La abstención electoral: el silencioso aliado de las maquinarias políticas en Colombia
Mientras millones de colombianos deciden no ejercer su derecho al voto en cada proceso electoral, las estructuras políticas tradicionales celebran en silencio este fenómeno que les facilita mantener el control del poder. Para el reconocido politólogo Óscar Parra Gaitán, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Unab), la abstención no representa un castigo para los políticos corruptos, sino que por el contrario les allana el camino para continuar capturando instituciones con elecciones cada vez más económicas y manipulables.
Un fenómeno histórico que beneficia a las maquinarias
En Colombia, la abstención electoral ha oscilado históricamente entre el 40% y el 60% de los ciudadanos habilitados para votar, cifras que las redes clientelistas conocen perfectamente y utilizan estratégicamente a su favor. "Estos porcentajes son bien conocidos por las redes clientelistas de las regiones", explica el profesor Parra. "Tienen una población cautiva que movilizan para la votación y pueden generar los resultados esperados con relativa facilidad".
La frase "Yo nunca voy a votar. Un voto menos no cambia nada" se escucha con frecuencia en diferentes rincones del país, pero detrás de esta aparente convicción individual, quienes realmente se benefician no son los ciudadanos descontentos, sino los políticos que ya cuentan con sus votos asegurados a través de mecanismos clientelistas.
Las múltiples causas del abstencionismo
Según el análisis del profesor Parra, las razones detrás del abstencionismo se pueden dividir en dos grandes categorías:
- Causas individuales: Incluyen la apatía política generalizada, el desinterés por los procesos electorales, el rechazo específico hacia ciertos actores políticos o hacia las instituciones en su conjunto, y factores socioeconómicos como el nivel educativo que influyen en la participación.
- Causas estructurales: Se relacionan con la infraestructura electoral que facilita o dificulta el acceso a las urnas, así como con el grado de cultura política e información disponible para la ciudadanía.
"Normalmente las democracias tienen el valor de la participación ciudadana", destaca el experto. "Cuando esto no sucede en los escenarios electorales puede obedecer, entre otras razones, a una suerte de apatía frente a los actores políticos o derivar en algo que denominamos una desafección total de la política".
Consecuencias graves para la democracia
Esta desafección política, advierte Parra, puede interpretarse como un castigo silencioso de la ciudadanía que no encuentra respuestas en las instituciones, pero el problema fundamental es que este castigo finalmente no recae sobre los políticos que generaron la decepción, sino sobre el sistema democrático en su conjunto.
Una de las consecuencias más graves del alto abstencionismo es la pérdida de legitimidad de los gobernantes electos. Sectores completos de la sociedad dejan de sentirse representados por autoridades elegidas con una participación mínima, lo que genera inestabilidad política y una sensación permanente de que las decisiones públicas les han sido impuestas sin considerar sus intereses.
Además, la baja participación electoral abre las puertas de par en par a las estructuras clientelistas. Con menos votantes en juego, las maquinarias políticas requieren movilizar una cuota mucho menor de seguidores para asegurar cargos públicos. "Las maquinarias saben que pueden llegar a una cuota de votantes de tal manera que obtengan los cargos para los cuales se están postulando", explica Parra con claridad. En última instancia, cuantos menos ciudadanos participen en las elecciones, más económico y sencillo resulta comprar o manipular un proceso electoral.
El debate sobre el voto obligatorio
En el contexto latinoamericano, Colombia presenta un escenario particular: el voto es estrictamente voluntario y no existen sanciones para quienes deciden no ejercerlo. Países como Argentina, que implementan el voto obligatorio, registran niveles de participación electoral significativamente más altos. México, por su parte, tiene el voto obligatorio establecido en su legislación pero sin mecanismos de sanción efectivos, lo que se refleja en abstenciones moderadas.
Respecto a la discusión sobre si Colombia debería adoptar el voto obligatorio, Parra asegura que la posibilidad está abierta al debate, pero advierte que tampoco representaría una solución mágica a los problemas de participación. "Para algunos es simplemente un derecho que podemos ofrecer y no ejercer el voto también es una manera de participar en democracia y no debería ser una obligación porque cercena los derechos democráticos", argumenta el politólogo.
La crisis de representación en América Latina
Desde hace décadas, los diagnósticos sobre la democracia en América Latina coinciden en identificar una profunda crisis de representación política. Los ciudadanos se han ido alejando progresivamente tanto de los partidos políticos tradicionales como de las opciones emergentes, y el abstencionismo constituye una de las manifestaciones más visibles de esta crisis.
"Parte de resistirse al sistema político o del discurso antipolítica encuentra un terreno fértil en las elecciones", afirma el profesor Parra. "¿Cómo lo hace? No saliendo justo a las elecciones". Sin embargo, el experto aclara que la participación ciudadana no se agota en el acto de votar: existen múltiples espacios de deliberación política donde la ciudadanía puede involucrarse activamente para fortalecer la democracia más allá de los procesos electorales.
De cara a futuros comicios, cada colombiano que decide quedarse en casa le está cediendo su voz a una maquinaria política que conoce perfectamente cómo utilizar este fenómeno a su favor. La abstención no castiga a los corruptos, sino que los premia con elecciones más fáciles de manipular y controlar, debilitando progresivamente las bases mismas del sistema democrático colombiano.