China abandonó el comunismo para reducir pobreza: ¿Por qué Colombia insiste en estatizar?
China redujo pobreza abandonando comunismo: ¿Colombia aprende?

El fracaso del comunismo ortodoxo y el giro histórico de China

Durante la mayor parte del siglo XX, tanto China como la Unión Soviética encarnaron los experimentos más radicales del comunismo ortodoxo. Sus sistemas se caracterizaron por una planificación central rígida, la estatización masiva de sectores productivos, procesos de colectivización forzada y una negación sistemática de los mecanismos de mercado. Los resultados fueron devastadores: estancamiento económico crónico, escasez generalizada de bienes esenciales y niveles de pobreza que afectaron a millones de personas.

El caso chino: de la miseria al milagro económico

En China, tras casi cuatro décadas de aplicación dogmática de la ideología comunista, el balance era desolador. Para 1960, el país exhibía indicadores de bienestar propios de una economía preindustrial, con una esperanza de vida al nacer de apenas 33,3 años. La ruptura histórica ocurrió a finales de los años setenta, cuando el gigante asiático comenzó a desmontar gradualmente su modelo económico comunista.

China introdujo incentivos de mercado, permitió la acumulación privada de capital, abrió su economía al comercio internacional y atrajo inversión extranjera masiva. La prioridad dejó de ser la redistribución de la escasez para convertirse en la expansión del aparato productivo, la industrialización acelerada y la generación de empleo.

Resultados transformadores en menos de cuatro décadas

El cambio de rumbo produjo uno de los milagros económicos más espectaculares de la historia moderna:

  • Aproximadamente 800 millones de chinos salieron de la pobreza extrema
  • La esperanza de vida se disparó de 33,3 años en 1960 a 78,6 años en 2022
  • Se creó una clase media robusta y se modernizó completamente la infraestructura nacional

Este extraordinario progreso no fue resultado de un modelo asistencialista ni de la expansión de subsidios estatales. Fue el efecto acumulado del crecimiento sostenido de una economía que adoptó principios capitalistas modernos.

La paradoja colombiana: mirar hacia modelos fracasados

En este contexto histórico, resulta profundamente paradójico que el debate actual en Colombia, bajo el gobierno del presidente Gustavo Petro, se incline hacia propuestas de estatización en sectores estratégicos como la salud y la educación. Estas iniciativas se inspiran precisamente en modelos que China y la antigua Unión Soviética abandonaron por su demostrada incapacidad para generar bienestar sostenible.

La expansión del control estatal y la desconfianza sistemática hacia el sector privado ignoran evidencia histórica contundente. En Bogotá, por ejemplo, se avanza con procesos de estatización de las EPS, pretendiendo reproducir esquemas que demostraron ser incapaces de lograr mejoras reales en la calidad de vida de la población.

Dos caminos divergentes para combatir la pobreza

Mientras China combatió exitosamente la pobreza creando riqueza mediante la colaboración con el sector privado, el debate colombiano parece concentrarse en la estatización y la expansión de subsidios como estrategia central. Si bien los subsidios pueden aliviar carencias puntuales, no sustituyen la generación de empleo formal, la inversión productiva ni el aumento sostenido de la productividad.

Sin crecimiento económico genuino, los subsidios se vuelven:

  1. Fiscalmente frágiles
  2. Socialmente estériles a largo plazo
  3. Dependientes de deuda e inflación que generan recortes futuros

Lecciones fundamentales para Colombia

La pobreza no se derrota estatizando sectores productivos ni repartiendo recursos que no se han generado. Se reduce cuando:

  • La economía produce más bienes y servicios
  • El trabajo se vuelve más productivo y mejor remunerado
  • El Estado financia el bienestar con riqueza real, no con retórica ideológica

Una estrategia basada en estatización, asistencialismo y hostilidad al mercado no representa progresismo genuino. Constituye un desconocimiento peligroso de la evidencia empírica más contundente del último medio siglo, proveniente de países que fueron referentes del comunismo y que solo lograron mejorar sustancialmente el bienestar de su población cuando abandonaron ese modelo.

Conclusión: mirar hacia adelante, no hacia atrás

La lección histórica es clara e inequívoca: en aquellos países que priorizaron el desarrollo del aparato productivo y adoptaron los principios del capitalismo moderno, la pobreza retrocedió de manera significativa y el bienestar se expandió de forma sostenible.

Colombia se encuentra hoy en una encrucijada crucial, debatiendo si insistir en un camino que otras naciones ya recorrieron y descartaron por sus pésimos resultados. El futuro del bienestar de los colombianos depende de la capacidad para aprender de estas experiencias históricas y optar por políticas que generen riqueza en lugar de redistribuir pobreza.