La reforma a la salud en Colombia: ¿un debate basado en evidencia o en ideología?
Resolver un problema de salud pública requiere, en primer lugar, reconocerlo y llegar a un acuerdo democrático sobre su naturaleza, para luego construir soluciones participativas. No existen soluciones mágicas, y el actual debate sobre el sistema de salud colombiano podría servir como ejemplo de cómo aplicar principios democráticos y evidencia científica en busca del bienestar colectivo.
Diagnóstico y soluciones en el sistema de salud
Durante años, críticos del modelo establecido por la Ley 100 de 1993 han señalado un exceso en el diagnóstico de los problemas, acompañado de un déficit en la búsqueda de soluciones estructurales conjuntas. Se ha enfatizado el papel de los intereses de los actores involucrados, el ánimo de lucro, los incentivos perversos y las barreras de acceso, argumentos respaldados por opiniones fundamentadas y evidencia científica que confirma estos como problemas reales del sistema.
Múltiples gobiernos, de diversas corrientes políticas e ideológicas, coinciden en que el sistema de salud está en crisis, especialmente en términos financieros. Sin embargo, un diagnóstico que considere que todo está mal desde el inicio no parece adecuado, menos aún a la luz de un análisis sistemático de la información disponible, como lo haría un experto en metodología científica.
Evidencia científica y conclusiones académicas
Un grupo de académicos ha presentado en una columna un listado de hechos indignantes, respaldados por decisiones judiciales, que demuestran que no son meras opiniones. Estas situaciones, lamentablemente, han sido parte de la implementación del sistema de salud, causando sufrimiento innecesario y muertes evitables, mientras se desviaban recursos. No obstante, los profesores llegan a una conclusión que no se deriva directamente de sus argumentos: "hay evidencias suficientes de que el actual sistema de salud es un modelo fallido".
Con base en un conocimiento detallado de la evidencia científica generada a través de diversos análisis sobre el impacto del sistema, incluso dirigiendo investigaciones en el Observatorio Nacional de Salud del INS durante doce años, es un exabrupto afirmar que la evidencia es contundente en demostrar que el modelo actual es fallido. Esto significaría ignorar que, a pesar de sus problemas, el sistema ha tenido impactos positivos, y en un escenario contrafactual sin su implementación, habrían ocurrido más muertes y casos intolerables.
Discusión sobre mejoras y reformas
No es necesario instrumentalizar la evidencia científica para reiterar la necesidad de discutir cómo mejorar el sistema de salud actual, evitando que situaciones como las listadas por los académicos ocurran, ya sea por actores privados o públicos. Sin embargo, estos elementos no han estado presentes en la discusión sobre la propuesta e implementación, vía decreto, del nuevo modelo de salud del gobierno actual.
Este modelo parece sustentarse únicamente en la idea de que la solución a la corrupción, que ha dañado gravemente el sistema, es transferir recursos de manos de empresarios privados interesados en lucrarse, a servidores públicos probos de las regiones. Si bien existen funcionarios honestos, distamos mucho de ese ideal utópico.
El papel de la academia y los intereses en juego
No se puede caer en la inocencia de creer que la ciencia es neutra o que no hay intereses económicos que influyan en las decisiones políticas. Sobre la reforma al sistema de salud, hay muchos temas en los que la academia podría aportar a la discusión, más allá de hacer eco del discurso oficial. Un hecho diciente es el silencio cómplice de la academia ante la Ley 100, que buscaba acabar con la salud pública y el INS, mientras la actual administración ha avanzado más en esa dirección que los intereses oscuros de los privados.
Mientras el país enfrenta un nuevo pico de brote de fiebre amarilla, presentado como un éxito del nuevo sistema, y debería responder coordinadamente a un brote de sarampión, la directora del INS persigue a epidemiólogos que evidencian deficiencias en la respuesta. Afortunadamente, aún no hemos enfrentado otra pandemia, pero la situación exige una reflexión profunda y basada en datos.
