Santander enfrenta crisis hídrica con 60% de sus ríos en estado regular
La información recién conocida sobre el estado de las fuentes hídricas en Santander constituye una advertencia severa que exige una respuesta inmediata y contundente por parte de autoridades y sociedad civil. Que el 60% de los ríos y quebradas del departamento se encuentre clasificado en "estado regular" representa un diagnóstico alarmante que debe traducirse en acciones concretas, pues detrás de esta categorización técnica se esconde un proceso silencioso pero avanzado de deterioro ambiental.
Dos millones y medio de santandereanos en riesgo
Está en juego nada menos que la salud y bienestar de aproximadamente dos millones y medio de santandereanos, cuya vida cotidiana, actividades productivas y desarrollo económico dependen directamente de que el agua siga fluyendo con la calidad y cantidad que demanda la dignidad humana. Los estudios técnicos demuestran patrones preocupantes en el comportamiento de las fuentes hídricas a lo largo de su recorrido.
Mientras las zonas altas, resguardadas por páramos y ecosistemas estratégicos, mantienen condiciones relativamente aceptables, el agua se va degradando progresivamente a medida que desciende y se encuentra con la intervención depredadora del ser humano. Este fenómeno se observa con particular intensidad en los tramos medios y bajos de cuencas vitales como las del Sogamoso, Lebrija, Fonce y Suárez.
Sumideros de contaminación en cuencas vitales
Estos sectores se han convertido en verdaderos sumideros donde se acumulan:
- Vertimientos urbanos sin tratamiento adecuado
- Residuos agropecuarios de diversa índole
- Las huellas de una expansión territorial descontrolada que ha sacrificado las rondas hídricas
- La cobertura vegetal protectora que antes regulaba los ciclos naturales
La situación se acerca peligrosamente a un punto crítico, pues el incremento sostenido de materia orgánica, los niveles alarmantes de contaminación en puntos específicos como la quebrada El Carrasco, y la presión combinada de actividades extractivas, urbanas y agropecuarias nos hablan de un ecosistema que muestra claras señales de agotamiento.
Inercia institucional y ciudadana que debe romperse
La sociedad civil no puede permanecer cruzada de brazos mientras el agua que recorre nuestros municipios se degrada en su tránsito por zonas urbanas sin control. Paralelamente, las entidades ambientales tienen la obligación inaplazable de pasar de los diagnósticos a las acciones coercitivas y restaurativas, ejerciendo con toda la fuerza que la ley les concede su autoridad para proteger este patrimonio colectivo.
Es imperativo romper la inercia institucional y ciudadana que ha propiciado este deterioro progresivo durante años. La reacción debe ser coordinada, enérgica e inmediata, especialmente considerando que el cambio climático ha aumentado significativamente la fragilidad de un sistema ya de por sí fatigado por sequías prolongadas, incendios forestales recurrentes y la alteración preocupante de los ciclos tradicionales de lluvia.
Pilar fundamental en riesgo
La riqueza hídrica de Santander, con su compleja red de ríos, microcuencas y ecosistemas estratégicos, sigue siendo uno de los pilares fundamentales del desarrollo departamental. Sin embargo, su permanencia ya no está garantizada por la sola abundancia natural que históricamente caracterizó a la región.
Cada día que transcurre sin una intervención decidida, cada informe técnico que se acumula en escritorios sin que le siga una acción contundente, profundiza la crisis en este patrimonio colectivo que pertenece a todas las generaciones de santandereanos.
Proteger, recuperar y mantener en óptimo estado cada quebrada, cada río y cada humedal es condición necesaria para sostener:
- La productividad agrícola que alimenta a la región
- La generación energética que impulsa la economía
- La estabilidad de los sistemas productivos en general
- Y, en el plano más esencial, la salud y la vida misma de todos los habitantes del departamento
La sociedad civil debe alzar la voz y movilizarse con la misma urgencia con que se enfrenta una amenaza inminente, mientras las autoridades ambientales deben desplegar toda su capacidad técnica, jurídica y operativa para frenar la contaminación, restaurar lo degradado y garantizar que el agua, por muchos años más, siga siendo la fuente primordial de vida y desarrollo en Santander.



