Venezuela: Mirar al futuro requiere revisar sus tradiciones democráticas
En medio de la incertidumbre que persiste seis semanas después de la incursión estadounidense, el horizonte venezolano sigue sin definiciones claras. La pregunta sobre una posible transición democrática parece suspendida ante la confusión de eventos que tardarán en aclararse completamente. Para quienes estudian la historia con perspectiva, las grandes interrogantes exigen, quizás, el paso del tiempo para ser abordadas sin las presiones inmediatas de la coyuntura política actual.
Interrogantes sobre la encrucijada venezolana
¿Cómo llegó Venezuela a esta compleja encrucijada histórica? ¿Cómo explicar la perduración del régimen chavista, prolongado por Nicolás Maduro desde 1999, es decir, 27 años completos, casi tres décadas de continuidad en el poder? Estas preguntas adquieren mayor significado cuando se registra la experiencia democrática que vivió Venezuela desde 1958 y sus logros significativos que le permitieron, en algún momento histórico específico, destacarse en un continente dominado, con contadas excepciones, por gobiernos militares y autoritarios.
Es precisamente este contexto el que motiva una revisión profunda de textos históricos fundamentales. Dos obras resultan particularmente oportunas para este análisis: La crisis de la Venezuela contemporánea (1903-1992) y Rómulo Betancourt, político de nación, ambos escritos por Manuel Caballero (1931-2010), reconocido como uno de los historiadores más importantes de Venezuela dentro de su generación intelectual.
La perspectiva histórica de Manuel Caballero
Autor de una obra prolífica y diversa, Caballero desarrolló su tesis doctoral en la Universidad de Londres sobre la internacional comunista en Latinoamérica entre 1919 y 1943. Sin embargo, dedicó mayor atención académica a la historia política venezolana, destacándose especialmente por su biografía de Juan Vicente Gómez, El tirano liberal (1993), texto que se lee con la fluidez narrativa de una novela histórica.
Fue precisamente el pasado de la tiranía gomecista y su legado político, que muchos creían completamente superado, lo que motivaba buena parte de las reflexiones intelectuales de Caballero en aquellos textos fundamentales. En sus conclusiones sobre La crisis de la Venezuela contemporánea, publicado inicialmente un par de años antes del ascenso al poder de Hugo Chávez, Caballero sugería no ligar necesariamente la palabra "crisis" a "una situación catastrófica" inevitable.
Advertencias sobre ideas preconcebidas
El historiador advertía específicamente sobre la "inanidad" de ciertas "ideas recibidas" que resultaban difíciles de erradicar del imaginario colectivo:
- "Vivimos la crisis más grande de nuestra historia"
- "Este es un país tomado completamente por la violencia"
- "En este país se vivía considerablemente mejor antes"
- "Los partidos políticos invadieron la sociedad de manera excesiva"
- "Hemos perdido irremediablemente el siglo veinte"
En el prólogo a la tercera edición en 2003, cuando ya era evidente el nuevo rumbo político que Chávez imprimía a los destinos venezolanos, Caballero respondía a las críticas que recibió sobre el "optimismo" aparente de sus conclusiones históricas, advirtiendo que la historia se mueve constantemente con avances significativos y retrocesos temporales.
Betancourt y las conquistas democráticas
Su biografía sobre Rómulo Betancourt, publicada en 2004, representó una defensa intelectual contundente y bien documentada de las conquistas democráticas venezolanas que el nuevo régimen chavista tendía a ignorar sistemáticamente: los triunfos históricos contra la tiranía, el predominio claro del poder civil sobre la tutela militar tradicional. Para Caballero, Betancourt simbolizaba "el rechazo categórico a las soluciones de fuerza" y la "limitación efectiva del poder" -evitó cuidadosamente cualquier tentación de perpetuarse en la presidencia-.
Además, destacaba dos conquistas nada menores del Pacto de Punto Fijo: la masificación progresiva de la educación pública y de la salud social accesible, y el principio fundamental de "gobernar sobre la base de no aplastar al enemigo político, sino de entenderse constructivamente con el adversario".
Lecciones para el presente y futuro
Al observar detenidamente el panorama venezolano de las últimas décadas, muchos analistas se detendrán inevitablemente en su pasado autoritario más reciente. Sin embargo, para visualizar adecuadamente el porvenir político del país, quizá resulte igualmente útil y necesario repasar meticulosamente sus tradiciones democráticas más sólidas, aquellas que demostraron viabilidad histórica y logros sociales concretos durante períodos significativos de su desarrollo nacional.
La historia venezolana, como bien señalaba Caballero, no sigue una línea recta de progreso inevitable, sino que presenta avances y retrocesos que requieren comprensión contextual. Las tradiciones democráticas establecidas entre 1958 y los años previos al chavismo representan un capital político e institucional que merece ser reconsiderado en cualquier proyección futura para Venezuela.