San Valentín y la presión invisible: cómo febrero afecta la salud mental de quienes están solos
San Valentín: cómo febrero afecta la salud mental de solteros

San Valentín y la presión invisible: cómo febrero afecta la salud mental de quienes están solos

Mientras febrero se consolida como el mes del amor romántico en vitrinas, redes sociales y campañas publicitarias, para una parte significativa de la población esta temporada no se vive como una celebración, sino como una fuente adicional de presión emocional. Detrás de los corazones, flores y mensajes idealizados, emerge un impacto menos visible pero profundo en la salud mental, especialmente entre quienes no están en una relación de pareja.

Las cifras que revelan la presión emocional

Un estudio de Plenty of Fish revela datos contundentes sobre esta realidad: el 51% de las personas solteras siente presión para ser romántica durante febrero. A esto se suma que el 43% experimenta presión por estar en una relación y el 41% percibe fuertes expectativas sociales asociadas específicamente al 14 de febrero. Las cifras reflejan que San Valentín no opera solo como una fecha comercial o simbólica, sino como un detonante emocional que intensifica comparaciones, inseguridades y juicios personales.

Según explica Mercedes Montoya, psicóloga y vocera de Adipa, estas fechas funcionan como un amplificador de procesos psicológicos preexistentes. "No es la fecha en sí la que genera malestar, sino la interpretación que cada persona hace de su realidad al vincularse en un contexto que refuerza constantemente mensajes sobre cómo debería verse el amor", señala la especialista. En ese sentido, el problema no reside en San Valentín como evento, sino en las narrativas sociales que lo rodean y en la forma en que estas interactúan con la experiencia individual.

Distorsiones cognitivas que se intensifican

Durante febrero, explica Montoya, tienden a intensificarse patrones de pensamiento conocidos como distorsiones cognitivas, que influyen directamente en la manera en que las personas evalúan su situación afectiva. Entre las más frecuentes se encuentran:

  • Pensamiento de "todo o nada": lleva a interpretar la ausencia de pareja como un fracaso personal completo.
  • Catastrofización: se manifiesta en la creencia de que nunca será posible construir una relación satisfactoria.
  • Razonamiento emocional: en el que el malestar se asume como prueba de que "algo está mal" con uno mismo.

Estos mecanismos no operan de forma superficial. "El cerebro no distingue entre un pensamiento y un hecho comprobado; responde a ese pensamiento como si fuera real, activando malestar emocional y conductas asociadas como la evitación o la rumiación", explica la vocera de Adipa. En la práctica, esto puede traducirse en ansiedad persistente, retraimiento social o una autoevaluación negativa sostenida en el tiempo.

El papel clave de las redes sociales

El entorno digital juega un papel fundamental en este escenario. Las redes sociales, especialmente en fechas como San Valentín, exponen a las personas a representaciones altamente seleccionadas de las relaciones ajenas. Imágenes de cenas perfectas, regalos elaborados y gestos románticos reiterados refuerzan la idea de que existe una única forma válida de vivir el amor.

"La comparación no se realiza entre experiencias equivalentes, sino entre la vida cotidiana propia y una versión filtrada de la experiencia de otros", advierte Montoya. Este contraste puede activar interpretaciones automáticas que afectan el estado de ánimo, aumentan la ansiedad relacional y debilitan la percepción de satisfacción con los vínculos personales.

Impacto más allá de las personas solteras

Pero el impacto de febrero no se limita a quienes están solteros. De acuerdo con la psicóloga, este mes también vuelve más visibles dinámicas relacionales poco saludables que durante el resto del año pueden pasar desapercibidas. Entre ellas se encuentran:

  1. Intentos de control en las relaciones
  2. Invalidación emocional
  3. Desbalances en el apoyo mutuo
  4. Dificultades para resolver conflictos

La presión por cumplir con expectativas románticas puede llevar a normalizar o minimizar estas señales, bajo la idea de que una relación debe ajustarse a ciertos estándares externos. Montoya subraya que una relación saludable no se define por la ausencia de dificultades, sino por la capacidad de afrontar los desacuerdos manteniendo el respeto, la confianza y la comunicación.

Una oportunidad para la reflexión

Lejos de ser únicamente una fecha de celebración, San Valentín puede convertirse en una oportunidad para la reflexión. La especialista plantea que este momento del año invita a revisar cómo nos vinculamos, qué expectativas depositamos en las relaciones y hasta qué punto permitimos que narrativas externas definan nuestro valor personal.

El bienestar emocional, concluye, no se mide por el estado civil ni por la validación social asociada a una fecha específica, sino por la calidad de los vínculos que se construyen, incluidos aquellos que cada persona mantiene consigo misma. Esta perspectiva ofrece una visión más equilibrada y saludable sobre las relaciones humanas, más allá de las presiones sociales del mes de febrero.