Cúrcuma y jengibre: la ciencia analiza sus beneficios para la salud cardiovascular y metabólica
Ciencia analiza beneficios de cúrcuma y jengibre para la salud

Cúrcuma y jengibre: ¿qué revelan los estudios científicos sobre sus propiedades?

El creciente interés por la alimentación saludable ha puesto bajo el microscopio científico a dos especias tradicionales asiáticas que han conquistado las cocinas occidentales: la cúrcuma y el jengibre. Investigaciones recientes analizan sistemáticamente las posibles propiedades beneficiosas de estas raíces, aunque los expertos advierten sobre las limitaciones metodológicas de muchos estudios.

El jengibre: más allá del sabor picante

Originario de los bosques tropicales del sur de Asia, el jengibre ha sido utilizado durante siglos tanto en la gastronomía como en la medicina tradicional para combatir náuseas, vómitos y diversos tipos de dolor. Su característico aroma se debe a compuestos como el zingibereno, el lineol y el geraniol, mientras que su sabor picante proviene principalmente del gingerol.

La ciencia ha identificado más de cien moléculas diferentes en esta raíz, incluyendo los shogaoles y la zingerona, pero el interés investigador se ha centrado especialmente en los gingeroles, a los que se atribuyen propiedades antioxidantes, antimicrobianas y antiinflamatorias.

Un metaestudio exhaustivo realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Seúl, que recopiló más de cien artículos académicos, sugiere que el jengibre podría contribuir significativamente a:

  • Aliviar náuseas y vómitos
  • Mejorar la función gastrointestinal
  • Reducir el dolor y la inflamación
  • Ejercer efectos protectores en síndromes metabólicos

Además, se observaron mejoras en marcadores asociados al riesgo de cáncer colorrectal y en diversos procesos inflamatorios. Sin embargo, los investigadores destacaron importantes limitaciones en muchos de los estudios analizados, incluyendo variaciones extremas en las dosis utilizadas (desde miligramos hasta varios gramos), muestras reducidas de participantes y falta de grupos de control adecuados.

La cúrcuma: el poder de la curcumina

Conocida también como azafrán de la India, la cúrcuma aporta un sabor terroso y ligeramente picante a los alimentos. Entre sus compuestos más estudiados se encuentran el zingibereno, la turmerona y, especialmente, la curcumina, sustancia que ha sido objeto de numerosas investigaciones científicas.

Diversos estudios han analizado los posibles efectos de la cúrcuma en la salud cardiovascular y en la neuroprotección. Algunas investigaciones han asociado su consumo con cambios positivos en el perfil lipídico en adultos con enfermedades metabólicas, efectos que podrían atribuirse tanto a la cúrcuma como a la turmerona.

Precauciones científicas necesarias

A pesar del entusiasmo generado por estas investigaciones, los científicos insisten en que la evidencia disponible sigue siendo limitada y no permite establecer conclusiones definitivas sobre los beneficios clínicos de estas especias. Las especias pueden definirse como partes de plantas ricas en compuestos aromáticos, moléculas que originalmente les permiten defenderse de hongos, bacterias e insectos, según explica National Geographic.

Algunas de estas sustancias resultan agradables para el consumo humano, lo que ha favorecido su incorporación en diversas tradiciones culinarias a lo largo de la historia. Además de aportar complejidad sensorial, regular la acidez y enriquecer el aroma de los platos, también se les han atribuido posibles beneficios para el organismo que ahora la ciencia intenta verificar con rigor metodológico.

La investigación científica contemporánea se ha centrado en analizar si estas propiedades tradicionalmente atribuidas tienen respaldo empírico sólido o si han sido sobredimensionadas por el entusiasmo popular. Dentro de este contexto crítico, tanto el jengibre como la cúrcuma se encuentran entre las especias más estudiadas en laboratorios de todo el mundo.