La búsqueda de escape: adolescentes therians y la presión social en Colombia
Cuando algunos adolescentes expresan sentirse como animales, identificándose como therians, no se trata simplemente de una moda extravagante o un capricho juvenil. Según el análisis de Aldo Civico, este fenómeno revela un anhelo profundo de escapar del rendimiento constante y las exigencias de la sociedad moderna. En lugar de descartar estas expresiones con ironía o indiferencia, es crucial escuchar lo que estos jóvenes están comunicando a través de su identificación no humana.
El cansancio de la competencia continua
Detrás de la aparente rareza de sentirse lobos o zorros, hay un hilo común entre los jóvenes: un cansancio que va más allá de lo físico. Se trata de una fatiga existencial ante la percepción de que la vida es una competencia sin fin. En la actualidad, ser humano parece implicar una constante necesidad de destacar, competir y gestionar la identidad como si fuera una empresa. Cada talento, cada experiencia, e incluso el sufrimiento, deben transformarse en algo productivo o en un aprendizaje visible.
La presión, aunque sutil, es omnipresente. Nos repetimos que debemos ser mejores, más productivos e interesantes, y si no lo logramos, la culpa recae sobre nosotros mismos. Esta dinámica convierte la libertad en una obligación agotadora, especialmente en contextos como el colombiano.
El contexto colombiano: superación individual y sus costos
En Colombia, esta presión adquiere matices particulares. A pesar de ser un país marcado por la desigualdad y la violencia, predomina un discurso de superación individual. El mantra "sí se puede" se ha instalado como una consigna nacional, pero surge la pregunta: ¿a qué precio? ¿Cuánto puede soportar un cuerpo joven antes de que el peso de las expectativas se vuelva insoportable?
Para los adolescentes therians, identificarse con animales no significa un deseo de abandonar la humanidad, sino más bien un anhelo de evadir el rendimiento constante. En su imaginario, el animal no necesita optimizarse, no construye una marca personal ni vive bajo la mirada evaluadora de los demás. Representa una forma de existencia libre de la exigencia de justificar cada acción y cada emoción.
La ambigüedad del fenómeno: entre la crítica y la absorción cultural
Sin embargo, Civico advierte que no conviene romantizar este gesto de escape. Vivimos en una cultura que tiene la capacidad de absorberlo todo, incluso las diferencias más radicales. Lo que comienza como un acto de rebeldía o búsqueda de autenticidad puede terminar convertido en un producto más del escaparate social.
La identidad therian puede volverse un nombre, un grupo, un perfil en redes sociales, y así empezar a circular en el mismo sistema del que pretendía escapar. La diferencia atrae miradas, suma seguidores y genera un sentido de pertenencia, pero también puede caer en la lógica de la exposición y la productividad que critica.
Este fenómeno es, por tanto, ambiguo. Puede interpretarse como una crítica silenciosa a la reducción de lo humano a meros términos de productividad y visibilidad, o bien como otra narrativa del yo que, sin querer, sigue jugando bajo las mismas reglas del rendimiento constante.
Reflexión final: redefiniendo la humanidad
Lo que queda claro, según Civico, es que nuestra concepción de humanidad se ha vuelto demasiado estrecha. Hemos olvidado que ser humano también implica la capacidad de detenerse, de no saber, de no rendir cuentas constantemente. Hemos desterrado la inutilidad, el silencio y la lentitud, exigiendo que todo tenga un propósito claro y medible.
Si a los quince o dieciséis años alguien ya percibe que "ser humano" pesa demasiado, ese mensaje no habla solo del individuo, sino del mundo que los adultos les estamos entregando. Tal vez no se trata de que estos jóvenes quieran ser otra especie, sino de que están rechazando una versión agotadora de lo humano que hemos construido: una vida entendida como un examen permanente, como una meta que siempre se corre un poco más lejos.
Nadie puede crecer sintiendo que siempre está en evaluación, que incluso su forma de existir necesita justificarse. Escuchar a los therians, entonces, no es solo entender una moda juvenil, sino reconocer una grieta en nuestro sistema de valores que merece atención y reflexión profunda.