En las últimas horas se conoció que el multimillonario indio Anant Ambani ofreció al Gobierno colombiano trasladar 80 hipopótamos a su centro de rescate de fauna Vantara, ubicado en el oeste de India. Sin embargo, la propuesta no puede concretarse por ahora, debido a que el Ministerio de Ambiente de Colombia no ha recibido respuesta oficial de las autoridades indias.
La oferta de Ambani
Anant Ambani, hijo del magnate Mukesh Ambani, declaró en un comunicado: “Estos ochenta hipopótamos no eligieron dónde nacieron, ni crearon las circunstancias a las que ahora se enfrentan. Son seres vivos y sensibles, y si tenemos la posibilidad de salvarlos mediante una solución segura y humana, tenemos la responsabilidad de intentarlo”.
La oferta se conoce luego de que el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Ambiente, anunciara un plan de eutanasia para 80 de estos animales, junto con un protocolo técnico que define cómo capturarlos, sedarlos y sacrificarlos.
La respuesta de Colombia
El Ministerio de Ambiente explicó que, aunque una de las alternativas para evitar la muerte de estos animales es su traslado a otros países, esa opción depende de que dichas naciones acepten formalmente la solicitud y otorguen los permisos correspondientes.
En ese sentido, el Ministerio elevó la solicitud a siete países, incluida India: Ecuador, Perú, Filipinas, México, República Dominicana y Sudáfrica. Todos dieron una respuesta negativa debido a barreras legales, técnicas y presupuestales.
México manifestó interés a través de un santuario privado para recibir hasta diez individuos, pero la autoridad ambiental del país señaló una restricción legal para la importación de especies exóticas invasoras. En Filipinas, el zoológico Global Zoo desistió en agosto de 2024 por los altos costos de transporte.
Sobre India, el Ministerio de Ambiente explicó que el contacto se realizó a través de los canales diplomáticos y que se logró comunicación con el Gobierno de ese país el pasado 9 de abril de 2026. Sin embargo, hasta el momento no se ha recibido ninguna respuesta.
El santuario Vantara
El refugio de especies de Anant Ambani, conocido como Vantara, ha estado en el centro de la controversia por denuncias de grupos animalistas que cuestionan tanto la legalidad en la adquisición de algunos ejemplares como las condiciones de su cuidado.
El centro, un megaproyecto de más de 1.400 hectáreas ubicado en Jamnagar, India, es presentado por la familia Ambani como un santuario de rehabilitación y conservación de fauna silvestre. Sin embargo, críticos lo han señalado como una especie de “colección privada de vanidad”.
En agosto de 2025, el Tribunal Supremo de India ordenó una evaluación independiente tras las denuncias por presuntas adquisiciones ilegales y posibles casos de maltrato animal. Un mes después, en septiembre, el alto tribunal archivó las acusaciones con base en los informes de un Equipo Especial de Investigación (SIT), que concluyó que las instalaciones cumplían con altos estándares de bienestar animal y con la normativa vigente.
Pese a esa decisión judicial, organismos internacionales y grupos como Mongabay han mantenido el escrutinio sobre Vantara, especialmente por la importación de especies incluidas en los Apéndices I y II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), al cuestionar si los permisos responden estrictamente a fines de conservación o si podrían facilitar el coleccionismo privado.
El protocolo de eutanasia
La eutanasia está definida en el protocolo del Ministerio como “el acto de inducir la muerte usando un método que ocasione una pérdida rápida e irreversible de la conciencia, con un mínimo de dolor y angustia para el animal”. Se contempla como medida de última instancia, aplicable solo cuando las alternativas no letales no resulten técnica, operativa o financieramente viables.
El protocolo contempla dos modalidades: química y física. En ambos casos, la intervención debe estar dirigida por un médico veterinario y ser autorizada previamente por la Autoridad Ambiental Regional correspondiente.
Eutanasia química
El procedimiento inicia con la instalación de un corral de estructura metálica cercano a los cuerpos de agua y núcleos poblacionales identificados, con un área mínima de 15 metros cuadrados por individuo. Durante varios días se distribuye cebo —zanahorias, repollo, lechuga, frutas, sal mineral y melaza— tanto fuera como dentro del corral, preferiblemente en horas vespertinas, dado que los hipopótamos presentan mayor actividad al caer la tarde.
Una vez el animal ingresa al corral y activa el mecanismo de cierre de la puerta, se procede a la inmovilización química mediante un rifle de dardos. El protocolo describe cinco opciones de combinaciones farmacológicas según el peso del individuo, que incluyen xilacina, ketamina, butorfanol, detomidina, azaperona y medetomidina. La selección queda a criterio del médico veterinario.
Transcurridos entre 10 y 20 minutos de la última inyección, el animal debe estar en sedación profunda y en posición de decúbito lateral. Entonces se establecen vías venosas y se profundiza el plano anestésico. El mecanismo de eutanasia química propiamente dicho puede realizarse con pentobarbital sódico en sobredosis por vía intravenosa, con clorhidrato de lidocaína administrado en el canal medular a través del orificio atlanto-occipital, o con sobredosis de agentes anestésicos, sedantes y analgésicos.
Eutanasia física
Cuando las condiciones logísticas o de acceso al territorio impidan el procedimiento químico, el equipo técnico puede recurrir al disparo por arma de fuego de largo alcance y alta potencia, con calibre 0,50 o 0,375. El proyectil debe impactar directamente en la cabeza del animal, detrás del hueso frontal ligeramente hacia la línea de los ojos en vista frontal, o detrás del hueso parietal en vista lateral. Esta operación solo puede realizarla personal con preparación y competencias certificadas.
Verificación, necropsia y disposición final
Una vez ejecutado el procedimiento, el personal debe verificar la muerte mediante la ausencia de movimientos respiratorios, ausencia de pulso o latidos cardíacos, pupilas dilatadas y fijas, y pérdida del reflejo corneal. Si existe alguna duda, el protocolo autoriza el uso de métodos físicos adicionales como el desangrado, únicamente sobre animales bajo anestesia profunda y con aprobación de la autoridad competente.
La necropsia, que debe realizarse en un plazo no mayor a 24 horas tras la muerte, es supervisada por médicos veterinarios expertos en fauna silvestre. El protocolo advierte que el hipopótamo es portador potencial de agentes zoonóticos como Leptospira spp., Brucella spp. y Bacillus anthracis, por lo que el personal debe usar overoles impermeables, doble guante, gafas de seguridad y mascarillas N95 o respiradores P100.
Para la disposición final de los cadáveres, el protocolo contempla dos alternativas: enterramiento sanitario y cremación. El enterramiento requiere fosas de cuatro a cinco metros de profundidad, alejadas de fuentes hídricas y con aguas subterráneas a más de ocho metros de profundidad. Antes de cubrir el cadáver con tierra, se recomienda perforar las cavidades torácica y abdominal para evitar la acumulación de gases, y cubrirlo con aproximadamente 200 kilogramos de cal apagada por individuo adulto. La incineración, por su parte, solo puede realizarse en hornos crematorios autorizados que operen a temperaturas superiores a 750 °C en la cámara de combustión y 900 °C en la cámara de poscombustión. En ningún caso se permite el aprovechamiento o consumo humano de los especímenes.



