Joselito Carnaval: El rumbero eterno que simboliza el ciclo vital de la fiesta barranquillera
Joselito Carnaval: El símbolo que muere y revive cada año

Joselito Carnaval: El corazón palpitante de la fiesta barranquillera

El Carnaval de Barranquilla, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, no se sustenta únicamente en el retumbar de tambores, las cumbiambas vibrantes o los congos ancestrales. Su verdadera esencia reside en la tradición oral que da significado profundo a cada ritual, y entre todos sus personajes emblemáticos, destaca uno que encapsula el espíritu festivo: Joselito Carnaval, el rumbero eterno que "muere" cada martes para permitir que la ciudad retorne a la normalidad... hasta el próximo ciclo anual.

La leyenda del fiestero que desafió a la muerte

La historia más popular narra que Joselito era un fiestero empedernido que esperaba con ansias desbordante la llegada del Carnaval. Un sábado partió de su hogar dispuesto a celebrar sin límites, sumergiéndose en cuatro días de música, baile y licor. Cuando finalmente regresó el martes, apareció sin dinero, con resaca pronunciada y cubierto de maicena. Su ausencia prolongada hizo que esposa, familiares y amigos creyeran que había fallecido, organizando velorio y sepelio... hasta que el propio Joselito irrumpió tambaleándose, gritando la frase que hoy integra el imaginario colectivo: ¡No estaba muerto, andaba de parranda!

Otra versión asegura que, tras el exceso festivo, quedó inconsciente. Sus compañeros, convencidos de su deceso, lo colocaron en un ataúd. Al despertar dentro del cajón, no mostró arrepentimiento alguno, sino que continuó la rumba desde su peculiar lecho mortuorio.

Un personaje que trasciende fronteras caribeñas

Claudia Muñoz, de la Fundación Heriberto Fiorillo —creadora este año del evento La Resurrección de Joselito— explica que esta figura del rumbero que "muere y revive" no es exclusiva de Barranquilla. "Es un personaje que existe en todo el Caribe, tanto insular como continental", comenta. "Existen relatos de Joselitos que fueron enterrados y resucitaron milagrosamente, otros que regresaron a sus hogares encontrando rechazo de sus esposas, quienes se negaban a convivir con un 'muerto' redivivo".

La historia de Joselito Carnaval forma parte intrínseca de la tradición oral caribeña: exagerada en sus detalles, humorística en su esencia y profundamente simbólica en su significado. Representa el exceso temporal, la libertad efímera y el permiso colectivo para vivir sin restricciones... durante exactamente cuatro días de celebración desbordada.

El martes de Joselito: El sepelio que despide la fiesta

En la agenda oficial del Carnaval de Barranquilla, el martes está reservado para desfiles que simulan cortejos fúnebres. Las calles se inundan de "viudas" —reinas del Carnaval, hombres vestidos de negro, personajes satíricos— que lloran desconsoladamente a Joselito. Pero estas lágrimas no brotan por creerlo muerto realmente, sino porque su "entierro" simboliza el final definitivo de la fiesta.

Antes de que estos recorridos se institucionalizaran, el disfraz de Joselito era una expresión popular espontánea en los barrios. Rumberos se vestían como viudas, enfermeras, médicos y sacerdotes, recorriendo las casas solicitando dinero para el supuesto funeral. Esta práctica ingeniosa permitía recuperar parte de lo gastado durante la celebración, transformándose en un ritual colectivo que mezcla teatro callejero, sátira mordaz y tradición ancestral.

Inmortalizado en la música: Un himno carnavalero

El personaje también encontró eternidad en la música. La canción "Joselito Carnaval", compuesta en 1943 por el maestro Lucho Bermúdez, fue grabada inicialmente con su Orquesta Caribe en la voz de Manuel Povea. Años más tarde, en 1968, el maestro Pacho Galán presentó su propia versión con la interpretación magistral de Pepe Molina.

Pocho Pérez, vocalista de la agrupación, recuerda cómo esta pieza se convirtió en uno de los himnos tradicionales más representativos del Carnaval. La melodía acompaña cada martes de despedida, reforzando el carácter festivo del sepelio simbólico y conectando generaciones a través de sus notas contagiosas.

El ciclo perfecto: Nacimiento, muerte y resurrección anual

El Carnaval de Barranquilla constituye una explosión monumental de identidad cultural, economía creativa y memoria viva. Pero sin Joselito, la fiesta carecería de ese ciclo perfecto de inicio y final que le otorga significado profundo. Nadie sabe con certeza por dónde andará bailando durante estos días de "resurrección", pero lo seguro es que el martes reaparecerá, será llorado entre risas y exageraciones teatrales, y su entierro marcará el cierre ceremonial de la celebración más grande de Colombia.

Porque en Barranquilla, cada año, Joselito muere ritualmente... solo para volver a vivir con renovada energía en el próximo Carnaval, manteniendo viva la llama de una tradición que trasciende el tiempo y el espacio.