La paradoja democrática: cuando los votantes apoyan líderes que erosionan libertades
En un fenómeno que desafía la lógica política convencional, numerosos países experimentan una situación paradójica: líderes que sistemáticamente debilitan las instituciones democráticas mantienen índices de popularidad extraordinariamente altos. Según el análisis del exministro de Hacienda de Chile Andrés Velasco, esta contradicción revela una crisis profunda en los sistemas de gobierno contemporáneos.
El masoquismo político en acción
Velasco utiliza una metáfora provocadora para describir este fenómeno: "En el ámbito público se produce un fenómeno similar al masoquismo: los líderes autoritarios erosionan libertades civiles, debilitan controles democráticos e intimidan a la prensa y al poder judicial. Sin embargo, en lugar de protestar, muchos votantes parecen estar de acuerdo".
El caso de India bajo el mandato del primer ministro Narendra Modi ejemplifica perfectamente esta dinámica. A pesar de que Freedom House degradó su calificación de 'libre' a 'parcialmente libre' en 2021, y el proyecto Varieties of Democracy lo clasificó como 'autocracia electoral', Modi mantiene un índice de aprobación del 67% según Morning Consult.
Ejemplos globales preocupantes
La tendencia no se limita a un solo continente o región:
- México: Bajo Andrés Manuel López Obrador, el país sufrió una "caída antidemocrática" según V-Dem, pero el expresidente dejó el cargo con casi 80% de aprobación.
- Brasil: Jair Bolsonaro, actualmente encarcelado, mantiene un apoyo significativo pese al asalto al Parlamento que ordenó en 2023.
- Otros casos: El Salvador, Polonia, Hungría, Turquía, Israel, Malasia, Filipinas y Perú presentan patrones similares.
La explicación teórica: liberalismo excesivo, democracia insuficiente
Velasco propone una tesis central: "En muchos países, la política se ha vuelto excesivamente liberal e insuficientemente democrática". Esta aparente paradoja se explica mediante la tensión entre dos conceptos fundamentales:
- Democracia como gobierno de la mayoría
- Democracia liberal que añade derechos individuales y controles institucionales
Cuando instituciones como bancos centrales independientes, tribunales constitucionales o agencias reguladoras frustran constantemente la voluntad popular, se genera un resentimiento que líderes populistas explotan hábilmente.
El factor humano: burócratas versus ciudadanos
La teoría abstracta se vuelve concreta cuando se considera el elemento humano. Velasco argumenta: "Los votantes no se levantan pensando en preferencias de la mayoría, pero sí en que altos funcionarios, jueces y banqueros centrales son una élite arrogante".
Investigación académica israelí refuerza esta perspectiva, sugiriendo que el apoyo al retroceso democrático se reduce a políticas personalistas y 'polarización afectiva': si el líder querido lucha contra élites detestadas, pocos se preocupan por reglas democráticas rotas en el proceso.
Una solución esperanzadora
Contrario a lo que podría parecer, Velasco encuentra motivos para el optimismo: "Lo que estamos viviendo no es una reacción contra la democracia en sí misma, sino contra las personas que la administran".
Las instituciones democráticas están dirigidas por personas, y son precisamente esas personas quienes generan el descontento popular. La solución, entonces, radica en reemplazar funcionarios arrogantes y distantes por representantes más cercanos al pueblo, manteniendo las reglas básicas del sistema democrático.
De causa insurgente a establishment burocrático
Velasco ofrece una reflexión final profundamente reveladora: "Quizás la democracia no sufre por sus fracasos, sino por sus éxitos. Cuando era causa de insurgentes -como en Europa del Este bajo comunismo o Sudáfrica bajo apartheid- era fácil amarla. Cuando se convirtió en sistema del establishment, poblado por burócratas con trajes oscuros que hablan jerga incomprensible, se hizo fácil odiarla".
Esta perspectiva sugiere que el clásico lema "la cura para los males de la democracia es más democracia" requiere una revisión fundamental. Lo que realmente necesitan las sociedades contemporáneas es una política más plebeya, más cercana a las preocupaciones reales de los ciudadanos y menos atrapada en tecnicismos burocráticos.
