La Democracia Colombiana y su Vínculo Vital con las Artes y la Cultura
Democracia en Colombia: El Papel Crucial de las Artes y la Cultura

La Democracia y sus Compañeras Inseparables: Las Artes y la Cultura

Desde hace más de tres siglos, el concepto de democracia ha sido fundamental en los sistemas políticos de numerosas naciones. En aquellos lugares donde brilla por su ausencia, su falta se siente profundamente en medio de la violencia, la represión, la injusticia y la arbitrariedad, como se observa actualmente en países como Irán o Rusia. Por el contrario, en los territorios donde la democracia existe y goza de buena salud, siempre viene acompañada de aliadas de un valor incalculable: la cultura y las artes.

La Batalla Colombiana por un Vínculo Sólido

Para Colombia, este proceso ha significado un esfuerzo titánico y, a día de hoy, no se puede afirmar que la batalla por establecer un vínculo necesario entre la democracia, las artes y la cultura esté completamente ganada. Muchas figuras poderosas continúan menospreciando el valor de estas compañeras inseparables. Las puertas de sus instituciones permanecen cerradas o, en el mejor de los casos, apenas entreabiertas, permitiendo la entrada de un escaso aire fresco. Sin embargo, la vida y la salud de la democracia dependen directamente de que la cultura y las artes circulen con fuerza y libertad por toda la sociedad.

El Malpensante: Una Tribu de Lectores en el Siglo XXI

Durante los casi treinta años desde su fundación, la revista El Malpensante ha logrado conformar una auténtica tribu de lectores, individuos con la mente abierta y alerta que integran un conglomerado con un espíritu un tanto a la antigua. Dados sus intereses y líneas creativas, los malpensantes poseen un espíritu hipercontemporáneo, pero al mismo tiempo mantienen rasgos anticuados, como la creencia en el soporte de papel, en los libros impresos y en las reuniones presenciales. Esto no impide que participen activamente en múltiples eventos virtuales y naveguen extensamente por la red para mantenerse informados sobre lo que ocurre en el mundo.

La Tribu Malpensante es, sin duda, una tribu del siglo XXI. Como su nombre lo sugiere, llevan casi tres décadas dedicados a pensar de manera diferente e, incluso, a pensar mal. El público, que ha brindado su apoyo incondicional durante todo este tiempo, ha participado activamente en ampliar y componer "la manera malpensante" de relacionarse, a través de festivales, ediciones especiales, libros, talleres y una larga lista de actividades.

Optimismo Frente al Estado de la Cultura en Colombia

A pesar de los contratiempos, no es posible adoptar una postura pesimista respecto al estado de la cultura en Colombia. Resulta imposible creer que la intensiva inversión en educación realizada a lo largo de las décadas vaya a ser en vano. Es bien sabido que pertenecemos a una minoría, ojalá a "la inmensa minoría" que mencionaba el poeta Juan Ramón Jiménez y que sirvió de lema en Bogotá a una emisora radial muy recordada y hoy desaparecida.

La vida sin literatura es, por supuesto, posible. Cualquiera puede imaginar a los ricos magnates del mundo encerrados en sus cuevas de Alí Babá, contando monedas. Sin embargo, otra cosa muy distinta es que una vida así merezca la pena ser vivida, pues pronto demostrará ser más alharaquienta, más larga, más aburrida y con muchas menos aventuras.

La Escritura como Forma de Hallarse en el Mundo

Escribir constituye una forma de encontrarse a uno mismo en el mundo. El rastro que dejamos puede ser confuso o nítido. Existen textos —palabra que proviene del latín y significa "tejido"— burdos, que nos llevan a pensar en un costal deshilachado; otros, en cambio, parecen bellas confecciones de seda. A veces, las palabras salen en tropel, mientras que otras evocan un ballet perfectamente coreografiado.

En cualquier caso, las letras y las palabras están ahí, alegres o cansadas, listas para que alguien las ponga a bailar o las condene a trabajos forzados. Si no fuera por la escritura, no existiría la memoria colectiva, y todos nos veríamos condenados a aprender únicamente de las personas con las que nos cruzamos físicamente. La escritura, por el contrario, nos relaciona con un selecto grupo de extraños, amigos e incluso adversarios desconocidos que uno escoge y renueva según su propio placer.

Además, es fundamental reforzar la relación entre la escritura y la verdad, de la que, en última instancia, depende cualquier texto literario que aspire a perdurar y conmover.