Detención histórica del expríncipe Andrés conmociona al Reino Unido
El Reino Unido enfrenta una conmoción institucional sin precedentes tras el arresto del expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor, quien fue detenido el jueves pasado en su residencia de Wood Farm, dentro de los dominios reales de Sandringham. Este evento marca un hito histórico en más de tres siglos de monarquía constitucional británica.
Operativo policial con detalles impactantes
En el amanecer de su cumpleaños número 66, agentes de la Thames Valley Police vestidos de civil ejecutaron la detención. El procedimiento incluyó:
- Toma de huellas dactilares completas
- Fotografías para ficha policial oficial
- Muestras de ADN para registros forenses
- Incautación de documentos y equipos informáticos
Durante once horas consecutivas, el expríncipe fue interrogado por supuesta mala conducta en cargo público durante su período como representante comercial del Reino Unido entre 2001 y 2011. Aunque fue liberado sin cargos formales al caer la tarde, queda bajo investigación activa.
Reapertura del caso Epstein con nuevas dimensiones
Este arresto reabre las heridas del caso Jeffrey Epstein, donde Andrés ya había evitado un juicio en 2022 mediante un acuerdo confidencial valorado en 12 millones de libras con Virginia Giuffre, quien lo acusó de agresión sexual cuando era menor de edad. La activista falleció por suicidio en 2024, añadiendo capas emocionales y políticas al escándalo.
Las investigaciones actuales analizan correos electrónicos donde el expríncipe habría compartido información sensible sobre viajes oficiales y oportunidades de inversión durante su mandato como enviado comercial. De confirmarse estas acusaciones, podría enfrentar cargos penales graves por mala conducta en cargo público, delito que en su forma más severa contempla cadena perpetua según la legislación británica.
Presión política sobre el gobierno de Keir Starmer
El primer ministro Keir Starmer enfrenta crecientes desafíos políticos derivados de este caso. Inmediatamente después del arresto, declaró que "nadie está por encima de la ley", intentando blindar a su gobierno de acusaciones de trato preferencial hacia la élite.
Sin embargo, la situación se complica por las conexiones reveladas entre el exembajador británico en Washington, Peter Mandelson -designado por Starmer-, y las redes de Jeffrey Epstein. Esta controversia ya costó el puesto al jefe de gabinete Morgan McStweeney el pasado 8 de febrero.
Estrategia de la monarquía para contener el daño
El rey Carlos III emitió un comunicado oficial ofreciendo la cooperación plena de la Corona con la investigación policial, afirmando que "ha quedado claro que nadie está por encima de la ley, ni siquiera los miembros de la familia real". Esta estrategia busca proyectar un delicado equilibrio entre cooperación institucional y contención del daño reputacional.
Las encuestas revelan datos contundentes: el nivel de rechazo hacia Andrés alcanza el 90%, mientras que la desaprobación del rey Carlos III se sitúa alrededor del 40%. Esta brecha evidencia una táctica de personalización del escándalo en la figura del príncipe caído para proteger a la institución monárquica como sistema.
Rareza histórica y consecuencias futuras
Andrés Mountbatten-Windsor se convierte en el primer miembro de la realeza arrestado en la historia moderna del Reino Unido. El antecedente más cercano se remonta a 1647, cuando el rey Carlos I fue capturado antes de su ejecución dos años después.
Actualmente, los investigadores continúan examinando comunicaciones, movimientos financieros y testimonios vinculados a su etapa como enviado especial en Comercio Exterior. Si la fiscalía concluye que hubo abuso de función pública o filtración indebida de información, el caso podría avanzar hacia imputaciones formales con consecuencias penales severas.
Para la monarquía británica, este episodio representa otra prueba de resistencia en la era posterior a Isabel II. Para el gobierno de Starmer, constituye un recordatorio incómodo de que el caso Epstein mantiene ramificaciones políticas impredecibles. Y para el expríncipe Andrés, confirma una caída en desgracia que parece no encontrar fondo.
El revolcón institucional británico apenas comienza a medirse, y sus verdaderas consecuencias se manifestarán conforme avance la investigación bajo el escrutinio implacable de una sociedad menos deferente y más exigente de rendición de cuentas.