Bogotanos desamparados: peatones enfrentan alto riesgo en andenes invadidos por motos
Es lamentable observar y sufrir directamente cómo la calidad de vida de los habitantes de Bogotá se ha deteriorado significativamente en los últimos años. La situación ha alcanzado niveles críticos que afectan especialmente a quienes se desplazan a pie por la ciudad.
Una experiencia peatonal convertida en pesadilla
Para un caminante incansable, el simple acto de moverse a pie por Bogotá, que debería ser una actividad grata, estimulante y saludable, se ha transformado en una fuente constante de estrés y en una práctica de alto riesgo. La semana pasada, estuve a punto de ser atropellado nuevamente por un motociclista que invadió el andén por el que me desplazaba, un incidente que refleja la gravedad del problema.
Desde la perspectiva peatonal, la actual administración distrital presenta un desempeño estruendosamente deficiente en materia de movilidad. Aclaro que en las pasadas elecciones para alcalde voté por Carlos Fernando Galán, pero esto no impide reconocer las fallas evidentes en la gestión actual.
La invasión sistemática de los espacios peatonales
La ocupación ilegal de los andenes por motocicletas, bicicletas motorizadas, patinetas eléctricas y bicicletas de mensajeros de plataformas como Rappi está convirtiendo los espacios públicos bogotanos en un verdadero infierno para los transeúntes. A estas empresas de entrega no se les exige implementar protocolos adecuados para formar a sus repartidores en aspectos tan elementales como el respeto por los peatones y el cumplimiento de las normas de tránsito.
Los peatones, cuyos derechos en materia de movilidad deberían primar sobre cualquier tipo de vehículo, nos encontramos completamente desamparados en la capital colombiana. En mis frecuentes y extensas caminatas por la ciudad, nunca he presenciado un solo operativo para educar o multar a los motociclistas que invaden andenes o ciclorrutas. La situación empeora progresivamente sin que se observen acciones concretas de las autoridades.
Falta de presencia institucional y deterioro ambiental
Quizás el alcalde y los funcionarios de la Alcaldía deberían abandonar ocasionalmente sus vehículos oficiales y experimentar directamente la realidad de caminar por Bogotá. Solo así podrían dimensionar la magnitud real del problema que enfrentamos diariamente los peatones.
Durante estos recorridos, también sería evidente otra plaga que afecta a la ciudad: el vertimiento indiscriminado de basuras y lixiviados por parte de numerosos restaurantes en andenes y vías públicas, lo que agrava aún más las condiciones de movilidad y salubridad.
Déficit en cultura ciudadana y convivencia
El deterioro de la calidad de vida bogotana está directamente relacionado con otra área donde la actual administración presenta considerables deficiencias: la cultura ciudadana. Los esfuerzos institucionales para mejorar la convivencia y fomentar el respeto por el espacio público brillan por su ausencia.
Programas, campañas e iniciativas destinadas a promover comportamientos cívicos parecen haber desaparecido del panorama urbano, dejando a los ciudadanos sin herramientas para construir una sociedad más armónica.
Un llamado urgente a la acción
Aún existe tiempo para que esta administración emprenda acciones concretas en beneficio de los caminantes. Es imperativo promover un ambiente urbano más amable, hacer cumplir efectivamente las normas de tránsito y garantizar que los derechos de los peatones sean respetados y protegidos.
La movilidad peatonal segura no es un lujo, sino un derecho fundamental que requiere atención inmediata y soluciones efectivas por parte de las autoridades distritales.