Panorama electoral colombiano: incertidumbre y estrategias en la recta final
Elecciones Colombia: incertidumbre y estrategias en recta final

El peso de la coyuntura electoral en Colombia

El peso de la coyuntura política es tan significativo que resulta inevitable hablar de elecciones para no parecer ajeno a la realidad nacional. Aunque persiste cierta incertidumbre en el panorama electoral, esta es considerablemente menor que en la etapa previa a las consultas interpartidistas de marzo.

El efecto paradójico de la Gran Consulta

La llamada Gran Consulta generó un efecto paradójico: en lugar de reducir el número de candidatos viables, lo amplió considerablemente. Simultáneamente, abrió espacios políticos que parecían completamente dominados por el binomio conformado por Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.

De los nueve participantes en este proceso, solo emergió con fuerza una figura: Paloma Valencia. Sin embargo, y esto no es un detalle menor, el proceso dejó en cuidados intensivos a las candidaturas que tradicionalmente se han ubicado en el centro político, particularmente las de Claudia López y Sergio Fajardo.

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No puedo afirmar categóricamente que estas candidaturas estén muertas. Quien escribe tiene suficiente experiencia para evitar opiniones dogmáticas en estos asuntos, donde todo puede suceder. Pero sí es evidente que aquello que denominamos centro político ha quedado relegado y que su recuperación parece extremadamente difícil.

Reconfiguración del escenario político

Esta situación representa malas noticias para quienes hemos habitado ese espacio político, pero, por otro lado, contribuye a lograr una mayor claridad en el panorama. En resumen: hemos pasado de dos candidatos fijos a tres figuras altamente viables.

Con toda la carga que representa su pertenencia al Centro Democrático, Paloma Valencia abre puertas políticas. Puertas que pueden resultar negativas para algunos sectores, pero que representan un alivio para aquellos que no deseaban verse constreñidos por el binomio que se perfilaba como una réplica de lo ocurrido en las elecciones de 2022.

Predicciones en un terreno pantanoso

Adentrándonos en el tortuoso terreno de las predicciones políticas, considero que en este momento -con mucha campaña por delante- el triunfo de Iván Cepeda está supeditado a lograr una victoria en primera vuelta. De lo contrario, como ya han señalado varios analistas, podría repetirse en Colombia el camino que siguió Chile en procesos electorales recientes.

Es decir, podríamos presenciar una unificación de fuerzas hacia la derecha política que termine por impedir el triunfo del Pacto Histórico. Esta posibilidad constituye apenas una hipótesis entre muchas.

La verdadera pregunta estratégica

La gran interrogante no es esa. La verdadera pregunta gira en torno a lo que cada contrincante debe hacer en ese escenario, con el objetivo de reforzar su posición y captar votos entre aquellos que no constituyen su base electoral dura, entre los indecisos y entre quienes se muestran perplejos ante las opciones.

La jugada vicepresidencial de Iván Cepeda demostró, contra todo pronóstico, que en lugar de representar una apertura, envió un mensaje de solidificación de la izquierda política. Recientemente se ha mencionado que, una vez configurada su fórmula presidencial, ha comenzado a intentar recoger voces distintas al propio Pacto Histórico.

Su problema fundamental es que adelanta la campaña en medio de un silencio ensordecedor. Ha emitido algunas declaraciones en días recientes, pero continúa actuando como el sobresaliente espada de Gustavo Petro, quien constituye su verdadero y portentoso jefe de campaña.

Estrategias diferenciadas de los candidatos

Abelardo de la Espriella ha rechazado, al menos públicamente, adhesiones de políticos tradicionales. Hasta qué punto esta movida le resulta beneficiosa podría rememorar la experiencia de Rodolfo Hernández. Salvando las enormes distancias entre ambos personajes políticos.

Esta decisión podría interpretarse como osadía o como desesperación. Podría deberse a que intuye que el aluvión de apoyo que recibió de la derecha dura, en el momento en que se enfrentaba solo contra Cepeda, podría disolverse y que, por tanto, no vale la pena pagar el precio político de las fotografías con gamonales y barones tradicionales.

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Paloma Valencia en posición delicada

Paloma Valencia se encuentra en el filo de la navaja política, pues afronta tres campañas distintas de manera simultánea. La primera, que ya está concluyendo, fue el desafío de conformar la fórmula vicepresidencial.

El intercambio de posiciones encontradas en temas serios pudo haber resultado catastrófico. Por ahora, parece superado por varias razones: el Acuerdo del Colón no constituye un tema central de esta campaña. Los temas morales relacionados con cuestiones de género tampoco lo son.

Estos asuntos representan joyas vintage, relicarios de culto que conmueven profundamente a algunos sectores, pero hoy en día esos sectores son realmente muy reducidos. El ambiente de tolerancia ha permeado a las mayorías sociales, lo cual representa un desarrollo positivo.

La hábil jugada de la coalición

Contribuye a superar estas desavenencias la hábil jugada de bautizar como coalición lo que en realidad fue una discrepancia. Realmente no hubo una coalición en el sentido estricto del término, entendiendo como tal un ejercicio programático de cara al electorado, con compromisos claros y líneas rojas no ocultas.

No existió tal coalición, sino más bien un artificio electoral entre personajes cuya verdadera ligazón era el antipetrismo. Lo cual no resulta ilícito en términos políticos. Pero merece reconocimiento la creatividad de quienes inventaron sobre la marcha esta coalición y, con standing ovation, de quienes ahora hablan de gobernar desde la diferencia.

Estas declaraciones resultan dulces a nuestros oídos, pero la cúspide del poder ejecutivo no constituye el mejor territorio para estos ejercicios. Deben realizarse entre partidos, congresistas y, finalmente, en la conformación del gabinete ministerial.

Debilidades y fortalezas en el tablero político

La mayor debilidad de la Vicepresidencia radica en su carácter inveterado de desconfianza dentro del circuito del poder. No se debe jugar políticamente con este aspecto, como demuestra la historia desde los tiempos de Santander y Bolívar.

La segunda campaña de Paloma Valencia está dirigida a superar a Abelardo de la Espriella. Algunas encuestas muestran que este proceso ya está en marcha.

Y la tercera campaña, una vez constatado este hecho (si es posible constatar algo en política), consiste en abrir el compás hacia el centro político para que, o bien seduzca a algunos reticentes, o al menos les permita lavar su conciencia si deciden dar el volantín hacia el Centro Democrático.

Reflexiones finales sobre el proceso electoral

Puede que todos estos juegos de artificio político sean apenas especulaciones dominicales (y ahora sabatinas por decisión editorial). Puede que todo ocurra de manera más natural de lo previsto.

Puede que ese centro político, sin necesidad de empujarlo estratégicamente, simplemente se divida. Unos sectores podrían inclinarse hacia Cepeda y otros hacia Paloma Valencia (la posibilidad de que centristas alimenten la candidatura de Abelardo no la visualizo como probable).

¿Quiénes serán mayoría? Y una pregunta aún más audaz: ¿puede ocurrir que, si Cepeda no gana en primera vuelta, la masa de votantes contra el Pacto Histórico sea suficiente para triunfar, más allá de las savias nutricias del centro político?

Este escenario resultaría catastrófico no solo porque acallaría la voz del centro durante un largo período, sino porque tendríamos un gobierno con nocivos rasgos autocráticos. Y esto, porque se cumpliría el paradigma de los franceses, grandes cultores de la segunda vuelta electoral: en la primera vuelta se vota por amor y en la segunda por odio.