El fútbol enfrenta su peor espejo: el racismo reaparece en la Liga de Campeones
El deporte más popular del mundo volvió a confrontar esta semana una de sus sombras más persistentes. Durante el partido entre Benfica y Real Madrid en el estadio Da Luz de Lisboa, el jugador brasileño Vinicius Junior fue víctima de actos racistas por parte de aficionados, quienes realizaron señas y sonidos discriminatorios desde las gradas.
Un problema que trasciende fronteras y camisetas
Lo sucedido con el delantero del Real Madrid no constituye un hecho aislado, sino que representa una herida abierta que Europa y el mundo futbolístico no han logrado cerrar. Cualquier expresión de prejuicio, por mínima que parezca, debe ser señalada con firmeza para intentar erradicarla definitivamente del deporte.
Expresiones como "tiene el alma del color de su piel", "mono" o "no parece negro" constituyen manifestaciones claras de racismo, y denominarlas de otra forma representa pura hipocresía y encubrimiento de un problema estructural.
Mbappé: liderazgo fuera de la cancha
En medio de la polémica generada, la respuesta de Kylian Mbappé, compañero de Vinicius en el ámbito futbolístico, destacó por su contundencia y claridad. El delantero francés respaldó al brasileño sin medias tintas, cálculos políticos o temor a repercusiones.
"En la zona mixta no buscó frases diplomáticas. No se refugió en el 'no escuché bien' ni en el 'habrá que revisar las imágenes'. Fue claro. Fue frontal. Fue humano", destacan analistas sobre la intervención de Mbappé.
El jugador del Paris Saint-Germain hizo algo aún más significativo: no repitió el nombre del agresor, no amplificó su odio y no concedió protagonismo a quien no lo merece. Esta actitud representa una forma de liderazgo que trasciende lo deportivo.
La hipocresía del fútbol ante el talento
La freestyler colombiana Marithea, campeona nacional de Red Bull Colombia 2021, sintetizó esta contradicción con un verso contundente: "Porque ser negro está mal hasta que celebras la Eurocopa que ganó Lamine Yamal".
Esta frase refleja el espejo incómodo de una sociedad que aplaude el talento cuando produce títulos, pero cuestiona la piel cuando ese mismo talento representa una amenaza para intereses establecidos. Se celebra al héroe negro cuando conviene al relato y se le señala cuando desafía estructuras de poder.
El caso de Lamine Yamal levantando la Eurocopa con España fue motivo de orgullo nacional, pero el racismo continúa apareciendo en estadios europeos. Ahora el protagonista es un brasileño que silencia estadios frente a manifestaciones discriminatorias.
Un problema que no conoce de camisetas
La cuestión fundamental no reside en la camiseta, la nacionalidad o los clásicos rivalidades suramericanas. El problema radica en la hipocresía sistémica que permite que el talento sea celebrado selectivamente según conveniencias momentáneas.
Vinicius Junior ha tenido que aprender a desenvolverse no solo con el balón, sino también con el peso constante de la discriminación. Esta realidad no debería formar parte del entrenamiento de ningún futbolista profesional.
Por esta razón, el respaldo público de figuras como Mbappé adquiere especial relevancia. Cuando una personalidad de su magnitud se pronuncia con tranquilidad pero firmeza diciendo "no", el mensaje viaja más lejos que cualquier pase largo y se instala en redacciones, federaciones y oficinas donde se toman decisiones.
El llamado a las autoridades
La intervención de Mbappé no solo defendió a su compañero, sino que protegió la dignidad esencial del juego y arrojó el balón a las autoridades para que asuman posturas claras frente a estos actos bochornosos.
El fútbol, ese fenómeno que une a millones cada fin de semana, no puede convertirse en territorio libre para el odio. Cuando un espectador observa un gol extraordinario, lo último que considera es el origen étnico de quien lo ejecutó. Entonces, ¿por qué debería tolerarse cualquier forma de ataque discriminatorio?
La obligación actual es rechazar categóricamente cualquier manifestación de racismo, sin matices, sin peros y sin excusas. El deporte debe reflejar lo mejor de la sociedad, no perpetuar sus peores prejuicios.