Diana Ojeda: la cineasta santandereana que transforma realidades con su mirada feminista
La santandereana Diana Ojeda ha encontrado en el cine una poderosa herramienta de transformación social que hoy la proyecta como una de las voces más relevantes del cine feminista colombiano. Su trayectoria, marcada por una profunda sensibilidad social y compromiso con los derechos humanos, demuestra cómo el arte cinematográfico puede convertirse en instrumento de cambio y memoria colectiva.
Los inicios: de la cámara al compromiso social
Antes de pensarse como cineasta profesional, Diana Ojeda ya observaba la realidad con una mirada socialmente comprometida. Inició estudios en Derecho, pero un regalo de su padre -una cámara Nikon y una videocámara Video 8- marcaría definitivamente su camino. Con estos dispositivos comenzó a acompañar procesos comunitarios en asentamientos de población desplazada en Girón, junto al grupo Sin Estrato.
"Empecé a ver el poder que tenía llevar una cámara a las comunidades y encontré una forma de expresar lo que veía de una manera que para mí fuera coherente", recuerda Ojeda sobre aquellos primeros acercamientos. Fue en ese contexto donde comprendió que la cámara podía convertirse en una herramienta poderosa de transformación social, no solo para registrar, sino para visibilizar realidades marginadas.
Del activismo audiovisual al cine de autor
Su descubrimiento inicial dio paso a una carrera formal en Artes Audiovisuales. En los años siguientes, recorrió el nororiente del país y La Guajira, donde realizó siete cortometrajes con el colectivo de abogados Luis Carlos Pérez, documentando la historia del desplazamiento forzado y el despojo de tierras. En 2013 dio un giro decisivo al fundar su productora Cine Latina, con la clara intención de narrar las realidades de las mujeres desde una mirada propia y feminista.
Ese mismo año, durante el paro agrario que sacudió al Catatumbo, organizaciones campesinas la contactaron para registrar audiovisualmente las movilizaciones. Aceptó el desafío y pasó cerca de un mes viviendo en la carretera, experiencia que culminó en el documental Los hijos del Catatumbo. Esta obra se convirtió en referencia política y pedagógica:
- Fue proyectada en el Congreso de la República
- Circuló en universidades de Colombia y Brasil
- Se utilizó como material de formación en derechos humanos en instituciones estatales
Consolidación internacional y reconocimientos
Su transición hacia el cine de autor se consolidó con obras como Pantaleón, un cortometraje de ficción que ofrece una lectura crítica y alegórica sobre el final de la Guerra de los Mil Días, logrando circulación en festivales internacionales. En 2016 migró a Estados Unidos para estudiar cine en California, y en 2020 ingresó a la maestría en cine de autor de la Universidad Estatal de San Francisco.
"Aterricé en el lugar al que pertenecía, sin siquiera planearlo", afirma Ojeda sobre este proceso formativo que la conectó con corrientes de cine documental latinoamericano y cine documental feminista, afinando definitivamente su lenguaje cinematográfico.
De esta etapa nació Las Bravas, su primer largometraje documental y proyecto que marcó un punto de inflexión en su carrera. La película recoge, desde una mirada feminista, las experiencias de violencia machista y resistencia de mujeres barristas del Atlético Bucaramanga. El proyecto alcanzó notable reconocimiento:
- Seleccionado entre los seis documentales destacados en Cannes Docs 2022
- Recibió estímulo de realización del Fondo de Desarrollo Cinematográfico (FDC)
- Le valió a Ojeda el Premio Princesa Grace en Cine en Estados Unidos (2022)
Legado y perspectiva actual
Hoy, además de dirigir, Diana Ojeda ejerce como maestra en cine y continúa desarrollando proyectos de ficción y documental con enfoque feminista. Sus trabajos prolongan esa línea donde lo íntimo se vuelve político y el cine se asume como espacio de disputa simbólica. Reconoce que su permanencia en el cine ha sido una forma de resistencia, encontrando redes de apoyo en otras mujeres del cine como Laura Mora, Polanco, Sasha Carboni y Marta Andreu.
"A mí me criaron como una mujer santandereana aguerrida. Digo lo que pienso, enfrento lo que toca enfrentar y no me dejo silenciar", afirma la directora. Desde esta posición formula el legado que quiere dejar en su región: demostrar que se puede ser mujer, directora de cine, fuerte, plena y exitosa; que la historia de la violencia no solo se hereda o queda en archivos, también se reescribe desde el arte.
Como le dijo alguna vez un colega, su cine no busca agradar: "tiene fuego". Un fuego que incomoda, remueve y vuelve a encender preguntas que muchos preferirían no mirar, consolidando a Diana Ojeda como una de las voces más potentes y necesarias del cine colombiano contemporáneo.