El cambio social requiere procesos difíciles dentro de las organizaciones privadas
El cambio social genuino exige transformaciones profundas y complejas al interior de las organizaciones privadas. Si bien las leyes y las sentencias de la Corte Constitucional son fundamentales, cuando las opresiones se repiten en la cotidianidad y existen incentivos para la complicidad en dinámicas dañinas, un país puede contar con normativas impecables y aun así mantener una sociedad hostil.
El caso Caracol: una muestra de voluntad y de silencios prolongados
La decisión tomada por el canal Caracol Televisión respecto a dos de sus presentadores más reconocidos, Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas, demuestra cierta voluntad de enfrentar un problema con raíces profundas. Sin embargo, estos mismos hechos revelan que durante años el silencio fue la norma, que numerosas mujeres sufrieron bajo la amenaza de ver sus carreras entorpecidas, y que aún estamos lejos de poder afirmar con orgullo que contamos con espacios laborales seguros y conscientes de las desigualdades históricas.
El acoso sexual en entornos laborales constituye siempre un crimen difícil de rastrear, como se ha discutido en múltiples ocasiones. Esto ocurre porque los comportamientos cuestionables suceden en espacios reducidos, donde solo están presentes víctima y victimario, y porque están mediados por desequilibrios de poder estructurales.
Las cifras alarmantes en el periodismo colombiano
Las denuncias difundidas en redes sociales bajo el hashtag "Yo te creo, colega" muestran cómo mujeres disciplinadas y talentosas se han enfrentado a la hostilidad de salas de redacción intoxicadas por el machismo y prácticas obsoletas. Para quienes dudan de estos testimonios, la investigación "Periodistas sin acoso: violencias machistas contra periodistas y comunicadoras", realizada por la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género y la Fundación Karisma en 2021, ofrece datos contundentes.
De 470 periodistas y comunicadoras consultadas, el 73,4% de las mujeres ha sido víctima de violencia psicológica en su ejercicio profesional, y el 67,1% ha sufrido acoso sexual. Estas cifras revelan una crisis en ebullición justo debajo de la superficie aparente de las organizaciones mediáticas.
Los protocolos y las limitaciones de las políticas internas
En El Espectador, como en otros medios, se han publicado múltiples denuncias de acoso, desde las realizadas por "Las Igualadas" hasta columnas de opinión que paralizaron al país, como la de Claudia Morales en 2018. No obstante, se reconoce que como espacio laboral también se han presentado casos de acoso, algunos denunciados y tramitados, y probablemente otros silenciados.
La existencia de protocolos para la denuncia segura de acoso sexual y políticas de tolerancia cero representa la vacuna para un problema que, en todos los casos, ocurre y sigue ocurriendo. Como escribió Fabiola Calvo en su columna para Colombia+20: "¿Por qué no han avanzado los medios para erradicar esta práctica machista? Porque los medios son reflejo de lo que socialmente vivimos".
Los desafíos incluso en espacios progresistas
La dificultad de estos procesos se manifiesta incluso en los movimientos más progresistas y supuestamente alineados con causas feministas. Recientemente, las ocho representantes del Pacto Histórico en la Cámara de Representantes pidieron que Hollman Morris, director de RTVC quien ha recibido testimonios de acoso en distintos casos, deje su cargo.
Mientras tanto, una experiodista de El Espectador, específicamente exeditora de la sección de Género, expresó públicamente su profundo descontento con la manera en que se tramitó una denuncia de acoso. Aunque el periódico mantiene que intentó hacer lo mejor posible con la información disponible, reconoce el sufrimiento causado y se compromete a trabajar para que situaciones similares no se repitan.
La independencia editorial y la responsabilidad compartida
Caracol Televisión y El Espectador forman parte del mismo grupo económico, pero operan con total independencia editorial. No se conocen los procesos internos del canal ni lo que falló durante tanto tiempo para percatarse de lo ocurrido. Contar al país lo sucedido y tomar acciones concretas representa un paso necesario en la dirección correcta.
Este es precisamente el tipo de acción que requiere el cambio social genuino: procesos difíciles, transparentes y sostenidos al interior de las organizaciones, más allá de las declaraciones públicas y los protocolos formales. La transformación cultural hacia espacios laborales seguros e igualitarios sigue siendo un camino arduo, pero indispensable para cualquier sociedad que aspire a la justicia y la dignidad para todas las personas.



