Therians: El fenómeno que cuestiona los límites de la identidad humana
Un nuevo fenómeno viral ha trascendido las redes sociales para instalarse en plazas y parques públicos de todo el mundo. Se trata de los 'therians', jóvenes que se identifican profundamente con animales no humanos, adoptando sus características mediante máscaras, colas artificiales y la imitación de sus movimientos naturales.
Orígenes y expansión de un movimiento identitario
El término 'therian' proviene de la combinación de las palabras griegas 'therion' (bestia) y 'anthropos' (ser humano). Aunque sus raíces se remontan a comunidades digitales de los años noventa, ha sido la viralidad de las plataformas sociales contemporáneas la que ha catapultado su visibilidad, generando un intenso debate sobre los límites de la identidad personal y la autoexpresión en el espacio público.
La discusión se ha intensificado notablemente tras incidentes como el ocurrido en Buenos Aires, donde un individuo identificado como therian mordió a una niña, o las masivas convocatorias que estos grupos organizan en parques urbanos a nivel global. Mientras algunos defensores argumentan el carácter inofensivo de estas prácticas y el derecho fundamental a la búsqueda identitaria, otros sectores cuestionan abiertamente la normalización de estas conductas y su potencial impacto en la convivencia social.
La paradoja humana: Entre la nobleza animal y la ferocidad humana
Más allá de la polémica sobre si se trata de una moda pasajera o una expresión genuina de identidad, los therians nos invitan a una reflexión profunda sobre la naturaleza humana y nuestra relación con el reino animal. En su búsqueda por conectar con su 'animal interior', estos jóvenes nos recuerdan la distancia que frecuentemente nos separa de la nobleza inherente a ciertas especies.
Consideremos al perro, por ejemplo, universalmente reconocido como símbolo de gratitud, honestidad, lealtad y amor incondicional. Ningún ser humano, por más que se disfrace o imite, logra encarnar completamente esa pureza esencial. Existen virtudes en el mundo animal que, para nuestra especie, resultan extraordinariamente difíciles de alcanzar, confrontándonos directamente con nuestras propias carencias morales y emocionales.
La verdadera bestialidad: Humanos sin humanidad
Y es aquí donde la reflexión se vuelve particularmente cruda, porque nos encontramos con 'therians' que no requieren máscaras. Son aquellos seres humanos que, bajo una apariencia de completa normalidad, esconden la ferocidad calculadora de una hiena y la ponzoña letal de una víbora. Individuos que, a través de sus actos deliberados, demuestran una perversidad que los despoja de cualquier atisbo de humanidad genuina.
En este sentido paradójico, resulta más animal aquel que daña, traiciona y destruye sin piedad alguna, que el joven que corre a cuatro patas buscando una conexión espiritual con un zorro. La diferencia es fundamental: mientras unos exploran formas simbólicas de identidad y pertenencia, otros encarnan conductas que sistemáticamente deshumanizan y lesionan al prójimo.
Replanteando lo humano en la era contemporánea
Este fenómeno social, con toda su carga de excentricidad aparente, nos obliga a cuestionar profundamente qué significa realmente ser humano en el siglo XXI. Nos enfrenta al reconocimiento incómodo de que la verdadera bestialidad no se encuentra en quienes imitan a los animales, sino en aquellos que, habiendo nacido humanos, han renunciado voluntariamente a su humanidad esencial.
Los therians, más que un simple fenómeno viral, se han convertido en un espejo social que refleja nuestras contradicciones más profundas sobre identidad, convivencia y la naturaleza misma de lo humano en un mundo cada vez más complejo y diversificado.