Rusia advierte respuesta militar ante posible militarización occidental de Groenlandia
El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, ha emitido una severa advertencia a las naciones occidentales sobre las consecuencias de incrementar su presencia militar en Groenlandia. Durante una intervención ante legisladores rusos, el jefe de la diplomacia moscovita afirmó que su país implementará "contramedidas militares" si la isla ártica se convierte en una plataforma estratégica dirigida contra los intereses de Rusia.
Análisis ruso de despliegues extranjeros
Lavrov fue categórico al señalar que Rusia analizará minuciosamente cualquier despliegue militar extranjero en la región y responderá de manera proporcional si considera que dichas acciones ponen en riesgo su seguridad nacional en el Ártico. "En caso de que se desarrollen capacidades militares orientadas contra Rusia, nuestro gobierno adoptará medidas adecuadas, incluidas acciones de carácter técnico-militar", declaró el canciller.
Contexto de tensiones geopolíticas
Estas declaraciones se producen en medio de una escalada de tensiones que, entre finales de 2025 y comienzos de 2026, ha transformado a Groenlandia en uno de los focos más sensibles de las relaciones entre Estados Unidos y Europa. El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca marcó un punto de inflexión en esta disputa territorial.
Desde su llegada al poder, el mandatario estadounidense ha presionado activamente a Dinamarca para facilitar el control de Washington sobre la isla, describiéndola como un territorio "mal ubicado" pero de enorme valor estratégico. En sus intervenciones públicas iniciales sobre el tema, Trump evitó descartar el uso de la fuerza para impedir que Rusia o China ampliaran su influencia en la región.
Medidas de presión económica y respuesta europea
La administración Trump complementó sus declaraciones con medidas de presión económica concretas. En enero de 2026, la Casa Blanca anunció la imposición de aranceles del 25% a productos de la Unión Europea si Copenhague no accedía a negociar la venta de Groenlandia.
La respuesta europea no se hizo esperar:
- Dinamarca y otros ocho países miembros de la OTAN desplegaron tropas en territorio groenlandés
- El Parlamento Europeo suspendió acuerdos comerciales con Estados Unidos
- Se estableció una posición firme contra las pretensiones estadounidenses
Acuerdos en Davos y modelo de Bases Soberanas
El punto de inflexión diplomático ocurrió durante el Foro Económico Mundial en Davos, en enero de 2026. Allí, Trump sostuvo una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que permitió encauzar la crisis. De ese encuentro surgió un principio de acuerdo basado en tres componentes centrales:
- Compromiso de renunciar tanto al uso de la fuerza como a la aplicación de aranceles
- Creación de un modelo de "Bases Soberanas", similar al esquema británico en Chipre
- Instalación de un sistema antimisiles avanzado denominado Golden Dome
El modelo de Bases Soberanas permitiría a Estados Unidos obtener control sobre áreas militares específicas sin que Dinamarca pierda la titularidad formal del territorio, mientras que el sistema Golden Dome se complementaría con derechos preferenciales para compañías estadounidenses en la explotación de tierras raras.
Posición del gobierno autónomo groenlandés
El gobierno autónomo de Groenlandia ha dejado claro que cualquier decisión sobre el futuro de la isla debe contar con la aprobación de su población. Las autoridades locales subrayaron que no bastará con un acuerdo entre Copenhague, Washington o la OTAN, estableciendo así un requisito democrático fundamental para cualquier solución.
A ello se suma el complejo debate jurídico en Dinamarca, donde expertos constitucionales advierten que la implementación del modelo de bases soberanas implicaría modificar la Constitución danesa, lo que anticipa un proceso político complejo y prolongado.
Contexto nuclear y carrera armamentista
Este escenario de tensión coincide con otro factor que aumenta la incertidumbre internacional: la expiración del tratado New START, el último gran acuerdo de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. Este pacto establecía un límite de 1.550 ojivas nucleares desplegadas por cada país.
Moscú ha manifestado que respetará ese tope siempre que Washington haga lo propio, mientras que la administración Trump sostiene que el tratado fue "mal negociado" y que está siendo incumplido. La Casa Blanca ha planteado que cualquier nuevo acuerdo debería incluir a China, dado el crecimiento de su arsenal nuclear.
Rusia, por su parte, insiste en que si Beijing es incorporado, también deberían sumarse potencias nucleares aliadas de Estados Unidos, como Reino Unido y Francia. Por primera vez en décadas, no existe un instrumento internacional vigente que limite la expansión de los arsenales estratégicos, un panorama que ha reactivado el temor a una nueva carrera armamentista en un contexto geopolítico cada vez más volátil.
La advertencia de Lavrov sobre Groenlandia se enmarca así en un escenario global de creciente tensión militar y diplomática, donde las disputas territoriales se entrelazan con preocupaciones estratégicas sobre control nuclear y equilibrio de poder en regiones críticas como el Ártico.