El modelo Bukele: la extrema derecha colombiana admira cárceles masivas y suspensión de derechos
Modelo Bukele: extrema derecha colombiana admira cárceles masivas

La admiración peligrosa: cómo la extrema derecha colombiana mira hacia El Salvador

En el panorama político colombiano, un candidato de la extrema derecha muestra una fascinación particular por las políticas implementadas por Nayib Bukele en El Salvador. Este interés se centra específicamente en tres aspectos: la construcción de mega-cárceles para pandillas, el florecimiento de negocios particulares vinculados al poder, y un modelo de seguridad que prioriza el encarcelamiento masivo sobre las garantías constitucionales.

Un modelo cuestionable desde sus fundamentos

Nayib Bukele, presidente de El Salvador, gobierna un país cuya extensión territorial equivale a un tercio del departamento de Antioquia y cuyo Producto Interno Bruto representa aproximadamente una cuarta parte del de esta región colombiana. A pesar de estas diferencias de escala, su modelo ha capturado la imaginación de sectores políticos colombianos que buscan soluciones drásticas a problemas de seguridad.

El otro referente internacional de este candidato, conocido en el Cesar como "Papucho el arretilingado", es Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí. Sin embargo, las evidentes controversias del caso israelí han llevado a un mayor enfoque en el modelo salvadoreño como ejemplo a seguir.

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La suspensión indefinida de derechos constitucionales

En 2023, Bukele implementó una medida radical: suspendió los derechos constitucionales de los salvadoreños por 30 días mediante un estado de excepción. Lo que comenzó como una medida temporal se ha convertido en una situación permanente mediante prórrogas sucesivas, transformando lo excepcional en indefinido.

Esta suspensión permite la captura de cualquier persona considerada sospechosa, con plazos de encarcelamiento ilimitados y sin derecho a un juicio formal. Los detenidos bajo este régimen carecen de defensa legal, visitas familiares y comunicación con el exterior, creando un sistema carcelario opaco y potencialmente arbitrario.

Las cifras escalofriantes del encarcelamiento masivo

El Salvador ostenta actualmente la tasa carcelaria más alta del mundo, con aproximadamente uno de cada 57 habitantes tras las rejas. Para poner esto en perspectiva colombiana: si nuestro país adoptara este modelo, la población carcelaria aumentaría de cien mil a ochocientos mil reclusos.

Bukele ha construido 22 cárceles o mega-cárceles para albergar esta población reclusa, incluyendo instalaciones diseñadas específicamente para deportados latinoamericanos desde Estados Unidos. Muchas de estas prisiones permanecen en la sombra, con familias que desconocen el paradero de sus seres queridos detenidos.

Las condiciones inhumanas documentadas

Medios independientes como El Faro, que opera desde el exilio y la clandestinidad, han documentado prácticas sistemáticas de maltrato en estas instalaciones:

  • Personas colgadas durante horas mientras gritan de dolor
  • Prisioneros con fracturas y mutilaciones
  • Mujeres embarazadas suspendidas de los brazos hasta provocar abortos
  • Comida servida en el suelo, como si se alimentara a animales
  • Abusos sexuales contra mujeres detenidas

La situación es tan extrema que, según testimonios, es más probable salir muerto que vivo de estas prisiones debido a la falta de atención médica, el maltrato sistemático y las torturas.

La inversión del principio de presunción de inocencia

El modelo salvadoreño ha invertido el principio jurídico fundamental conocido como la Fórmula de Blackstone. Mientras este establece que "es mejor que diez culpables escapen a que un inocente sea condenado", en El Salvador prevalece la lógica opuesta: "con tal de que un culpable no escape, está bien condenar a diez inocentes".

Esta filosofía se manifiesta en casos concretos: periodistas encarcelados por más de diez meses sin juicio, campesinos detenidos durante dos años sin pruebas de delito alguno, y miles de personas señaladas como pandilleras sin evidencias contundentes.

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El enriquecimiento personal del poder

Paralelamente a estas políticas de seguridad, Bukele ha experimentado un notable enriquecimiento personal durante su presidencia. Siguiendo un patrón similar al de Donald Trump, ha mezclado astutamente negocios privados con el ejercicio del poder, convirtiéndose en uno de los terratenientes y empresarios más prósperos de El Salvador.

Este aspecto del modelo salvadoreño, aunque menos publicitado, forma parte integral del atractivo que ejerce sobre ciertos sectores políticos que ven en la combinación de poder estatal y beneficio personal una fórmula deseable.

La admiración por el modelo Bukele entre la extrema derecha colombiana plantea preguntas fundamentales sobre qué tipo de sociedad queremos construir y a qué costo en términos de derechos humanos y garantías constitucionales estamos dispuestos a llegar en nombre de la seguridad.