Siete rutas de turismo comunitario revelan la magia del Valle del Cauca
El departamento del Valle del Cauca se consolida como un destino turístico de experiencias auténticas a través de siete rutas comunitarias que integran historia, cultura y naturaleza. La iniciativa "Vive el Valle", impulsada por Enlaza y Comfenalco Valle Delagente, busca fortalecer la economía local y visibilizar la riqueza de las comunidades que habitan esta región diversa.
Una apuesta por el desarrollo sostenible
"Una de las apuestas más importantes de esta edición de Vive el Valle es apoyar el turismo comunitario", afirma Rodrigo Hernández, gerente del proyecto Refuerzo Suroccidental. "Este tipo de turismo permite que los emprendimientos locales ofrezcan sus servicios a precios justos y cuenten con el respaldo de grandes empresas para atraer más visitantes y generar un impacto económico positivo en sus regiones", explicó el directivo.
El programa conecta a los viajeros con experiencias que van más allá del turismo convencional, donde la tradición y el entorno se convierten en protagonistas. El Valle del Cauca, reconocido por su biodiversidad, ofrece ahora estas rutas cautivadoras tanto para turistas extranjeros como nacionales.
Las siete rutas que transforman el turismo regional
El Cerrito: Un paraíso cultural donde los sabores locales y la calidez de su gente se combinan con paisajes contemplativos. Los visitantes pueden recorrer la Hacienda PiedeChinche para conocer la historia de los trapiches en el museo de la Caña de Azúcar y disfrutar de refrescantes baños en los charcos del pomo.
Ginebra: Reconocida como un "jardín botánico y musical", esta localidad mezcla aventura y gastronomía alrededor del río en el sector Puente Piedra. Los turistas pueden apreciar la historia de los tesoros de María Luisa de la Espada y el Cacique Guacarí, además de disfrutar el ambiente de las antiguas casas coloniales.
Pradera: La "Ruta Kwet Wala Piedra Ancestral" conecta con la herencia indígena y la memoria de los pueblos originarios. La comunidad Kwet Wala invita a descubrir la sabiduría ancestral en la Piedra del Canadá, un lugar sagrado donde se puede armonizar cuerpo y emociones en contacto con la naturaleza.
Guacarí: Sorprende con la "Experiencia de la uva y el humedal Videles", un recorrido que une tradición agrícola con riqueza ambiental. En el corregimiento de Guabitas, los sabores locales se expresan a través de amasijos, mientras productos derivados de la uva y el cacao nutren el alma de los visitantes.
Palmira: Ofrece un viaje por la historia y cultura de una ciudad clave en el desarrollo del Valle. Desde la Antigua Estación del Ferrocarril hasta el Museo Arqueológico, se explora la grandeza de la cultura Malagana reflejada en obras, esculturas y rincones ancestrales.
Cartago: Se revela como "un sol bordado de historia", donde arquitectura, tradiciones y memoria colectiva se entrelazan. Conocida como la capital del bordado, enlaza culturas vallecaucana y cafetera. Los visitantes pueden admirar su arquitectura colonial, disfrutar vistas panorámicas desde el mirador Gaia y recorrer el museo Casa del Virrey.
Zarzal: Invita a descubrir la esencia montañera y creatividad de sus habitantes, quienes han hecho de la caña de azúcar y expresiones artísticas un sello distintivo. El arte y la historia se entrelazan en cada rincón de este municipio.
Impacto más allá del turismo
Estas siete rutas representan una transformación en la oferta turística del Valle del Cauca, priorizando el desarrollo económico local y la preservación cultural. El turismo comunitario se consolida como una estrategia para distribuir beneficios directamente entre las poblaciones, fortaleciendo identidades regionales y promoviendo prácticas sostenibles.
La diversidad de experiencias - desde lo ancestral en Pradera hasta lo agrícola en Guacarí - demuestra cómo el Valle del Cauca está redefiniendo su atractivo turístico, posicionándose como un destino donde cada visita contribuye al bienestar de las comunidades anfitrionas.