Córdoba: Expertos revelan cómo evitar futuras inundaciones catastróficas
Claves para evitar nuevas inundaciones catastróficas en Córdoba

Córdoba enfrenta emergencia hídrica crítica con más de 120.000 afectados

La situación en el departamento de Córdoba alcanza niveles alarmantes tras semanas de intensas lluvias que han inundado aproximadamente el 80% del territorio. Según los reportes más recientes, 24 de los 30 municipios han sido golpeados por el desbordamiento de los ríos Sinú, San Jorge y Canaletes, dejando daños extensos en infraestructura, viviendas y cultivos.

Las cifras oficiales indican que más de 40.000 hectáreas permanecen bajo el agua, paralizando completamente las actividades agropecuarias en amplias zonas rurales. Cientos de familias han tenido que abandonar sus hogares mientras las autoridades mantienen activos los planes de emergencia ante la imposibilidad de drenar las aguas estancadas.

La raíz del problema: más allá de las hidroeléctricas

Jorge Escobar, director del Instituto Javeriano del Agua, señala que el debate público se ha centrado erróneamente en la operación de las hidroeléctricas, cuando el problema fundamental es estructural y de ordenamiento territorial. "Si uno mira el problema con perspectiva, el fondo del asunto es un problema de uso del suelo y alteración de ecosistemas naturales", explica el experto.

Escobar destaca que antes de las grandes intervenciones humanas, existía un sistema natural de regulación hídrica basado en las ciénagas. "Cuando el río Sinú se crecía, había una conexión permanente entre el río y las ciénagas. Esas geoformas amortiguaban el impacto y reducían la magnitud de las inundaciones", detalla.

La comparación reveladora: La Mojana vs. Valle del Sinú

Un ejemplo ilustrativo es la diferencia entre lo ocurrido en el valle del río Sinú y la región de La Mojana. "¿Por qué no se ha hablado de inundaciones en La Mojana, sabiendo que tanto el río Sinú como el río San Jorge nacen prácticamente en la misma zona?", plantea Escobar.

La respuesta, según el experto, radica en que el río San Jorge todavía conserva ciénagas funcionales que regulan naturalmente los excesos de agua. En contraste, el valle del Sinú perdió este mecanismo de regulación tras la construcción de la represa en los años cincuenta y la posterior ocupación de las zonas de transición.

El círculo vicioso de la intervención humana

La construcción del embalse alteró completamente la dinámica natural del río Sinú. "La lógica de almacenamiento para generación eléctrica cambió el comportamiento del río aguas abajo", explica Escobar. Esto generó un efecto dominó:

  • Las zonas que antes se inundaban periódicamente dejaron de hacerlo
  • La población expandió actividades productivas hacia áreas vulnerables
  • Se construyeron diques y jarillones que fragmentaron el paisaje
  • Las conexiones naturales entre ríos y ciénagas se bloquearon

"Cuando ocurre un evento extremo como el que acabamos de vivir —en el que en un solo día llovió lo que antes llovía en un mes—, el sistema colapsa", advierte el director del Instituto Javeriano del Agua.

Soluciones integrales para un problema complejo

Frente a este panorama, Escobar propone un enfoque de gestión integral del riesgo que combine múltiples estrategias:

  1. Revisión de las reglas de operación de las hidroeléctricas para incorporar criterios de gestión del riesgo
  2. Restauración de ecosistemas, especialmente la reconexión hidrológica de las ciénagas
  3. Fortalecimiento de sistemas de alerta temprana articulados con comunidades locales
  4. Planificación territorial que respete las dinámicas naturales de las cuencas
  5. Concertación permanente con las comunidades afectadas

"Las ciénagas no solo regulan el agua. Son fundamentales para la pesca, la agricultura y la economía local. Son la sala cuna de muchas especies de peces", destaca Escobar, subrayando la importancia multidimensional de estos ecosistemas.

Un llamado a la acción coordinada

El experto hace un llamado urgente a reconocer que la responsabilidad es compartida entre todos los actores: desde pequeños productores hasta autoridades nacionales. "Toda la infraestructura que se construya —sea para generación eléctrica, abastecimiento humano o cualquier otro fin— tiene que pensarse en términos de gestión del riesgo. Ese es el cambio de chip que necesitamos", concluye.

Con pronósticos que anticipan el inicio de la temporada habitual de lluvias en marzo y abril, la ventana para implementar medidas preventivas se reduce dramáticamente. La experiencia de Córdoba sirve como advertencia para todo el país sobre las consecuencias de alterar profundamente los ecosistemas que regulan naturalmente el agua.