Lo que Marco Rubio no dijo en su intervención en Múnich
La reciente intervención del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich ha generado un intenso análisis por parte de expertos en relaciones internacionales. Su discurso, pronunciado hace dos semanas, representó un esfuerzo diplomático para reconstruir los puentes entre Europa y la Unión Americana, tras las continuas y controvertidas declaraciones del presidente Donald Trump sobre el futuro del viejo continente.
El contexto de tensiones transatlánticas
El discurso de Rubio se desarrolló en un momento particularmente delicado para las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados europeos. El presidente Trump había elevado considerablemente el tono de sus críticas durante su intervención ante la Organización de las Naciones Unidas, donde abogó por la restauración de la identidad occidental y sugirió que los graves problemas económicos europeos podrían quedar eclipsados por la amenaza más profunda de la desaparición de su civilización.
Posteriormente, la administración estadounidense presentó su Estrategia de Seguridad Nacional, un documento que establece como objetivo principal mantener a Estados Unidos como la nación más grande y exitosa de la historia de la humanidad. Este texto oficial cuestiona abiertamente la confiabilidad de algunos países europeos, argumentando que carecen de economías y fuerzas militares suficientemente sólidas.
Las tensiones se manifestaron también en el seno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y continuaron durante el Foro Económico Mundial en Davos, donde Trump advirtió sobre lo que consideraba políticas erróneas de los países europeos en materia de globalización, transición energética e inmigración, factores que, según su perspectiva, comprometerían la identidad de la civilización occidental.
La interpretación constructiva de Rubio
Frente a este panorama de fricciones diplomáticas, la intervención de Marco Rubio en Múnich representó un ejercicio de interpretación amable y constructiva de las diversas declaraciones realizadas por el presidente norteamericano. El secretario de Estado planteó su discurso sobre la base de los vínculos históricos e indisolubles que unen a Norteamérica con sus aliados europeos, formulando la pregunta fundamental sobre cuál es el verdadero valor que debe defenderse a través de esta asociación transatlántica.
La respuesta ofrecida por Rubio fue clara y conciliadora: el propósito y sentido de esta convergencia no se limita únicamente a la superioridad militar, sino que se extiende a la defensa de una civilización única, patrimonio exclusivo de Estados Unidos y Europa. Según su exposición, esta civilización representa valores culturales, espirituales, democráticos y humanísticos por los cuales vale la pena luchar y mantener la unidad.
Las omisiones significativas del discurso
Sin embargo, tan importante como analizar las palabras pronunciadas por el secretario de Estado es examinar cuidadosamente lo que decidió omitir durante su intervención. La disertación de Rubio excluyó deliberadamente toda referencia al expansionismo soviético y al conflicto en Ucrania, donde actualmente se está jugando la integridad territorial de esta nación y la estabilidad de sus vecinos.
Otra ausencia notable fue la falta de mención a los recursos de cooperación internacional que deberían destinarse para impulsar el desarrollo económico de los países más empobrecidos, una medida que podría contribuir significativamente a detener los flujos migratorios hacia Europa y Estados Unidos.
Quizás la omisión más significativa fue la completa exclusión de América Latina del discurso civilizatorio planteado por Rubio. La región pareció quedar fuera de la llamada civilización occidental tanto en la perspectiva norteamericana como en la europea, una postura que genera profundas preocupaciones entre los países situados al sur del Río Grande.
La referencia preocupante a Theodore Roosevelt
Un elemento particularmente inquietante del discurso de Rubio fue su referencia a Theodore Roosevelt como referente protagónico de la vida pública estadounidense. Esta alusión revive en la memoria histórica de América Latina la doctrina del Big Stick (Gran Garrote), formulada precisamente por Roosevelt, que establece el derecho de Estados Unidos a intervenir en cualquier país utilizando su inmenso poderío económico y militar cuando considere necesario defender o apuntalar sus propios intereses nacionales.
Esta referencia histórica, en el contexto actual de tensiones diplomáticas y redefinición de alianzas internacionales, sugiere una continuidad en la visión de política exterior que podría tener implicaciones significativas para las relaciones interamericanas y transatlánticas en los próximos años.