Colombianos encabezan las bajas extranjeras en la guerra de Ucrania: salarios altos y fallas en reintegración militar explican su presencia
Cuatro años después del inicio de la invasión rusa a gran escala, la guerra en Ucrania ha dejado una huella inesperada en América Latina, particularmente en Colombia, con una creciente presencia de exmilitares en el frente de batalla que día a día se suman a la lista de muertos en este conflicto. Según estimaciones de un nuevo estudio publicado esta semana por el centro de pensamiento Atlantic Council, entre 300 y 550 colombianos han muerto en combate en Ucrania desde febrero de 2022. De acuerdo con el reporte, la colombiana es la nacionalidad extranjera con más bajas en las filas ucranianas, superando a estadounidenses, que figuran en segundo lugar con alrededor de 100 fallecidos.
Fallas estructurales en la reintegración de militares a la vida civil
El informe, titulado Por qué los veteranos colombianos se están marchando a la guerra en Ucrania, no solo analiza el fenómeno, sino que advierte sobre los riesgos de ignorarlo. Sostiene que no se trata simplemente de mercenarismo o afinidad ideológica con Kiev, sino del resultado de fallas estructurales en la transición de los militares colombianos a la vida civil y del auge de un mercado internacional de mano de obra militar que opera en zonas grises legales. Aunque no existen cifras oficiales consolidadas, el estudio calcula que aproximadamente el 25 por ciento de los combatientes extranjeros en las fuerzas terrestres de Ucrania, provenientes de 65 países, son colombianos.
Este creciente número de muertes expone las dificultades de la reintegración de los militares que, tras décadas de guerra interna en Colombia, quedaron con habilidades altamente especializadas, pero con pocas oportunidades económicas. Colombia produjo durante más de medio siglo un vasto contingente de soldados y suboficiales con experiencia en contrainsurgencia, operaciones especiales y combate irregular, muchos de los cuales se retiran a finales de sus treinta o comienzos de sus cuarenta años. El problema, señala el informe, es que los programas de transición a la vida civil existen en el papel, pero no están alineados con la realidad del mercado laboral.
Incentivos económicos: salarios altos en Ucrania frente a ingresos reducidos en Colombia
Un oficial de rango medio puede ganar en servicio activo cerca de cuatro millones de pesos mensuales (algo más de mil dólares), mientras que un soldado regular recibe alrededor de 400 dólares (cerca del millón y medio de pesos). Tras el retiro, esos ingresos suelen reducirse a la mitad. En contraste, Ucrania ofrece a los combatientes salarios que oscilan entre 3.000 y 5.000 dólares mensuales por operaciones en el frente, además de posibles bonos de firma de hasta 25.000 dólares y compensaciones por muerte en combate de hasta 350.000 dólares para las familias.
Ese diferencial económico es determinante. De acuerdo con otro reporte publicado por The Defense Post, Ucrania ha firmado contratos con aproximadamente 2.000 ciudadanos colombianos para cubrir vacíos críticos de personal casi cuatro años después del inicio de la guerra. Los colombianos representarían cerca del 40 por ciento de los combatientes extranjeros provenientes de América del Sur, y algunas brigadas han llegado a conformar unidades mayoritariamente hispanohablantes. El incentivo salarial es claro: mientras en Colombia el sueldo militar es una fracción de lo que ofrece Ucrania, en el frente europeo los combatientes extranjeros reciben la misma paga y beneficios que los soldados ucranianos.
Riesgos de criminalización y explotación por redes criminales
El gobierno del presidente Gustavo Petro ha respondido con un discurso crítico ante lo que denomina mercenarismo. La Cámara de Representantes aprobó en diciembre de 2025 la ratificación de la Convención de Naciones Unidas contra el reclutamiento de mercenarios de 1989. No obstante, el estudio subraya que los colombianos que sirven en la Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania o en unidades regulares del ejército no encajan jurídicamente en la definición clásica de mercenarios, pues reciben el mismo salario que los nacionales y forman parte formal de las fuerzas armadas de un Estado.
En ese sentido, el informe advierte que criminalizar ampliamente el fenómeno puede agravar el problema. Muchos de los veteranos que regresan lo hacen con traumas psicológicos, heridas físicas y estigmatización política, además de enfrentar eventuales investigaciones en su país. Asimismo, considera que ese vacío de reintegración podría ser aprovechado por redes criminales interesadas en reclutar personal con formación avanzada.
Propuestas de acción para Colombia
El estudio propone tres líneas de acción clave para abordar este desafío:
- Implementar de manera efectiva la Ley de Veteranos de 2019 en Colombia para crear verdaderas rutas de inserción laboral.
- Establecer un mecanismo interinstitucional que regule el mercado transnacional de combatientes y gestione las repatriaciones.
- Buscar que socios como Estados Unidos incorporen el componente de reintegración en sus programas de cooperación militar para evitar que el entrenamiento avanzado termine alimentando redes ilícitas.
En últimas, dice el reporte, se trata de un fenómeno que no se limita a Ucrania, pues veteranos colombianos también han sido reclutados por actores armados no estatales en otras regiones, lo que convierte el tema en un desafío de seguridad regional y global. La autora del estudio, Erin K. McFee, investigadora principal no residente del Atlantic Council, concluye con una clara advertencia: mientras no se resuelvan las fallas estructurales que empujan a estos excombatientes al exterior, las banderas colombianas seguirán multiplicándose en los memoriales de guerra lejanos.