Alí Jamenei enfrenta su momento más crítico tras ataques de EE.UU. e Israel
Jamenei en crisis tras ataques de EE.UU. e Israel

La crisis existencial del líder supremo iraní

Alí Jamenei, el líder supremo de Irán, enfrenta actualmente el momento más delicado de sus más de tres décadas en el poder. A sus 86 años, el estratega que nunca dudó en recurrir a la represión para preservar el sistema teocrático se encuentra bajo una presión sin precedentes tras los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel este sábado.

La incertidumbre sobre su paradero

Mientras el régimen iraní insiste en que Jamenei está vivo y que el mando político-militar se mantiene "plenamente operativo", el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha afirmado públicamente que "hay indicios" de que el líder supremo podría haber muerto durante los bombardeos. Esta contradicción ha generado una profunda incertidumbre internacional sobre el verdadero estado del octogenario dirigente.

Jamenei, quien siempre luce el turbante negro de los "seyyed" -descendientes del profeta Mahoma- y una espesa barba blanca, construyó su liderazgo sobre su legitimidad religiosa. Sin embargo, los recientes eventos plantean un desafío directo a esta narrativa de poder invulnerable.

Un historial de represión y control

Desde que asumió el cargo en 1989 tras suceder al fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeiní, Jamenei ha sorteado decenas de crisis mediante un férreo control sobre los centros de poder político, religioso y militar. Durante su mandato reprimió con particular dureza varios movimientos de protesta:

  • La movilización estudiantil de 1999
  • Las masivas protestas de 2009 tras elecciones presidenciales controvertidas
  • La ola de contestación de 2019, detonada por aumentos en el precio de combustibles
  • El movimiento "Mujer, Vida, Libertad" de 2022, desencadenado por la muerte de Mahsa Amini

De activista a líder absoluto

La trayectoria de Jamenei es la de un hombre que pasó de ser un activista opositor al sah Reza Pahlavi -lo que le valió años de prisión en las décadas de 1960 y 1970- a convertirse en el líder absoluto de Irán. Su lealtad a Jomeiní fue recompensada tras la Revolución Islámica de 1979, cuando en 1980 asumió la dirección de las oraciones del viernes en Teherán, un cargo de gran peso simbólico.

Elegido presidente en 1981 tras el asesinato de Mohammad Alí Rajai, no era considerado inicialmente el sucesor natural de Jomeiní. Sin embargo, poco antes de morir, el fundador de la República Islámica apartó al entonces favorito, el ayatolá Hossein Montazeri, allanando el camino para que la Asamblea de Expertos designara a Jamenei como líder supremo.

Un liderazgo aislado y confrontacional

Desde entonces, Jamenei ha mantenido una línea ideológica de confrontación con lo que denomina el "Gran Satán" estadounidense y se ha negado sistemáticamente a reconocer a Israel. Siguiendo el ejemplo de Jomeiní, quien regresó del exilio en Francia durante la Revolución, Jamenei nunca ha salido de Irán desde que asumió el poder. Su último viaje conocido al extranjero fue en 1989, cuando aún era presidente, durante una visita oficial a Corea del Norte.

En los últimos años, sus apariciones públicas se habían vuelto cada vez más escasas, no se anunciaban con antelación ni se transmitían en directo, manteniéndose bajo estrictas medidas de seguridad que ahora adquieren una nueva dimensión tras los ataques.

Un desafío existencial para el régimen

Los bombardeos del sábado en territorio iraní, seguidos de la respuesta con misiles contra bases estadounidenses en la región, representan más que una crisis política o social: constituyen un desafío existencial para un régimen que, bajo el mando de Jamenei, enfrenta la prueba más delicada desde la guerra con Irak en la década de 1980.

La incertidumbre sobre el paradero y condición del líder supremo, combinada con las afirmaciones contradictorias de las partes involucradas, crea un escenario de máxima tensión que podría redefinir el futuro de Irán y su posición en el complejo tablero geopolítico de Medio Oriente.