El diálogo tardío que marcó un éxito para la presidencia y la nación
A propósito del editorial del 4 de febrero titulado “Llegó la cita, y el presidente pudo representarnos”, el encuentro en la Casa Blanca resultó ser un éxito significativo tanto para el presidente Gustavo Petro como para Colombia. Este resultado positivo se logró por diversas razones, que podrían incluir desde presiones personales derivadas de las sanciones impuestas durante el gobierno de Donald Trump, hasta un necesario ajuste en los intereses nacionales y el impacto de la intervención estadounidense en Venezuela.
Descubrimiento de las bondades del diálogo
El presidente Petro descubrió, aunque de manera tardía, las bondades del diálogo frente a la confrontación. A lo largo de su gestión, esta actitud no había sido una constante, pero en esta ocasión, comprobó que el trabajo juicioso y mancomunado con su equipo de gobierno puede producir resultados muy positivos cuando se basa en una estrategia sensata y una clara identidad de propósitos.
Además, constató que funcionarios competentes, como el embajador García Peña, hacen una diferencia crucial en las relaciones internacionales. También demostró que puede controlar sus impulsos retóricos cuando antepone los intereses de la nación a sus propias veleidades.
Reflexiones sobre el estilo de gobierno
Como colombianos, lamentamos profundamente que la actitud mostrada por el presidente en Washington no haya sido una constante en su estilo y comportamiento a lo largo del cuatrienio que pronto culmina. Este episodio afortunado llega en un momento crítico, ad portas de las elecciones presidenciales y de Congreso.
Esperamos que este éxito sirva como indicador de que no serán la violencia política, la discriminación de clases, la demagogia ni la polarización los ingredientes que conduzcan al país por el camino del bienestar que la nación reclama con urgencia. La unidad y el diálogo constructivo deben prevalecer en el futuro político de Colombia.
Molestia anunciada con el Consejo Nacional Electoral
En relación con el editorial del 6 de febrero, si bien coincidimos en que el Consejo Nacional Electoral (CNE) es una organización profundamente politizada que requiere una reforma urgente para garantizar su independencia, es fundamental añadir un matiz sobre la responsabilidad de los actores políticos en el actual escenario.
Riesgo jurídico y decisiones políticas
El complejo estado de cosas que hoy afecta a Iván Cepeda es, precisamente, la razón por la cual Daniel Quintero decidió apartarse de la consulta de octubre. Desde aquel entonces, ya era claro el riesgo jurídico de que dicha participación fuera interpretada como una consulta interpartidista, lo que lo inhabilitaría para la contienda de marzo.
Aunque la molestia del Pacto Histórico es comprensible, no se puede ignorar que quienes decidieron seguir adelante asumieron una dosis de riesgo político que estuvo latente todo este tiempo. Resulta lamentable que la decisión del CNE se haya dado a escasas horas del cierre de inscripciones para el tarjetón, pero este desenlace era una posibilidad advertida y calculada desde hace meses.
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