El próximo presidente enfrentará crisis fiscal, energética y de salud en Colombia polarizada
Próximo presidente enfrentará crisis fiscal, energética y de salud

Colombia enfrenta múltiples crisis que desafiarán al próximo presidente

El próximo mandatario que asuma la presidencia de Colombia se encontrará con un país sumergido en uno de sus momentos más críticos de la historia reciente. La situación actual presenta desafíos monumentales que requerirán liderazgo excepcional y capacidad de gestión inmediata.

Crisis fiscal sin precedentes y emergencia energética

La crisis fiscal que enfrentará el nuevo gobierno es de proporciones históricas, con niveles de deuda pública alcanzando máximos nunca antes vistos. El país está pagando intereses financieros que superan cualquier cálculo previo, mientras las reservas estatales se encuentran en sus niveles más bajos. Esta situación limita severamente la capacidad de inversión pública y amenaza la estabilidad económica nacional.

Paralelamente, Colombia enfrenta una emergencia energética de graves dimensiones. La amenaza de apagones eléctricos generalizados se cierne sobre el territorio nacional, mientras que los racionamientos de gas natural ya afectan a diversos sectores productivos y comunidades. Esta crisis energética podría paralizar industrias completas y afectar la calidad de vida de millones de colombianos.

Sistema de salud colapsado y violencia generalizada

El sistema de salud colombiano se encuentra en cuidados intensivos, con graves problemas de financiamiento, infraestructura y acceso a servicios médicos. Esta situación se ha agravado en los últimos años y representa uno de los desafíos más urgentes para el próximo gobierno.

Además, el país continúa siendo azotado por altos niveles de violencia y narcotráfico, problemas estructurales que mantienen a Colombia al borde de la inestabilidad social. Estos flagelos afectan especialmente a las regiones más vulnerables y requieren estrategias integrales de seguridad y desarrollo social.

Polarización política y el dilema entre populismo y estadismo

En medio de estas crisis múltiples, Colombia vive un ambiente de profunda polarización política e intolerancia. El proceso electoral actual presenta una disyuntiva fundamental para los ciudadanos: elegir entre figuras populistas que prometen soluciones mágicas o técnicos con conocimiento profundo de los problemas nacionales.

La política tradicionalmente se ha movido por emociones, donde encontrar antagonistas y polarizar a la sociedad genera réditos electorales. Las falsas promesas, el victimismo y la crítica permanente al pasado han demostrado ser estrategias efectivas en campañas, pero completamente insuficientes para gobernar.

Las cualidades necesarias para gobernar en tiempos de crisis

Para enfrentar los desafíos actuales, Colombia requiere un gobernante con:

  • Conocimiento técnico de los problemas nacionales
  • Experiencia demostrada en gestión pública
  • Capacidad de ejecución y prudencia en la toma de decisiones
  • Habilidad para construir consensos en lugar de imponer visiones
  • Humildad para reconocer y dar continuidad a logros anteriores

Las virtudes del estadista chocan profundamente con las del político tradicional. Mientras el político busca ganar elecciones mediante emociones y polarización, el estadista debe gobernar mediante la razón, la construcción de acuerdos y la implementación de soluciones concretas.

La Gran Consulta como alternativa de unidad y esperanza

En el actual proceso electoral, existe una alternativa que representa la posibilidad de un gobierno basado en la razón y la experiencia: la Gran Consulta programada para el 8 de marzo. Este mecanismo reúne a nueve personas con:

  1. Preparación académica y profesional sólida
  2. Experiencia consolidada en gestión pública y privada
  3. Capacidad demostrada para unir y construir desde la diferencia
  4. Disposición para trabajar colectivamente en un gobierno de unidad

Este grupo ha demostrado capacidad para deponer intereses personales, construir colectivamente y ceder para lograr acuerdos. Su compromiso incluye el respeto a la Constitución de 1991, el Estado de derecho, las libertades personales, el disenso político y la iniciativa privada como motor de desarrollo.

La Gran Consulta genera esperanza desde la razón, con la tranquilidad de que su ganador gobernará como estadista y no como populista. Por esta razón, representa una opción viable para enfrentar las múltiples crisis que afectan a Colombia y reconstruir el país sobre bases sólidas de unidad, respeto y gestión técnica competente.