La migración en América se reconfigura: nuevos destinos y políticas bajo la era Trump
Las medidas impuestas por la administración de Donald Trump han marcado un punto de inflexión en los flujos migratorios del continente americano, reconfigurando rutas, destinos y políticas públicas en múltiples naciones. Lo que antes era un camino casi exclusivo hacia Estados Unidos, ahora presenta alternativas forzadas y complejas que están transformando la geografía humana de la región.
El contraflujo migratorio y sus efectos inmediatos
Las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), realizadas a plena luz del día contra personas con estado migratorio irregular, junto con las deportaciones masivas a Centroamérica, han generado un fenómeno conocido como "contraflujo migratorio". Este cambio radical en las dinámicas migratorias ha evidenciado cómo se está reconfigurando el continente en tiempo real, especialmente para aquellos que, tras ser expulsados de territorio estadounidense, buscan desesperadamente un lugar donde reconstruir sus vidas.
Según analistas consultados, esta transformación no es casual sino resultado directo de las políticas implementadas por la Casa Blanca, que han priorizado la seguridad interna sobre consideraciones humanitarias, generando lo que algunos expertos denominan "criminalización de la migración".
Nuevos destinos: de países de tránsito a lugares de permanencia
Uno de los cambios más significativos ha sido la transformación de naciones que tradicionalmente servían como puntos de tránsito hacia el norte en destinos de permanencia forzada. Guatemala, Costa Rica, República Dominicana y Panamá han comenzado a recibir vuelos procedentes de Estados Unidos con cientos de personas deportadas en su interior.
El caso más representativo es El Salvador, donde el gobierno de Nayib Bukele ofreció el Centro de Confinamiento al Terrorismo (Cecot) -la megacárcel construida para recluir a integrantes de bandas criminales- como lugar para albergar a población expulsada. Este acuerdo, según reportes, incluiría un pago de 20.000 dólares anuales por persona por parte de Estados Unidos.
"El Salvador ha sido uno de los socios principales en materia de externalización de control y judicialización migratoria", explica María Clara Robayo, investigadora del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, quien añade que organizaciones como Human Rights Watch han documentado violaciones sistemáticas a los derechos humanos de estos inmigrantes en el Cecot.
Cambio semántico: de refugiados a migrantes
Mario Urueña, profesor de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario, señala un elemento crucial en esta transformación: el cambio en la terminología utilizada para describir a quienes abandonan sus países. "Se ha cambiado, semánticamente, la figura de asilo o refugio a la de simple migración, para poder realizar las deportaciones más fácilmente", afirma el académico.
Este cambio conceptual tiene profundas implicaciones, ya que muchas personas que deciden partir de sus países lo hacen motivadas por altos niveles de riesgo para sus vidas, condiciones que tradicionalmente calificarían para el estatus de refugiado. Sin embargo, bajo el nuevo paradigma, son tratados simplemente como migrantes irregulares, facilitando así su deportación.
Impacto en Sudamérica: Chile como caso paradigmático
La influencia de las políticas trumpistas se extiende más allá de Centroamérica. En Sudamérica, países como Chile han adoptado narrativas similares que priorizan la seguridad interna. "Vivimos en un periodo de varias campañas electorales. Hemos visto con preocupación que, en casos como el de Chile, el asunto migratorio estuvo muy presente en todos los discursos de los candidatos a la Presidencia", asegura Robayo.
En el país austral, el presidente José Antonio Kast ordenó recientemente frenar la regularización de 182.000 inmigrantes -medida impulsada por su predecesor Gabriel Boric- y anunció que presentará al Congreso dos proyectos de ley contra el ingreso de indocumentados. En Chile viven aproximadamente 337.000 extranjeros en situación irregular, principalmente venezolanos, pero también haitianos, peruanos y colombianos.
Colombia: entre receptor y país de tránsito
Según Lucas Gómez, exgerente de Fronteras en el gobierno de Iván Duque y actual miembro de Tent Partnership for Refugees, Colombia mantiene una relación compleja con las políticas migratorias de Trump. Por un lado, el país ha sido el mayor receptor de recursos estadounidenses para manejar la crisis migratoria venezolana; por otro, enfrenta desafíos con colombianos deportados desde territorio norteamericano.
Colombia ha desarrollado políticas reconocidas internacionalmente, como el Estatuto Temporal de Protección a Migrantes que permitió regularizar a más de 2,3 millones de personas hasta agosto de 2025. Sin embargo, expertos coinciden en señalar la falta de políticas públicas claras en el gobierno actual. "El gran desafío es que no existe un mecanismo regulatorio abierto en este momento que permita que esas personas que ingresan puedan instalarse en Colombia de manera regular", advierte Gómez.
María Clara Robayo destaca que Colombia ha experimentado un "despertar migratorio", pasando de ser un país que principalmente emigraba a convertirse en uno de los mayores receptores de migración en la región. No obstante, cuando se considera migración desde otros orígenes distintos a Venezuela, "generalmente Colombia se consolida como un país de tránsito y no tanto como uno receptor", señala Mario Urueña, citando el Tapón del Darién como ejemplo emblemático.
Perspectivas futuras y desafíos regionales
Los analistas prevén que la política de contención migratoria de Donald Trump se mantendrá durante lo que resta de su mandato, con consecuencias inmediatas en toda la región. "En espacios multilaterales ya no se habla del tema migratorio (...) Esos espacios de concertación regional para pensar y coordinar respuestas ante la migración se han visto gravemente afectados", lamenta Robayo.
Urueña advierte sobre los riesgos a largo plazo de las políticas de "mano dura": "Al principio estas soluciones parecen exitosas, pero en el largo plazo, por las violaciones a los derechos humanos terminan produciendo estallidos sociales". Mientras tanto, en ciudades estadounidenses, ciudadanos han comenzado a manifestarse en apoyo a los latinos perseguidos y deportados, mostrando que la polarización sobre este tema trasciende fronteras.
La reconfiguración migratoria en América representa así un desafío multidimensional que combina aspectos humanitarios, políticos, económicos y de seguridad, con millones de vidas en juego y respuestas nacionales que aún buscan equilibrio entre soberanía y derechos fundamentales.



