El crimen organizado ejecuta plan meticuloso contra empresario arrocero en zona exclusiva de Bogotá
La violencia del crimen organizado volvió a manifestarse con crudeza en la capital colombiana con el asesinato del empresario del sector arrocero Gustavo Andrés Aponte Fonnegra y su escolta, Luis Gabriel Gutiérrez Garzón. El ataque ocurrió el pasado 11 de febrero en plena luz del día, a las afueras de un gimnasio ubicado en la exclusiva calle 85, zona frecuentada por altos ejecutivos y profesionales.
Plan ejecutado con precisión quirúrgica
Las cámaras de seguridad captaron la escena que revela la meticulosidad del operativo criminal. Las imágenes muestran cómo un sicario vestido formalmente seguía a la víctima principal, Gustavo Aponte, mientras caminaba de un lado a otro de la calle con un teléfono en mano. En el momento preciso en que Aponte se dirigía hacia un parqueadero, el atacante recibió una llamada, lo que sugiere una coordinación externa para indicar el instante exacto del ataque.
Según información de Noticias Caracol, al menos tres individuos participaron en el crimen:
- Un ejecutor directo que disparó a las afueras del gimnasio
- Un campanero que vigilaba los movimientos de las víctimas
- Un tercer cómplice encargado de la logística de escape
El perfil de la víctima: empresario exitoso y filántropo
Gustavo Andrés Aponte Fonnegra no era simplemente un empresario exitoso. Oriundo de Casanare, había consolidado una marca de arroz a nivel nacional y se había constituido como una figura relevante en la agroindustria colombiana. Pero su faceta empresarial no opacaba su compromiso social.
"Además era miembro principal de una fundación que apoya a niños vulnerables en Patio Bonito", confirmó el diario El Tiempo, destacando su labor filantrópica paralela a sus actividades comerciales.
La posible razón detrás del crimen según Néstor Morales
El periodista Néstor Morales, en su programa de Blu Radio, proporcionó detalles cruciales sobre el posible móvil del asesinato. Según su investigación periodística, el empresario habría sido asesinado "aparentemente porque su empresa, dedicada al sector del arroz, no pagó una vacuna, no pagó una extorsión".
Esta revelación apunta a la práctica criminal conocida como 'vacuna', un término utilizado para referirse a los pagos extorsivos que grupos del crimen organizado exigen a empresarios y comerciantes a cambio de 'protección' o para evitar ataques contra sus negocios y personas.
Las autoridades investigan la coordinación criminal
La narrativa transmitida por las imágenes de seguridad obliga a las autoridades a examinar minuciosamente si el sicario actuó solo o formaba parte de una estructura criminal más amplia. La precisión del ataque, ejecutado en una zona de alto tráfico y vigilancia, sugiere un nivel de planeación que supera la acción individual.
El caso ha generado alarma en la comunidad empresarial de Bogotá, particularmente entre aquellos que operan en sectores considerados vulnerables a las extorsiones por parte de grupos criminales organizados.
Mientras las autoridades continúan su investigación para identificar y capturar a los responsables materiales e intelectuales del doble homicidio, el crimen ha dejado en evidencia la persistente amenaza que representa el crimen organizado para la seguridad de los ciudadanos, incluso en las zonas más exclusivas de la capital colombiana.