Hillary Clinton enfrenta intenso interrogatorio sobre vínculos con Jeffrey Epstein
El 26 de febrero de 2026 marcó un nuevo capítulo en la larga historia de los Clinton frente a las comisiones investigadoras del Congreso estadounidense. Hillary Clinton, exsecretaria de Estado, enfrentó seis horas de interrogatorio a puerta cerrada por parte del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, en lo que se convirtió en un choque frontal entre la "vieja guardia" demócrata y la mayoría republicana.
Defensa inquebrantable de Bill Clinton
Durante la audiencia, Hillary Clinton fue tajante al desvincular completamente a su esposo de las actividades criminales de Jeffrey Epstein. Ante la pregunta directa sobre si estaba "100% segura" de que el expresidente Bill Clinton no sabía nada de los crímenes del magnate financiero, ella respondió con un rotundo "sí".
La exsecretaria de Estado sostuvo que la relación de Bill Clinton con Epstein terminó años antes de que se conocieran sus delitos, y que los vuelos en el avión privado de Epstein, conocido como el "Lolita Express", fueron estrictamente para "fines humanitarios de su fundación".
Estrategia legal unificada de los Clinton
Como destaca The New York Times, la comparecencia de Hillary Clinton representa un eco de 1992, marcando la tercera década consecutiva en que la política ha tenido que responder por las relaciones y acciones de su esposo. Sin embargo, en esta ocasión, los Clinton han abandonado cualquier intento de separar sus defensas legales.
Los Clinton contrataron al mismo equipo de abogados y presentaron una estrategia completamente unificada frente a las citaciones del Congreso, demostrando una coordinación sin precedentes en su respuesta legal.
Contraataque hacia Donald Trump
Hillary Clinton no se limitó a la defensiva durante su testimonio. La exsecretaria de Estado denunció que el comité está siendo utilizado como un escudo para proteger al actual presidente Donald Trump, quien también aparece repetidamente en los archivos de Epstein pero no ha sido citado para declarar.
"Si esta comisión quisiera conocer seriamente la verdad, le pediría directamente a nuestro actual presidente que declarara bajo juramento", sentenció Clinton a través de sus redes sociales, exigiendo igualdad de condiciones en las investigaciones.
Deriva hacia teorías conspirativas
Uno de los puntos más surrealistas de la jornada fue la deriva del interrogatorio. Según Clinton, los congresistas republicanos se alejaron del tema central para preguntarle sobre teorías conspirativas como:
- El "Pizzagate", una supuesta red de tráfico inexistente en una pizzería que ha sido un mito construido por la derecha durante años
- El fenómeno de los ovnis y avistamientos no identificados
Para Clinton, esto fue la prueba definitiva de que la audiencia era un "teatro partidista" destinado a acosarla y no a investigar seriamente la trata de personas, que es el interés legítimo del público.
Filtraciones y tensión en sesión privada
A pesar de que la sesión fue privada, la tensión se desbordó cuando se filtró una fotografía de Hillary Clinton dentro de la sala de audiencias. La imagen, difundida por el comentarista conservador Benny Johnson, habría sido captada por la congresista republicana Lauren Boebert.
Este incidente obligó a suspender la sesión durante 30 minutos y generó nuevas críticas sobre la transparencia del proceso. Clinton, quien inicialmente pidió que la audiencia fuera pública y televisada, denunció la hipocresía de los republicanos al imponer el secreto y luego permitir filtraciones selectivas.
Próximos pasos en la investigación
La atención política en Estados Unidos se traslada ahora al Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, donde el expresidente Bill Clinton comparecerá para rendir testimonio sobre su relación con Jeffrey Epstein. Esta audiencia promete mantener la tensión política en Washington y podría definir el rumbo de futuras investigaciones sobre el caso Epstein.
El enfrentamiento entre los Clinton y los republicanos refleja las profundas divisiones políticas en Estados Unidos, donde las investigaciones del Congreso se han convertido en escenarios de batalla partidista más que en búsquedas genuinas de verdad y justicia.
