Reflexiones sobre el conflicto armado y la búsqueda de paz en Colombia
Dos episodios recientes de orden público han generado una profunda reflexión sobre la manera equivocada en que, durante décadas, Colombia ha abordado temas esenciales que permanecen ausentes en el actual debate presidencial: el conflicto armado, el orden público, la justicia y las múltiples formas de impunidad, no solo judicial sino también política y social.
La naturaleza cambiante de los grupos armados
A raíz de los bombardeos en el Vaupés durante operaciones legítimas contra grupos ilegales, donde se especuló sobre la muerte del temido 'Iván Mordisco', el exministro de Salud y reconocido experto en procesos de paz Camilo González Posso concedió una entrevista reveladora a Blu Radio. En diálogo con periodistas experimentados como Néstor Morales y Felipe Zuleta, González Posso ayudó a clarificar conceptos fundamentales sobre lo que hoy constituye el denominado "conflicto armado".
González Posso, quien goza de merecido prestigio como hombre de paz y posee una sólida formación de izquierda, afirmó categóricamente que los grupos armados actuales carecen de connotación política alguna. Su objetivo ya no es reemplazar al Estado, como ocurría en el pasado, sino lograr mediante la intimidación que se les permita desarrollar actividades criminales asociadas principalmente al narcotráfico y la minería ilegal. El experto dejó entrever que, incluso durante supuestos diálogos con el Gobierno, estos grupos continuaban delinquiendo, careciendo además de una organización jerárquica estructurada. Nada de objetivos políticos persiguen estas organizaciones en la actualidad.
La preocupante situación de impunidad
El segundo episodio que llama la atención es la preocupación manifestada por la fiscal general Luz Adriana Camargo. Cuando alias 'Calarcá' –jefe de las disidencias de las FARC– y otros integrantes fueron capturados en vehículos oficiales, aparentemente de la Unidad Nacional de Protección (UNP), portando armas, dinero en efectivo e incluso un menor reclutado, la Fiscalía se vio obligada a ordenar su liberación. Esto ocurrió porque, por orden del Gobierno, este grupo y su líder habían sido beneficiados con la cancelación de órdenes de captura al ser considerados 'gestores de paz'.
La Fiscal General, con plena razón, solicitó la reactivación de esas órdenes de captura por estos y otros hechos revelados posteriormente en el noticiero de Caracol TV. La paradoja resulta evidente: continuaban delinquiendo mientras supuestamente "negociaban" con el Estado.
Estrategias fallidas y aprendizajes históricos
Durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, la estrategia predominante para alcanzar la paz en Colombia ha consistido en amnistías e indultos que, en numerosos casos, han sido aprovechados para mantener actividades armadas. La excepción más notable fue el proceso con el M-19. El proceso de paz con las FARC durante el gobierno de Juan Manuel Santos logró un éxito parcial con la desmovilización de más de diez mil combatientes.
Sin embargo, el fracaso relativo de este proceso se debe a múltiples causas: el Estado no ha podido detener el asesinato de centenares de firmantes ya desmovilizados, y tampoco logró ocupar efectivamente las zonas abandonadas por la guerrilla, permitiendo que otros actores armados se apoderaran de esos territorios.
La desnaturalización de los procesos de paz
El actual gobierno ha desnaturalizado peligrosamente la figura del 'negociador de paz', transformándola –como se deduce de las declaraciones de la Fiscal General– en una fuente de impunidad pura y simple. Nadie se ha preguntado seriamente qué negociaciones concretas han facilitado figuras como 'Calarcá', 'Mordisco', Salvatore Mancuso y tantos otros 'gestores' para alcanzar la normalidad en sus regiones.
Seguimos hablando de un "conflicto armado" que ha perdido su naturaleza original. No podemos continuar buscando la paz mediante la impunidad permanente. Tampoco puede seguir siendo válida la tesis de que la aplicación de la justicia constituye un obstáculo para lograr la paz. Los candidatos presidenciales deben trascender las generalidades y presentar propuestas concretas para resolver esta aparente contradicción entre justicia y paz.
Homenaje a una mujer excepcional
En un aparte emotivo, el columnista rinde homenaje a Aura Lucía Mera, fallecida recientemente en su amada Cali. La describe como una mujer admirable por múltiples razones: en un país de apariencias, vivió su vida con autenticidad y coherencia; culta, convencida de sus ideas, siempre contestataria frente a su clase social, su entorno y los prejuicios establecidos. Comprometida con la cultura y las causas populares, vivió y murió según sus propios términos, decidiendo incluso cómo quería ser despedida de este mundo que, en ocasiones, no la comprendió.
Alfonso Gómez Méndez expresa su gratitud hacia ella por haberlo aceptado en 1994 para formar parte de una lista casi quijotesca al Senado cuando se inauguraba la circunscripción nacional, junto a María Teresa Forero y Hernando Gómez Buendía. Creían en el voto de opinión, aunque ninguno resultó electo. En aquel momento, en contraste, una de las votaciones más altas al Senado por el Partido Liberal fue la de Santa Lopesierra. El columnista extiende un solidario abrazo a la familia de Aura Lucía, recordando su legado de integridad y compromiso social.



