Judas Iscariote: ¿El apóstol más incomprendido de la historia bíblica?
En una encuesta realizada durante la Semana Santa sobre la imagen negativa de los apóstoles, Judas Iscariote ocupó el primer puesto, seguido por Pedro y Tomás. Mientras que a Judas se le recuerda como el traidor por excelencia, a Pedro por negar a Jesús tres veces y a Tomás por dudar de la resurrección, es el desprestigio de Judas el que ha perdurado con mayor fuerza en la conciencia colectiva.
La injusticia histórica contra Judas
Según una perspectiva satírica presentada por Mario Chorlito, la inquina hacia Judas es profundamente injusta. Se argumenta que fue el apóstol que sacrificó su buen nombre y reputación para salvar a la humanidad, actuando bajo las órdenes directas de Jesús. El relato sugiere que Jesús mismo le pidió a Judas que lo traicionara para cumplir la voluntad divina, aunque Judas inicialmente se resistió, alegando su integridad personal.
Una clave humorística para entender la reticencia de Judas radica en su afición al licor: Judas era muy inclinado al vino y temía perder al amigo que podía convertir el agua en esta bebida. Jesús, enfrentando acusaciones de adulterar el agua y distribuir vino sin estampillar por parte de Herodes, consideraba abandonar este milagro. En un intento por compensar a Judas, Jesús le enseñó a convertir el agua en vino, pero el discípulo solo logró producir Cabernet Sauvignon y Tempranillo, sin alcanzar variedades como Merlot o Malbec.
El sacrificio y la traición
Judas finalmente aceptó a regañadientes su misión, dirigiéndose a los escribas y fariseos para ofrecerles a Jesús. En un intercambio cómico, Caifás pidió una descripción, a lo que Judas respondió que Jesús era barbudo, peludo, con ojos celestes y nariz de judío, muy parecido a Mel Gibson. El negocio se tasó en 30 monedas netas, pero cuando Judas presenció la humillación y tortura de su maestro, se arrepintió profundamente.
Devolvió las monedas, guardando solo una para comprar una soga, pero los mercaderes del templo, al enterarse de que Judas tenía dinero, le cobraron precios exorbitantes. Tras un regateo, consiguió una cuerda china de baja calidad que no soportó su peso, rompiéndose y causando su muerte trágica. Judas no era malvado, sino el discípulo que más amaba a Jesús, dispuesto a arruinar su hoja de vida para ayudar al Mesías a cumplir su destino glorioso.
Reivindicación y paralelos políticos
El texto plantea que es hora de reivindicar el nombre de Judas Iscariote, cuestionando si alguien bautizaría a su hijo Judas o, al menos, Judas de Jesús. Este análisis se extiende a la política colombiana, donde algunos defienden la traición cuando busca fines nobles, citando ejemplos como Juan Manuel Santos traicionando a Álvaro Uribe. Surge la pregunta: ¿Cepeda traicionará a Petro?
En un tono más amplio, el artículo reflexiona sobre cuándo podremos celebrar la resurrección de Gaza, mezclando temas religiosos con conflictos contemporáneos. Finalmente, se promueve el humor político como un alivio ante la campaña electoral estresante, anunciando el espectáculo "Reír y Votar, cómo alegar de política en familia" de Tola y Maruja en el Mero Bar de Medellín.



