Cali celebra un hito histórico en su mercado laboral con el desempleo más bajo en dos décadas
La ciudad de Cali y su área metropolitana culminaron el año 2025 con un logro que puede calificarse sin duda como histórico: alcanzaron la tasa de desempleo más reducida de los últimos diecinueve años. Con un marcador del 7,3% en el trimestre octubre-diciembre y un promedio anual del 8,7%, la capital del Valle del Cauca no solo quebró una barrera que parecía estructuralmente inamovible, sino que se posicionó por debajo del promedio nacional y de la mayoría de las principales áreas metropolitanas de Colombia.
Dinamismo y crecimiento en el empleo caleño
El mercado laboral de la ciudad exhibió señales inequívocas de dinamismo y vigor. Aproximadamente 1,15 millones de personas se encontraban ocupadas al finalizar el año, lo que representa la creación de más de 47.500 nuevos puestos de trabajo en comparación con el mismo periodo de 2024. Sectores clave como el de alojamiento y servicios de comida, las actividades artísticas y recreativas, junto con la administración pública, fueron los principales motores de este crecimiento expansivo.
Además, Cali retornó a una tasa de ocupación del 60%, un nivel que no alcanzaba desde el año 2023, lo que evidencia una recuperación sólida y sostenida de la demanda laboral en la región.
Posicionamiento nacional y comparativas alentadoras
En el tablero nacional, Cali también mejoró significativamente su posición. La reducción de su tasa de desempleo fue más pronunciada que la registrada en varias de las principales ciudades del país, situándose solo por detrás de Bogotá. Incluso, de manera simbólica y por primera vez en casi tres años, la tasa de desempleo de Cali fue inferior a la de Medellín, marcando un punto de inflexión para una ciudad que históricamente había estado rezagada en los indicadores laborales.
Estos avances no son menores ni deben subestimarse. Durante años, el desempleo constituyó uno de los factores principales de frustración social y de presión económica en los hogares caleños. Un mayor número de trabajadores activos se traduce, en términos simples, en más ingresos familiares, un consumo más robusto y condiciones más favorables para la estabilidad social de la comunidad.
Los retos persistentes: informalidad y empleo juvenil
No obstante, el optimismo generado por estas cifras debe ser prudente y mesurado. El balance positivo coexiste con desafíos estructurales profundos que no pueden ser ignorados bajo ningún concepto. El primero y más urgente es el empleo juvenil. Aunque la tasa de desempleo entre jóvenes de 15 a 28 años se redujo de manera importante, sigue siendo elevada y superior al promedio nacional, así como al de ciudades como Bogotá, Medellín y Bucaramanga.
Otro desafío crítico es la persistente informalidad laboral. Casi el 48% de las personas ocupadas en Cali y su área metropolitana trabaja en condiciones informales. Si bien esta proporción es menor al promedio nacional, resulta alarmantemente alta en comparación con otras grandes ciudades y muestra una tendencia que no disminuye de manera significativa con el tiempo.
Crear empleo es fundamental, pero crear empleo de calidad lo es aún más. La informalidad limita severamente el acceso a la seguridad social, reduce la estabilidad de los ingresos de las familias y debilita la base productiva de la ciudad a largo plazo.
La necesidad de políticas públicas coherentes y sostenibles
Las buenas noticias de tener una tasa de desempleo de un solo dígito deben consolidarse y protegerse, ya que pueden resultar frágiles si no se respaldan con políticas públicas coherentes, un entorno favorable para la inversión privada y una estrategia clara de desarrollo económico. El crecimiento del empleo no puede depender únicamente de coyunturas favorables o del impulso temporal de sectores específicos; debe apoyarse firmemente en una diversificación productiva, en la formación continua de talento humano y en una articulación efectiva entre el sector público, el empresarial y la academia.
Cali ha demostrado de manera contundente que tiene la capacidad de mejorar su mercado laboral. Ahora el desafío primordial es no retroceder y mantener el rumbo. Consolidar esta tendencia positiva, cerrar las brechas del empleo juvenil y avanzar decididamente hacia trabajos más formales, estables y productivos será la verdadera prueba de fuego para la ciudad en los próximos años. El logro es real y tangible, pero el trabajo, como siempre, apenas comienza, especialmente en momentos en que algunos empresarios han cuestionado abiertamente el impacto del alza salarial en los procesos de contratación.