Durante la transición hacia la menopausia, muchas mujeres de mediana edad experimentan dolores articulares que pueden confundirse con artritis. Expertos de la Harvard Medical School, en una publicación reciente, aclaran que aunque ambas condiciones comparten síntomas, sus causas y manifestaciones clínicas son diferentes. Mientras la artritis implica inflamación y daño estructural, el síndrome musculoesquelético menopáusico está directamente relacionado con la disminución de los niveles de estrógenos. Identificar correctamente estas patologías es fundamental para que los médicos determinen un tratamiento adecuado, evitando intervenciones innecesarias y mejorando la calidad de vida de las pacientes.
Manifestaciones de la artritis y la artrosis
La artritis, específicamente la artrosis u osteoartritis, se caracteriza por procesos degenerativos o inflamatorios que afectan el cartílago y los tejidos articulares. Según Harvard, esta afección suele manifestarse con mayor frecuencia después de los 65 años, aunque puede aparecer desde los 40. Los síntomas principales incluyen dolor localizado, rigidez matutina e hinchazón en articulaciones específicas como manos, rodillas o caderas. Un signo distintivo es que el dolor tiende a intensificarse con la actividad física y mejora con el reposo. En etapas avanzadas, la artritis puede provocar deformidades visibles y una limitación significativa de la movilidad.
El impacto del descenso de estrógenos
A diferencia de la artritis, el síndrome musculoesquelético menopáusico tiene un origen hormonal. La disminución de estrógenos provoca dolores que suelen ser más generalizados y difusos, afectando varios músculos y articulaciones al mismo tiempo. Una clave para el diagnóstico es que este síndrome no presenta inflamación, enrojecimiento ni calor en las zonas afectadas. Además, suele acompañarse de otros síntomas propios de la perimenopausia, como sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño, dificultades cognitivas leves o cambios en el estado de ánimo.
Diagnóstico y abordaje terapéutico
Dado que ambas condiciones pueden coexistir, la evaluación de un profesional de la salud es indispensable. El diagnóstico se basa en la historia clínica, exámenes físicos y, en ocasiones, estudios de imagen o análisis de sangre para descartar otras patologías. El tratamiento para la artritis suele incluir antiinflamatorios no esteroideos, fisioterapia y cambios en el estilo de vida. En cambio, para el síndrome musculoesquelético menopáusico, los especialistas pueden considerar la terapia hormonal sustitutiva y medidas enfocadas en la salud ósea. Los expertos advierten sobre los riesgos del autodiagnóstico y subrayan que cada cuadro requiere un manejo médico diferenciado para preservar la autonomía funcional de la mujer.



