Partidos tradicionales recomiendan abstenerse de votar en consultas presidenciales del 8 de marzo
En una decisión que ha generado controversia política, los partidos Liberal, Conservador y Cambio Radical han emitido una recomendación formal a sus seguidores para que no participen en las consultas presidenciales programadas para este 8 de marzo. Esta postura, según argumentan los dirigentes, busca mantener "coherencia y responsabilidad política" dentro de sus organizaciones.
Preservación de la unidad interna como justificación
Los partidos tradicionales fundamentan su recomendación en la necesidad de preservar la unidad interna de una militancia que han visto disminuir considerablemente en los últimos años. Esta pérdida de bases sociales se atribuye principalmente a una desconexión evidente con las bases partidistas, situación que les ha impedido presentar candidatos propios con posibilidades reales de competir por el poder ejecutivo.
La ausencia de líderes auténticos y de propuestas programáticas que reflejen verdaderamente la ideología que sus estatutos dicen defender ha creado un vacío político que ahora intentan manejar mediante esta controvertida recomendación de abstención.
Una muestra de debilidad política
Analistas políticos interpretan esta invitación a la no participación como una clara demostración de debilidad institucional. Existe un temor palpable entre las directivas partidistas de que, al solicitar el tarjetón para una consulta externa, sus militantes puedan "enamorarse" de otros proyectos políticos alternativos, lo que significaría una fuga masiva de votos hacia otras opciones.
Si la recomendación fue concebida como una estrategia política para la primera vuelta presidencial, resulta particularmente incongruente frente al actual escenario de intensa polarización política entre los sectores representados por Gustavo Petro y Álvaro Uribe. Los partidos tradicionales, en lugar de articular una alternativa coherente, han optado por el aislamiento.
Falta de propuesta alternativa
Para haber sido verdaderamente coherentes con el momento político que vive el país, estos partidos debieron haber organizado entre ellos mismos una consulta interna que mostrara un camino alternativo al electorado colombiano. Sin embargo, en lugar de participar activamente en los foros de discusión sobre los problemas nacionales más apremiantes, se concentraron exclusivamente en la mecánica electoral relacionada con la elección de congresistas.
De haber seguido la ruta que tanto anhelaba una ciudadanía preocupada por el estado actual del país, el escenario político podría ser diferente al que evidencian las tendencias actuales: la posible continuidad del gobierno de izquierda en las próximas elecciones presidenciales.
Autoestima partidista y tradición de acomodo
Esta decisión de no participar activamente en las consultas responde también a la elevada autoestima de los dirigentes partidistas, quienes parecen creer que cada uno de sus partidos posee por derecho propio la capacidad de gobernar la nación. Esta percepción ha impedido que construyan alianzas significativas o propuestas conjuntas.
En cambio, estos partidos parecen dispuestos a ser congruentes con su tradición histórica: acomodarse al ganador de turno para conseguir dádivas, puestos burocráticos y contratos estatales que les permitan mantener cuotas de poder, independientemente de la orientación ideológica del gobierno electo.
El derecho al voto y la democracia participativa
Columnistas y analistas han recordado que votar es un derecho inalienable mediante el cual se ejerce la soberanía popular. Participar en una consulta externa no implicaba necesariamente adherirse a un partido político específico, ya que estas consultas permiten la participación de todos los ciudadanos inscritos en el censo electoral.
Cuando se vota en una consulta interna, se participa activamente en la conformación, ejercicio y control del poder político, al seleccionar candidatos propios del partido o en coalición. Sin embargo, esta facultad nunca ha sido otorgada plenamente a la militancia por temor a perder el control interno, lo que ha derivado históricamente en selecciones "a dedo" de candidatos.
Lecciones no aprendidas
En una democracia funcional, el resultado favorable de una consulta popular es vinculante y de obligatorio cumplimiento tanto para el Congreso de la República como para el gobierno nacional, constituyéndose en un mecanismo idóneo para contrarrestar la ineficacia institucional. Sin embargo, la ceguera política de los dirigentes partidistas les ha impedido percibir lecciones importantes, como la demostrada coherencia política del presidente Gustavo Petro.
Existe una preocupación genuina entre analistas de que esta falta de visión estratégica de los partidos tradicionales pueda conducir al país a cuatro años adicionales de gobiernos de izquierda, precisamente por la ausencia de una alternativa política sólida y coherente que pueda capturar la imaginación del electorado colombiano.
