El fallecimiento de Sonia Bazanta Vides, conocida eternamente como Totó la Momposina, ha sumido a Colombia en una profunda nostalgia que invita a repasar los capítulos más dorados de su historia cultural. Entre la inmensidad de su legado, existe un hito imborrable que unió para siempre la literatura y el folclor nacional ante los ojos del mundo: el día en que la cantadora caribeña acompañó a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura en Suecia, en diciembre de 1982.
La partida de una leyenda
La partida de la leyenda del folclor este martes 19 de mayo de 2026 reabre las páginas de aquella gesta cultural. En ese entonces, rompiendo con la estricta y sobria etiqueta de la Academia Sueca, “Gabo” se negó a vestir el tradicional frac y optó por un liquiliqui blanco. Pero su revolución no fue solo de vestuario; el escritor quería que Estocolmo entendiera de dónde venía el realismo mágico de sus páginas, y para ello, conformó una delegación de más de 60 músicos y bailarines colombianos.
El viaje hacia Estocolmo
Con ese fin, se embarcaron en un avión de Avianca grandes figuras como el compositor Rafael Escalona, íntimo amigo del Nobel; el conjunto vallenato de los hermanos Poncho y Emiliano Zuleta; Leonor González Mina, “La Negra Grande de Colombia”, y, por supuesto, la imponente Totó la Momposina. El viaje hacia el Viejo Continente duró 22 horas, con escalas en Puerto Rico y Madrid, y se convirtió, sobre todo, en una auténtica fiesta en las alturas.
Un estallido de color y arte en el frío europeo
La estrategia cultural fue redonda. El entonces presidente Belisario Betancur mandó una muestra del Museo del Oro y otra de arte contemporáneo con pinturas de Alejandro Obregón, Fernando Botero y Eduardo Ramírez Villamizar, lo que dejó “flipando” a los suecos.
Sin embargo, el clímax de la celebración ocurrió durante el banquete real en honor al Nobel. Ante el pasmo y el asombro de la realeza europea, por las inmensas escaleras del recinto bajaron más de un centenar de mujeres luciendo sus amplias faldas cumbiamberas, acompañadas por el sonar de las maracas, los acordeones y los tambores liderados por Totó. El momento fue de una belleza inconmensurable, al punto de romper todo protocolo cuando la reina Silvia de Suecia, contagiada por el ritmo caribeño, empezó a aplaudir con entusiasmo.
Un hito que cambió la historia
Para testigos de la época como Víctor Mallarino, este acontecimiento y el galardón a García Márquez cambiaron para siempre la perspectiva internacional sobre nuestra cultura. La literatura latinoamericana dejó de ser un asunto local y se transformó en un fenómeno que despertó el interés profundo de europeos, estadounidenses y asiáticos.
Hoy, cuando Colombia despide a su cantadora mayor, el recuerdo de Estocolmo 1982 adquiere un valor sagrado. Totó demostró en la cumbre de la literatura mundial que el folclor de los pueblos ribereños tenía la misma dignidad, altura y valor artístico que la música clásica europea. Su cuerpo será trasladado a Bogotá el próximo 27 de mayo para recibir honores en el Capitolio Nacional, un escenario imponente que se rendirá ante el eco eterno de sus tambores.



