Un mundo sin límites nucleares: China avanza mientras expira el tratado New Start
La semana del 5 de febrero de 2026 pasó desapercibida un hecho histórico: expiró sin mayor anuncio el tratado New Start, el último acuerdo vinculante de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. Por primera vez en más de medio siglo, las dos principales potencias nucleares del mundo operan sin límites formales a sus arsenales estratégicos, un vacío legal que preocupa profundamente a analistas internacionales.
El cambio en el equilibrio nuclear global
Cuando el New Start fue firmado en 2010, el panorama era radicalmente diferente. Rusia mantenía gran parte de su arsenal envejecido y China seguía una doctrina de disuasión mínima nuclear. Hoy, ese equilibrio ha cambiado sustancialmente, creando un escenario multipolar más complejo y potencialmente peligroso.
Rusia ha modernizado aproximadamente el 95% de sus fuerzas nucleares estratégicas en los últimos quince años, desarrollando nuevos sistemas intercontinentales que escapan a los límites del desaparecido tratado. Además, Moscú ha desplegado alrededor de 2000 armas nucleares tácticas de corto y mediano alcance, desmantelando en la práctica los compromisos asumidos en las Iniciativas Nucleares Presidenciales de 1991 y 1992.
El salto estratégico de China
Mientras tanto, China experimenta lo que el almirante Charles Richard, excomandante del Comando Estratégico de Estados Unidos, describió como un 'salto estratégico' sin precedentes. El crecimiento del arsenal nuclear chino no es meramente cuantitativo, sino profundamente cualitativo.
Las cifras son elocuentes:
- En 2012, China contaba con aproximadamente 240 ojivas nucleares
- Para 2023, la cifra se estima en cerca de 500 ojivas
- El Pentágono proyecta que superará las 1000 hacia 2030
- Podría alcanzar las 1500 ojivas en 2035
Como referencia, Estados Unidos posee actualmente alrededor de 3700 ojivas activas, aunque menos de la mitad se encuentran desplegadas operativamente.
China supera a Estados Unidos en capacidades clave
El cambio más significativo radica en las capacidades técnicas. China dispone hoy de más lanzadores terrestres de misiles balísticos intercontinentales y de alcance intermedio que Estados Unidos, según análisis recientes. Esta ventaja no solo amplía su capacidad de disuasión estratégica global, sino que fortalece considerablemente su poder de presión regional en Asia-Pacífico.
La administración Biden intentó iniciar conversaciones formales de control de armamentos con Pekín, pero la respuesta china fue clara y contundente: solo estaría dispuesta a negociar cuando su arsenal se aproximara más al de Washington y Moscú. Para las autoridades chinas, la transparencia y los mecanismos de verificación no representan instrumentos de confianza mutua, sino posibles vulnerabilidades estratégicas que deben evitarse.
Las repercusiones en América Latina
Quizás más preocupante para nuestra región es que, en Brasil, desde el año pasado, se ha empezado a discutir seriamente la posibilidad de que el gigante sudamericano desarrolle capacidades nucleares propias. Estas conversaciones surgen principalmente de las dudas sobre las garantías de seguridad de Washington y su reciente intervención en Venezuela.
El razonamiento brasileño sigue una lógica geopolítica clara: Washington decidió intervenir en Caracas para remover a un gobierno considerado ilegítimo, pero no ha tomado acciones similares contra Corea del Norte, un país que sí posee capacidades nucleares operativas. Esta diferencia de tratamiento evidencia el poder disuasorio que confieren las armas nucleares en el escenario internacional contemporáneo.
Aunque Brasil cuenta con dos reactores nucleares y ha desarrollado submarinos de ataque de propulsión nuclear armados convencionalmente, no existe evidencia concreta de que el país esté pensando seriamente en adquirir capacidades nucleares disuasorias. Sin embargo, como demuestran los ejemplos de China y Rusia, estas posturas pueden cambiar rápidamente según evolucionen las dinámicas de poder global.
La lógica anárquica del sistema internacional
Como sostiene el teórico John J. Mearsheimer en 'The Tragedy of Great Power Politics', en un sistema internacional anárquico —donde no existe una autoridad supranacional que imponga orden— los Estados buscan maximizar su poder relativo para garantizar su supervivencia. En un mundo crecientemente multipolar, donde ninguna potencia impone reglas claras y vinculantes, esta lógica se intensifica naturalmente.
La ausencia de acuerdos que limiten los arsenales nucleares se combina peligrosamente con el auge de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial aplicada a sistemas militares. La automatización de decisiones estratégicas y la integración de IA en sistemas de mando y control nuclear podrían reducir drásticamente los tiempos de respuesta y aumentar exponencialmente el riesgo de errores catastróficos con consecuencias globales.
Un llamado urgente a la acción internacional
Ante este escenario complejo, resulta imperativo reconstruir un consenso internacional sobre límites al armamento nuclear, al igual que establecer reglas claras para el uso militar de la inteligencia artificial. De lo contrario, la lógica de la disuasión nuclear podría transformarse en una dinámica de proliferación creciente, no solo entre las grandes potencias tradicionales, sino eventualmente en regiones hasta ahora relativamente estables como América Latina.
La historia contemporánea demuestra que la disuasión nuclear puede preservar periodos de paz relativa, pero también evidencia que la ausencia de reglas claras y mecanismos de verificación puede convertir la competencia estratégica en una espiral peligrosa difícil de controlar. El desafío para la comunidad internacional en los próximos años será monumental: crear nuevos marcos de cooperación en un contexto de creciente desconfianza y rivalidad entre potencias nucleares.



