La responsabilidad ciudadana en las elecciones del 8 de marzo
El próximo 8 de marzo se llevará a cabo una nueva jornada electoral en Colombia, donde las autoridades electorales tendrán la responsabilidad final de lo que ocurra ese día. Sin embargo, es fundamental que la ciudadanía comprenda que su participación está directamente vinculada con la transparencia del proceso. La democracia no es simplemente un asunto de funcionarios y entidades abstractas, sino que reside esencialmente en los electores, personas de todas las condiciones sociales y económicas.
El votante como primer escudo contra la corrupción
Los sufragantes constituyen el primer factor de defensa contra la corrupción electoral. No existe herramienta más efectiva que el carácter de un votante que rechaza con firmeza la compra de su conciencia, que denuncia ante la menor sospecha de irregularidad y que acude a las mesas de votación comprendiendo plenamente la importancia de sus actos. La honestidad individual, cuando se ejerce colectivamente, se convierte en la vacuna más potente contra cualquier intento de fraude.
Los partidos políticos también juegan un papel crucial en esta contienda democrática, con la ineludible obligación de designar a sus testigos electorales con la máxima diligencia y responsabilidad. Estos representantes serán los ojos y los oídos de las colectividades en cada puesto de votación durante el preconteo, actuando como el primer filtro para garantizar que lo ocurrido dentro de las urnas refleje fielmente lo que la ciudadanía decide en la intimidad del cubículo.
La construcción minuto a minuto de la transparencia
La transparencia electoral se construye paso a paso, y esos primeros instantes del proceso son absolutamente cruciales para la legitimidad de todo lo que vendrá después. La presencia vigilante de testigos capacitados y comprometidos es fundamental para asegurar que cada voto cuente y sea respetado según la voluntad expresada por el elector.
El papel decisivo de las comisiones escrutadoras
Una vez superada la jornada electoral, el proceso continúa su curso en manos de otros ciudadanos igualmente decisivos: quienes componen las comisiones escrutadoras. Es en esta etapa final donde se consolida definitivamente la voluntad popular y se le otorga el carácter oficial. Por esta razón, la conformación de estas comisiones debe recaer en personas de probidad indiscutible, cuya trayectoria y rectitud moral sean un sello de garantía para todos los aspirantes y para la ciudadanía en general.
El escrutinio es el proceso que dicta el resultado final y expide las credenciales a los ganadores, por lo que su integridad es fundamental. Lo que está en juego no es simplemente un nombre en un escaño del Congreso o el resultado de una consulta interna, sino la conformación del mapa político y la estructura de poder que regirá en el país desde el próximo 20 de julio y durante los siguientes cuatro años.
Una responsabilidad compartida
Este proceso electoral da la medida exacta de nuestra salud democrática como nación. Naturalmente, de los funcionarios de la Registraduría, del Consejo Nacional Electoral y de la Rama Judicial se espera un comportamiento ejemplar y absolutamente transparente. Sin embargo, no debemos delegar en ellos la responsabilidad total del proceso.
La democracia es un sistema político que se sostiene sobre los hombros de todos los ciudadanos, y el 8 de marzo próximo cada colombiano tiene una cita ineludible con la historia para demostrar que la voluntad popular puede ser limpia, auténtica y soberana. La participación ciudadana informada y comprometida sigue siendo la única fuente legítima del poder en Colombia, y su ejercicio responsable es lo que garantiza la fortaleza de nuestras instituciones democráticas.