Colombia no puede retroceder: el llamado a no dejarse engatusar por el miedo electoral
Colombia no puede retroceder ante el miedo electoral

Un llamado urgente a no retroceder en los logros de paz

"No puede ser que nos dejemos engatusar tan fácilmente. Por todos nuestros muertos, todos nuestros héroes, por los millones de ciudadanos que han puesto su cuota de sufrimiento o su granito para construir esta paz evasiva, la salida no está en volver al pasado", afirma con contundencia la periodista María Teresa Ronderos.

Los avances concretos que no debemos olvidar

Después del esfuerzo monumental que hemos realizado como sociedad para vivir en tranquilidad, resulta inconcebible que en este momento histórico consideremos llevar al poder a figuras que emergen directamente de los peores momentos de nuestra violencia. Los colombianos hemos logrado domesticar al tigre de la violencia de manera significativa, como para ahora permitir que nos asusten con lo que apenas queda de su antigua ferocidad.

Con las maquinarias de propaganda electoral funcionando a máxima capacidad, intentan convencernos de que estamos igual que en los peores años. Esta afirmación es completamente falsa. En el año 2001, la tasa de homicidios en Colombia superaba los 70 casos por cada 100.000 habitantes. En la actualidad, esta cifra se ha reducido a aproximadamente 26, lo que representa casi un tercio de aquella terrible estadística.

El camino recorrido en desmovilización y justicia

En aquellos años oscuros, las guerrillas secuestraban alrededor de diez personas cada día. Sin embargo, como sociedad conseguimos que sus principales líderes pidieran perdón públicamente y que la gran mayoría de sus 13.000 combatientes desmovilizados continúen cumpliendo con los acuerdos de paz firmados hace una década.

Durante esa misma época, los grupos paramilitares cometían aproximadamente una masacre semanal. No obstante, logramos que sus cabecillas se desmovilizaran, comparecieran ante la justicia a partir de 2006 y confesaran sus crímenes ante las autoridades.

El proceso no ha sido perfecto ni fácil. Las víctimas han tenido que tragarse sapos de impunidad que todavía les hierve la sangre en las venas. Muchos victimarios lograron escabullirse del sistema y hoy encabezan peligrosos carteles criminales. Pero, a pesar de estas dificultades, hemos conseguido arrinconar significativamente a la barbarie que se instaló en nuestro ADN nacional.

La violencia que marcó generaciones

Esa cultura de violencia se infiltró profundamente en nuestra sociedad desde los años ochenta, con la llamada guerra contra las drogas, o incluso antes, desde los sesenta con el conflicto de la Guerra Fría, o aún más atrás, en los cincuenta con el periodo conocido como La Violencia partidista.

Como nación, hemos intentado de todo. La ciudadanía se organizó masivamente para protestar, resistir, contener, atajar, curar y remediar:

  • Madres de la Candelaria y de Soacha
  • Mujeres de la Ruta Pacífica
  • Víctimas tanto del Estado como de la guerrilla
  • Marchas multitudinarias por la vida y contra el secuestro
  • Comunidades de paz establecidas en regiones conflictivas
  • Sacerdotes y líderes religiosos trabajando por la reconciliación

Las instituciones que construyeron caminos de civilidad

Destapamos los escándalos de los falsos positivos, desnudamos las conexiones entre política y grupos armados a través de la Farc-política y la parapolítica. Empresarios, académicos, desmovilizados y activistas crearon instituciones privadas dedicadas exclusivamente a construir caminos de civilidad, como Pares, Indepaz o la Fundación Ideas para la Paz, que han estado tejiendo discretamente comunidad en todo el territorio nacional, sin recibir el reconocimiento suficiente por su labor.

Muchos otros colombianos realizaron este trabajo en las regiones más afectadas, desafiando amenazas constantes a su seguridad. El Estado, por su parte, estableció el sistema de Justicia y Paz, procurando hacer realidad ambas aspiraciones, junto con las comisiones de Reconciliación y de la Verdad, y la Jurisdicción Especial para la Paz.

Los diferentes enfoques para alcanzar la paz

Experimentamos con la guerra total a través de la política de Seguridad Democrática, y posteriormente con la Paz Total impulsada por la Colombia Humana. Todos estos han sido emprendimientos humanos, llenos de falencias y limitaciones, pero orientados, desde ideologías opuestas, hacia la construcción de una paz duradera para nuestro país.

Después de semejante odisea colectiva, cuando todavía estamos a tiempo de volver a encerrar al tigre de la brutalidad en su jaula, las encuestas revelan que aproximadamente una quinta parte de los votantes quiere sentar en el Palacio de Nariño a quien representa precisamente ese pasado violento que tanto nos costó superar.

La paradoja del miedo electoral

Ahora parecen ser menos los ciudadanos que expresan preferencia por el abogado Abelardo de la Espriella. Quizás muchos ya han descubierto que sus sueldos fueron pagados con demasiada frecuencia por algún criminal: el testaferro de Nicolás Maduro, el operador de esquemas piramidales de estafa, o el narcoparamilitar de turno.

O posiblemente desconfían de su tendencia a evadir la crítica como si fuera su sombra y buscar silenciar las voces disidentes mediante demandas judiciales. No obstante, el riesgo de que Abelardo logre colarse a la segunda vuelta electoral sigue siendo considerablemente alto. Juega estratégicamente la carta del miedo y, lamentablemente, demasiados colombianos le creen.

La ironía más cruel es que, si lo que realmente temen los ciudadanos es volver al pasado de 30.000 muertos anuales, él representa precisamente el camino directo de regreso a esa oscuridad que tanto nos costó abandonar. No importa de qué se disfrace ni qué promesas haga durante la campaña.

Por María Teresa Ronderos