Destitución de José Jerí en Perú: economía resiste pero crisis política profundiza incertidumbre electoral
A solo cuatro meses y una semana de haber asumido la presidencia de Perú, José Jerí fue destituido por el Congreso tras un juicio político relámpago donde se acumularon y votaron siete mociones de censura por "inconducta funcional y falta de idoneidad". Su mandato, que debía concluir en julio, tenía como principal objetivo garantizar la transparencia de las elecciones presidenciales y legislativas previstas para el próximo 12 de abril.
Un contexto de crisis institucional prolongada
La destitución de Jerí, aprobada con 75 votos a favor, 24 en contra y tres abstenciones, no puede entenderse de manera aislada. Este evento se inscribe en la profunda crisis institucional que atraviesa Perú desde 2016, caracterizada por el constante enfrentamiento entre un Parlamento atomizado y un Ejecutivo debilitado. Con esta medida, el político de 39 años se convirtió en el séptimo presidente peruano en diez años.
Jerí fue destituido mientras la fiscalía lo investigaba por dos casos de presunto tráfico de influencias. El primero involucra una reunión secreta con el empresario chino Zhihua Yang, quien mantiene negocios con el Estado peruano. Según los informes, el entonces presidente asistió al encuentro con el rostro cubierto, aunque posteriormente negó cualquier irregularidad.
La situación se complicó cuando medios peruanos revelaron que al menos cinco profesionales obtuvieron contratos en entidades públicas pocos días después de reunirse con Jerí. Algunas de estas visitas ocurrieron en días festivos y durante la noche, incluyendo un caso donde una persona permaneció en la sede presidencial toda la noche de Halloween.
Escándalos adicionales y reacciones políticas
Un tercer escándalo surgió cuando un nuevo testimonio vinculó al ahora exmandatario con una denuncia de violación previamente archivada por la Fiscalía. Aunque la investigación fue cerrada en agosto de 2025 por falta de pruebas, una jueza ordenó que Jerí se sometiera a terapia para tratar una presunta patología psicosexual, disposición que el exmandatario alegó nunca haber recibido.
Durante el debate de destitución, el legislador derechista Jorge Marticorena afirmó: "Ha decepcionado al congreso por los errores que ha cometido, el congreso se equivocó al elegirlo y podemos corregir el error". Por su parte, la izquierdista Susel Paredes declaró: "Este presidente no sirve, tenemos hartas cifras de sicariato y homicidios, las cifras no han bajado".
Las raíces de la inestabilidad peruana
Para Luis Solari, exprimer ministro de Perú, la inestabilidad se explica por la falta de preparación y solidez moral de muchos líderes políticos. "Son personas que llegan al poder y no tienen la capacidad de decir 'no' a actos inmorales, básicamente a actos de corrupción", señaló el también académico, quien añadió que el poco interés ciudadano en la política agrava el problema.
El analista político Augusto Álvarez apunta que la destitución de Jerí también está vinculada a intereses electorales. "Tener un nuevo relevo en la presidencia no resolverá nada de la profunda crisis institucional que vive el país. Los partidos que apresuran la destitución lo hacen porque creen que eso podría ayudarlos a obtener más votos en las elecciones del 12 de abril".
La figura constitucional que ha transformado la política peruana
La "vacancia por declaración de permanente incapacidad moral", prevista en el artículo 113 de la Constitución peruana, ha sido fundamental en la caída de varios mandatarios recientes. Esta figura, con raíces en la Constitución de 1839 y originalmente concebida para casos de "incapacidad mental o física grave", ha sido reinterpretada en los últimos años debido a la falta de precisión legal, convirtiéndose en un mecanismo político recurrente.
Perspectiva económica: estabilidad en medio del caos político
Desde el ámbito económico, Eduardo Ruiz, analista de Control Risks para la Región Andina, señala que la inestabilidad política no afecta significativamente la economía peruana. "El año pasado el PIB creció 3,23 por ciento, mientras que el de Colombia fue del 2,7 por ciento. Esto se mantiene en varios indicadores y se explica en parte por la independencia del Banco de la República, que ha logrado mantenerse al margen de la política".
Sin embargo, Ruiz advierte sobre la volatilidad electoral y la ausencia de un escenario claro. "Hoy no hay un candidato claro y la fragmentación es tan alta que el voto en blanco podría alcanzar hasta el 30 %. Esto dificulta anticipar el resultado de las elecciones".
Una década de inestabilidad presidencial
La inestabilidad actual tiene su punto de partida con Pedro Pablo Kuczynski, cuyo mandato concluyó en marzo de 2018 con una renuncia antes de aprobarse su vacancia. Le sucedió Martín Vizcarra, destituido en noviembre de 2020 bajo la figura de "incapacidad moral permanente". Manuel Merino renunció tras cinco días de protestas masivas, y Francisco Sagasti completó el período como presidente de transición.
En 2021, Pedro Castillo fue elegido presidente, pero su gobierno estuvo marcado por constantes choques con el Congreso y denuncias de corrupción. Su intento de disolver el Congreso en diciembre de 2022 precipitó su destitución y detención. Dina Boluarte, su vicepresidenta, asumió el poder hasta su salida en octubre de 2025, siendo reemplazada por José Jerí.
Los analistas coinciden en que la salida de Jerí no resuelve los problemas estructurales del país. La falta de liderazgo estable, la debilidad institucional y la fragmentación política mantienen a Perú en un ciclo de incertidumbre que parece no tener solución en el horizonte inmediato, especialmente con las elecciones de abril acercándose rápidamente.



