Cristina Rivera Garza: La escritura como puente para habitar otras realidades
Cristina Rivera Garza habla sobre escritura y desafíos femeninos

Cristina Rivera Garza: La escritura como ejercicio de empatía radical

La reconocida escritora mexicana Cristina Rivera Garza, ganadora del Premio Pulitzer de Memorias y Autobiografía 2024 por El invencible verano de Liliana, reflexiona sobre la esencia transformadora de la literatura y los desafíos que aún enfrentan las mujeres en el mundo literario.

El momento definitorio: "Soy escritora"

Hace veinte años, durante un taller de escritura binacional entre Tijuana y San Diego, Cristina Rivera Garza pronunció por primera vez con convicción las palabras que marcarían su identidad. Cuando agentes de inmigración detuvieron a su grupo por considerar sospechoso su constante cruce fronterizo como ejercicio literario, ella declaró con firmeza: "Soy escritora".

"No es una coincidencia que esa declaración sucediera en compañía. Era una urgencia", recuerda la autora, quien ya había obtenido el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por Nadie me verá llorar en 1999, pero aún dudaba en asumir plenamente su identidad como escritora.

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Los desafíos persistentes para las mujeres en la literatura

Rivera Garza señala que, aunque la situación ha evolucionado, "ser mujer escritora sigue siendo complicado, hay muchos obstáculos, pero ya no es la rareza de finales del siglo XX". La autora enfatiza que el reconocimiento como escritora surge con mayor naturalidad al compartir la práctica creativa con otros, creando comunidades literarias que validan y fortalecen la voz femenina.

La escritora se refirió críticamente a comentarios recientes del director del Fondo de Cultura Económica de México sobre la literatura escrita por mujeres: "Es un comentario de una gran torpeza sobre una cuestión muy delicada". Rivera Garza argumenta que es esencial participar en conversaciones sobre género con "lucidez, generosidad y sapiencia política", rechazando jerarquías literarias basadas en el género.

"Siempre he dicho que los que leemos por calidad literaria, leemos a mujeres y a hombres. Los que leen por cuestión de género, solo leen a hombres", afirma con contundencia.

El poder transformador de la escritura

Para la autora, "la gran virtud de la escritura es ese proverbial salto de ponerte en los zapatos de otros", una capacidad de encarnar otras experiencias que permite visualizar mundos alternativos. Esta perspectiva empática constituye, según Rivera Garza, la esencia más valiosa del acto literario.

La escritora celebra la naturaleza indomable de los libros: "Los libros se cierran, pero se siguen desenvolviendo, empiezan su propia historia, se van desenrollando y se transforman en otra cosa". Esta capacidad de trascender el texto original hacia conversaciones, adaptaciones teatrales o encuentros fortuitos representa para ella la vitalidad permanente de la literatura.

El futuro del libro en la era digital

Contrario a predicciones apocalípticas sobre la desaparición del libro físico, Rivera Garza observa un resurgimiento: "Estamos viendo que eso no es cierto, que regresa con gran fuerza, que nuestro énfasis en lo material lo está haciendo regresar más". La autora compara este fenómeno con el retorno del vinilo en la música, donde la materialidad adquiere nuevo valor en contraste con la perfección digital.

En su más reciente obra, Lo roto precede a lo entero (2025), Rivera Garza reúne 125 "infraensayos" provenientes de su antiguo blog, textos breves que documentan sus prácticas lectoras y procesos creativos. Estos escritos representan para la autora "el sedimento que se ha quedado con ella" a lo largo de su trayectoria.

Violencia, territorio y migración en su obra

En Terrestre, su otra publicación reciente, Rivera Garza explora la imposibilidad del viaje en contextos de violencia, particularmente en el marco de la guerra contra el narcotráfico. La autora señala cómo "el poder ha transformado la migración en un problema", promoviendo la cerrazón y petrificación de fronteras.

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Rivera Garza reflexiona sobre el acto de caminar como resistencia: "Vivimos en sociedades que nos mantienen en carros por largas horas y en situaciones inverosímiles. Por eso caminar, volver a tocar la superficie de la tierra con el pie, realmente parece una cosa inaudita". Esta reconexión con el territorio representa para ella una provocación a la imaginación y al deseo.

La juventud como apertura radical

La autora identifica en la juventud "esa radical apertura que es una generosidad y una atención sobre el mundo", una etapa caracterizada por la capacidad de considerar las grandes preguntas existenciales sin la presión inmediata del consumo o la ganancia material.

Para Rivera Garza, esta energía juvenil se manifiesta en "ese amor desinteresado, muy intuitivo, carnal y feroz" que define la amistad y la complicidad entre jóvenes, una fuerza que considera definitoria de esta etapa vital.

A través de su obra y reflexiones, Cristina Rivera Garza continúa explorando las intersecciones entre violencia de género, territorio, migración y memoria, consolidándose como una de las voces más lúcidas y necesarias de la literatura contemporánea en español.