jueces, lo que añade otra capa de incertidumbre. Además, en esta forma de debatir está en juego la relación entre ciencia, conocimiento y decisiones públicas, en un contexto marcado por lo que Andrade denomina "negación selectiva de la evidencia científica".

La necesidad de replantear el método de deliberación

Como ha sido ampliamente discutido en teoría política, la legitimidad no se agota en el resultado electoral, sino que depende de procesos de deliberación pública orientados al entendimiento mutuo. Esto obliga a replantear completamente el método de debate ambiental en Colombia.

No basta con mejorar las políticas ambientales (policy): es necesario intervenir en la política misma (politics), en la forma en que deliberamos, disentimos y construimos decisiones colectivas. Esta distinción, que puede parecer abstracta, es en realidad profundamente práctica, pues tiene que ver con cómo se administran los desacuerdos en sociedades atravesadas por conflictos socioambientales cada vez más intensos.

El problema de tener razón sin capacidad de incidencia

Tener razón no garantiza incidencia real, y el mal debate retrasa el cambio necesario. De hecho, en contextos de alta polarización, la razón puede volverse irrelevante si no se traduce en capacidades de diálogo, negociación y construcción de legitimidad social.

Cuando las narrativas se rigidizan, también lo hacen las posiciones, y con ello se estrechan dramáticamente los márgenes para alcanzar acuerdos. Y sin acuerdos —aunque sean imperfectos— no hay transición posible hacia modelos más sostenibles.

El impacto negativo del ecosistema digital

A estos problemas se suma un factor que ha deteriorado aún más la calidad del debate ambiental: el "ecosistema digital" de mensajes cortos en redes sociales, donde los clichés, las simplificaciones excesivas y las narrativas cerradas se refuerzan a sí mismas.

El resultado son trayectorias discursivas en las que se pierde la posibilidad de matizar, de corregir, de aprender colectivamente. Literalmente, según Andrade, se vuelve imposible "desenredar la sensatez" en medio del ruido digital.

Hacia una nueva ética del debate ambiental

En un momento en que las crisis ambientales exigen respuestas rápidas pero también legítimas, insistir en métodos que conducen sistemáticamente al conflicto estéril o a la parálisis institucional es, en sí mismo, una forma de irresponsabilidad colectiva.

Una nueva ética del debate ambiental debería, más allá de las buenas intenciones, hacerse cargo de sus consecuencias prácticas. Debería ser innegociable la posibilidad real de mejorar el territorio y el bienestar humano en el corto plazo.

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La pregunta central ya no es quién tiene la razón y qué evidencia la sustenta, sino cómo hacemos para que esa razón —plural, disputada, incompleta— se convierta en decisiones colectivas viables. Porque en los debates ambientales de hoy, como concluye Andrade, no basta con tener la razón. Hay que saber administrarla estratégicamente para lograr cambios reales.