Barranquilla conmemora este 21 de mayo el Día de la Afrocolombianidad con una agenda cultural y mensajes institucionales orientados al reconocimiento de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. La fecha, además, llega marcada por un lamentable hecho reciente que ha tenido fuerte resonancia en el país: la muerte de Totó la Momposina, una de las principales referentes de la música tradicional del Caribe colombiano.
Totó la Momposina: un legado que trasciende
El fallecimiento de la artista, confirmado el pasado 19 de mayo de 2026, a los 85 años, ha reactivado el debate sobre la vigencia del legado afro en la cultura nacional. Totó, nacida como Sonia Bazanta Vides, dedicó más de cinco décadas a preservar y difundir ritmos como la cumbia, el bullerengue, el mapalé y el porro, consolidándose como una de las máximas exponentes del folclor colombiano en escenarios internacionales. Su trayectoria no solo marcó la música, sino también procesos culturales en ciudades como Barranquilla, donde esas expresiones forman parte del ADN de eventos masivos como el Carnaval. Su repertorio y su trabajo con tamboras y cantos tradicionales han influido directamente en generaciones de agrupaciones y comparsas.
Una fecha con sentido histórico y cultural
En Colombia, el 21 de mayo se conmemora la abolición de la esclavitud, decretada en 1851, un hecho que marcó un punto de inflexión en la historia nacional. Desde 2001, la jornada fue institucionalizada como el Día de la Afrocolombianidad, con el propósito de reconocer los aportes de estas comunidades y visibilizar su papel en la construcción del país. Más allá del origen histórico, hoy la fecha se ha convertido en un espacio para destacar la influencia afro en ámbitos como la música, la gastronomía, la danza y la organización social. Ritmos como la cumbia, el bullerengue o el mapalé tienen su origen en procesos de resistencia cultural que hoy siguen vigentes.
Actividades y políticas en Barranquilla
En Barranquilla, la conmemoración se desarrolló con una programación que incluyó actividades académicas y expresiones culturales en la Fábrica de Cultura. La jornada contemplaba la participación de líderes comunitarios, muestras artísticas, conferencias y espacios de reconocimiento a portadores de tradición. De manera paralela, la administración distrital ha reiterado que mantiene en marcha políticas orientadas a fortalecer la inclusión y el desarrollo económico de estas comunidades. Entre las medidas se encuentra el Acuerdo Distrital 030 de 2025, que contempla la implementación de atención diferencial en servicios institucionales y el respaldo a emprendimientos vinculados a saberes ancestrales. Según lo planteado por el Distrito, estas iniciativas buscan consolidar unidades productivas relacionadas con la gastronomía, las artesanías, las prácticas culturales y otros oficios que hacen parte de la economía popular en sectores donde hay presencia histórica de población afrodescendiente.
Presencia territorial concreta
Más allá de la agenda oficial, el peso de la afrocolombianidad en Barranquilla se explica en su presencia territorial. Barrios como Barrio Abajo, Las Nieves, Nueva Colombia, El Bosque, San Felipe o Me Quejo han sido históricamente espacios de asentamiento de comunidades palenqueras y afrodescendientes. Según relatos comunitarios, estos procesos comenzaron desde las primeras décadas del siglo XX, cuando familias provenientes de San Basilio de Palenque llegaron a la ciudad a través del Canal del Dique y se establecieron progresivamente en distintos sectores. Desde esos territorios se consolidaron prácticas culturales que hoy forman parte de la identidad barranquillera. La música de tambor, las danzas tradicionales, la oralidad y la gastronomía no son expresiones aisladas, sino elementos que terminaron integrándose a espacios masivos como el Carnaval y a la vida cotidiana de la ciudad.
Reconocimiento institucional y cultura viva
En el marco de la fecha, entidades como la Policía Metropolitana de Barranquilla también han desarrollado actividades orientadas a promover mensajes de inclusión, respeto y reconocimiento de la diversidad étnica, en línea con su enfoque institucional. Sin embargo, más allá de estos espacios, el legado afro no se limita a una fecha en el calendario ni a una agenda oficial. Está presente en prácticas culturales que siguen vigentes y que forman parte de la identidad de la ciudad. La reciente muerte de Totó la Momposina refuerza esa lectura. Su figura sintetiza, en buena medida, lo que representa la afrocolombianidad en el Caribe. Su trabajo permitió que sonidos originados en contextos comunitarios llegaran a escenarios internacionales, manteniendo una conexión directa con sus raíces.
En ese sentido, la conmemoración del 21 de mayo en Barranquilla no ocurre en abstracto. Se cruza con una coyuntura que ha puesto nuevamente en el centro la discusión sobre el valor de las tradiciones afrocolombianas, su permanencia en el tiempo y su papel en la construcción cultural del país.



