El Año Electoral Colombiano y su Impacto en la Economía
Este 2024 se configura como un período electoral decisivo no solo en Colombia, sino en gran parte del mundo. La política acapara los titulares y establece el ritmo del debate público nacional, una situación que dista de ser casual. Los procesos electorales determinan, en gran medida, la dirección económica de las naciones, la solidez institucional y la confianza ciudadana en el sistema.
Democracia y Desarrollo: Una Relación Comprobada
La evidencia empírica resulta contundente: las democracias exhiben indicadores de desarrollo significativamente superiores a los regímenes no democráticos. Esto se traduce en mayor esperanza de vida, niveles elevados de alfabetización, un Producto Interno Bruto per cápita más alto y una inclusión financiera más profunda. Sin embargo, las elecciones por sí solas no garantizan automáticamente ni democracia plena ni prosperidad económica.
Para que los comicios cumplan su propósito fundamental, deben caracterizarse por ser libres, participativos y confiables. Curiosamente, estos mismos principios constituyen la base sobre la cual funcionan los mercados financieros modernos. Durante décadas, se asumió que la política representaba simplemente el entorno donde operaba la actividad económica, pero hoy esa separación artificial ha desaparecido por completo.
La Inseparabilidad entre Política y Mercados
Las decisiones políticas impactan directamente sobre la confianza de inversionistas, los flujos de capital, la formación de precios y el acceso al crédito para ciudadanos y empresas. Política y mercados no constituyen esferas independientes, sino dimensiones profundamente entrelazadas del desarrollo económico nacional. El sistema financiero colombiano opera precisamente bajo estos principios fundamentales.
Se trata de un sistema libre que cuenta con regulación prudencial, competencia efectiva entre actores, formación transparente de precios y libertad de elección para los consumidores. Los rankings internacionales de libertad financiera ubican a Colombia en una posición favorable dentro del contexto latinoamericano. Esto no significa ausencia de reglas, sino la existencia de normas claras y estables que permiten el funcionamiento eficiente del mercado.
Un Ecosistema Financiero Diverso y Participativo
El sistema colombiano destaca por su carácter participativo. Actualmente operan más de 616 entidades dentro del ecosistema financiero nacional, lo que representa un incremento cercano al 25% en comparación con hace apenas tres años. Esta diversidad incluye:
- Bancos tradicionales y digitales
- Cooperativas financieras
- Compañías especializadas en financiamiento
- Fiduciarias y fondos de pensiones
- Aseguradoras de diversos tipos
- Empresas Fintech y Sociedades Especializadas en Depósitos y Pagos Electrónicos (SEDPE)
Esta pluralidad institucional no representa una debilidad, sino una fortaleza estructural del sistema. Además, se fundamenta en la confianza que genera una institucionalidad sólida, una regulación alineada con estándares internacionales y autoridades técnicas de reconocida trayectoria mundial. La credibilidad se construye mediante consistencia en las políticas, no a través de atajos regulatorios.
Desafíos y Responsabilidades Colectivas
Estos pilares fundamentales, sin embargo, no pueden darse por sentados. La libertad financiera se resiente cuando:
- Se recurre a figuras excepcionales injustificadas
- Se envían señales fiscales inconsistentes al mercado
- Falta transparencia en la gestión de la deuda pública
- No se cumplen compromisos regulatorios establecidos
La participación también se debilita cuando no existe igualdad de condiciones competitivas. Permitir que ciertas entidades capturen recursos del público fuera del perímetro de supervisión financiera no amplía la inclusión; por el contrario, introduce riesgos innecesarios para la estabilidad del sistema y el ahorro de los colombianos.
La confianza se erosiona peligrosamente cuando se instala la narrativa simplista de que la banca contribuye poco al desarrollo nacional. El sector financiero colombiano paga una de las tasas impositivas más altas entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Incrementar estructuralmente esa carga tributaria no castiga principalmente a los bancos, sino a los hogares y empresas colombianas, a través de mayores tasas de interés, menor acceso al crédito y una profundidad financiera reducida.
Conclusión: Principios Compartidos para el Futuro
Democracia y mercados operan, en esencia, bajo los mismos principios fundamentales: libertad genuina, participación efectiva y confianza construida. Estos no representan meras consignas políticas ni abstracciones teóricas, sino condiciones concretas para el desarrollo económico y social sostenible. Sin un sistema financiero sólido, no existe democracia que pueda sostenerse en el tiempo. Y sin democracia plena, no hay futuro promisorio para la nación.
Proteger estos pilares fundamentales constituye, por tanto, una responsabilidad colectiva que involucra a ciudadanos, instituciones, sector privado y autoridades gubernamentales. El año electoral 2024 representa una oportunidad crucial para reforzar este entendimiento y construir sobre bases sólidas el futuro económico de Colombia.