De los barrios de Cartagena a los estudios de grabación: El viaje sonoro de Wilfrido Hincapié
La infancia de Wilfrido Hincapié Pinto transcurrió entre discos de vinilo que cruzaban océanos desde África hasta el Caribe colombiano y sistemas de sonido monumentales que hacían vibrar las calles de su ciudad natal. Desde muy pequeño, no se limitaba a escuchar música: estaba absorbiendo conocimientos profundos sobre notas musicales, armonías, composiciones y técnicas de grabación. Este entorno sería el caldo de cultivo perfecto para forjar una carrera excepcional en la producción musical colombiana.
Los inicios: Un legado familiar entre picós y champeta
Su historia no comenzó en una universidad prestigiosa ni en un estudio profesional. Nació en el corazón de su hogar, guiado por la mano experta de su padre, también llamado Wilfrido y conocido en los círculos musicales como Pilodisco. Esta figura fue fundamental en la circulación de música para la cultura picotera en Cartagena, vendiendo, distribuyendo y conectando sonidos que luego resonarían en los legendarios picós de la época.
"Llegaban discos africanos, reggae, salsa… de todo. Mi papá desde pequeño nos llevó a los estudios donde se hacía música africana y donde se comenzaron a grabar las primeras champetas, con Mr Black, Afinaito y Boogaloo", recuerda Hincapié. En ese mundo, la música era mucho más que entretenimiento: representaba un oficio respetable, una expresión cultural vibrante y una fuente de sustento familiar.
Formación académica y primeros pasos profesionales
Al terminar el bachillerato, Wilfrido enfrentó una realidad: en Cartagena no existía la carrera de ingeniería de sonido. Sin desanimarse, optó por lo más cercano a su pasión: ingeniería electrónica en la Universidad Tecnológica de Bolívar. "No era exactamente lo que quería, pero sí era el camino", explica sobre esa decisión formativa.
A principios de la década de 2000, mientras culminaba sus estudios, comenzó a adentrarse en el mundo práctico del sonido. En 2004, en sociedad con el profesor Néstor Simancas, montó su primer estudio en el sector de Villa Sandra, en Cartagena. Era una época de transición tecnológica crucial, donde la industria migraba de lo análogo a lo digital, aunque el acceso a equipos especializados seguía siendo un desafío.
Antes de este emprendimiento, ya había tenido un acercamiento fortuito al sonido en vivo, sustituyendo a un ingeniero ausente en una iglesia. "Yo comencé en una iglesia. No había sonidista y me tocó hacerlo. Un día no fue el ingeniero y me preguntaron si sabía manejar la consola… y yo dije que sí", relata sobre esos inicios humildes que marcarían su futuro.
Consolidación en Bogotá y reconocimientos internacionales
En 2008, Wilfrido dio un salto audaz: se trasladó a Bogotá sin tener trabajo asegurado, pero con una mochila cargada de experiencia. Su perseverancia lo llevó a una empresa de equipos de audio profesional, donde inició como ingeniero de soporte técnico especializado en sistemas de grabación.
Su talento pronto lo conectó con escenarios mayores. Trabajó con la empresa Sonido Vilar, participando en grabaciones con artistas como Totó la Momposina, Alberto Plaza y la Orquesta Sinfónica de Colombia. Posteriormente, su carrera se expandió hacia la televisión, vinculándose desde 2011 a producciones como 'Yo me llamo' y 'A otro nivel' como ingeniero de mezcla.
El reconocimiento internacional llegó en 2018, cuando el álbum 'Esto es vida' de Silvestre Dangond ganó el Latin Grammy, incluyendo a Wilfrido en el equipo premiado. "Tuve la oportunidad de trabajar en esa producción como ingeniero de mezcla al lado del ingeniero Francisco Castro, que ha sido como mi maestro. Fuimos a los Latin Grammy y recibimos la noticia ahí, en vivo", narra emocionado. Un segundo Latin Grammy llegaría con 'El último baile', también de Dangond, donde participó como ingeniero de grabación.
Conexión permanente con sus raíces cartageneras
A pesar de residir en Bogotá, Cartagena sigue siendo un pilar fundamental en su trabajo. Mantiene vínculos constantes con artistas de la escena local y participa activamente en producciones del Caribe colombiano. "Siempre estoy ligado a la música de Cartagena. Siempre tratamos de elevar la calidad de la champeta a otro estatus, preservando el concepto cartagenero", afirma con orgullo.
Ha colaborado con figuras como Mr. Black, Criss y Ronny, y DJ Dever, demostrando que su labor va más allá de lo técnico: es una forma de traducir culturas, conectar generaciones y dar continuidad a un legado que comenzó mucho antes que él, pero que ahora lleva también su sello distintivo.
En 2024, la Alcaldía de Cartagena lo condecoró como personaje destacado, cerrando un círculo que comenzó entre los barrios Blas de Lezo y Los Caracoles, y que hoy resuena en los estudios más prestigiosos del país. Su historia es testimonio de cómo el rigor profesional y el respeto por las raíces pueden construir puentes sonoros entre tradición e innovación.



