Hace cinco años, al lanzar su libro Las fronteras y la guerra, Eduardo Pizarro caracterizó el bombardeo que en 2008 mató a Raúl Reyes como un parteaguas en la historia de esa guerrilla: fue el evento definitivo para la “derrota estratégica” que los llevaría a negociar la paz. Reyes ya era el máximo líder, pues Tirofijo estaba enfermo y moriría poco después. Esa “crisis de liderazgo” no la superaron; los nuevos jefes nunca tuvieron “arraigo profundo” en la guerrilla.
División interna y legado
Hubo entonces “un enfrentamiento entre Alfonso Cano y Timochenko, pupilos de Jacobo Arenas, contra ‘los hijos de Marulanda’, de corte militar, liderados por Iván Márquez y Jesús Santrich”, explicó Pizarro. El segundo murió, pero esa división se mantuvo y hoy, como en 2021, “tenemos a los discípulos de Arenas en Comunes y a los de Marulanda en la nueva Marquetalia”, disidencia de las FARC.
La Triple Frontera: un santuario criminal
Por décadas, la Triple Frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay ha sido un centro mundial del crimen organizado. Millones de turistas en las cataratas de Iguazú y un enorme mercado de carga impulsan el comercio. Ciudad del Este, fundada por Alfredo Stroessner en 1957 como zona franca, es un polo de desarrollo: con apenas el 5% de la población total, el comercio local supera el 30% del nacional.
Un quiebre definitivo fueron dos ataques terroristas antisemitas de Hezbolá en Buenos Aires planificados allí. La presencia de esta organización en la Triple Frontera se hizo evidente. La facilidad para blanquear dinero más la falta de autoridad la habían consagrado como lugar seguro para “descansar, recaudar fondos y evitar la persecución”. La zona era un santuario del terrorismo internacional.
Además, la presión sobre los primeros grandes narcos desplazó actividades ilegales desde Colombia. Allá se encontraban traficantes, insurgentes y terroristas con las FARC, cuya presencia empezó a sospecharse desde unas amenazas a la embajada estadounidense en 2001.
Indicios de las FARC en Paraguay
Otro indicio de las FARC en Paraguay fue Marquetalia, un barrio de invasión cerca de Asunción. En 1999, unas 40 hectáreas fueron ocupadas por 200 personas sin tierra. Dividieron lotes y construyeron viviendas con altísima organización, reglamento castrense, movilidad restringida, cobro de tributos y preparación para enfrentar desalojos. Medios locales señalaron que detrás estaba “la guerrilla de las FARC que exporta su revolución”.
En 2009 se conocieron comunicaciones entre el defensor del pueblo paraguayo y Raúl Reyes: “Camarada Raúl: el barrio está muy organizado… los acusan de tener comandantes farianos, entrenamiento y armas entregadas por las FARC. Un grupo de apoyo nuestro en Paraguay organizó una asociación con el nombre de Marquetalia, fueron reprimidos… algunos están presos, otros huyen”.
Gracias a esos archivos en el computador de Reyes también se supo que dos líderes del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) recibieron “en la selva colombiana entrenamiento de las FARC”. Posteriormente, la justicia internacional persiguió a Rodrigo Granda, sucesor como “canciller”, por participar en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas, hija de un expresidente paraguayo.
El EPP y el modelo FARC
El EPP no fue precursor del narcotráfico, pero sí lideró la intensificación del secuestro y el tránsito de la insurgencia hacia las drogas bajo tutela colombiana. En 2014, el director de la Secretaría Nacional Antidrogas aseveró que el EPP “va repitiendo a rajatabla el modelo FARC”: protección a la producción de marihuana y vínculos con el narcotráfico.
Disidencias y vínculos internacionales
Cuando Iván Márquez, jefe negociador por la guerrilla en La Habana, se declaró disidente, Santrich ya había celebrado su fuga acompañado por un joven con camiseta marcada ETA que generó protesta diplomática y disculpas de Timochenko, pero que nadie entendió bien. En 2021, al ser detenido en Madrid, el Pollo Carvajal, antiguo Director de Inteligencia Militar en Venezuela, reveló ante la Audiencia Nacional española los vínculos entre ETA y las FARC. Este poderoso capo y las agencias norteamericanas conocen lo que para casi cualquiera es bastante opaco.
En 2022 fue asesinado en Cartagena un fiscal paraguayo. Por el modus operandi se descartó la autoría intelectual de las disidencias; un implicado y condenado por el crimen fue atacado y murió en la cárcel de la Picota. De nuevo, nadie sabe quién ordenó esos asesinatos.
La Segunda Marquetalia: narcotráfico global
Lo poco que queda claro es que la segunda Marquetalia de Márquez no representó el retorno al robo de vacas, cerdos y gallinas de Tirofijo. Al contrario, fue un anunciado destape: los primeros disidentes farianos —Iván Mordisco, Gentil Duarte, John 40— de origen humilde y campesino, eran ya curtidos narcos mientras se dialogaba en La Habana. Negociaban con compradores extranjeros y actuaban en un mercado global. Al rechazar el Acuerdo de Paz mantuvieron la narrativa de la lucha por la tierra y la justicia social, pero estaban bien lejos de los futuros Comunes, políticos dogmáticos que, cual burócratas, buscaban hacer política y vivir del erario.



